Noelia lleva dos meses con la Organización Nacional de Ciegos y aún no tiene punto de venta propio, pero sueña con repartir algún buen pellizco en el sorteo del día 1 de enero mientras sustituye a un compañero
30 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Noelia Blanco Gómez es la alegría personificada y eso se nota no solo en la inmensa sonrisa y el buen humor con el que atiende a todos los que se acercan a comprar cupones de la ONCE, sino en cómo ha ambientado ese punto de venta, ubicado en la calle Juan XXIII de la capital ourensana. «La verdad es que me entusiasmé poniendo cosas», cuenta esta ourensana de 42 años que acaba de incorporarse a la organización. «Empecé en octubre y no tengo puesto propio. Por el momento estoy haciendo sustituciones», aclara señalando que el titular de la plaza está de baja y por tanto no sabe cuánto se quedará en ese lugar —antes ya estuvo en el parque de San Lázaro— pero que mientras esté mimará a la clientela de su compañero. Y adornar el puesto ha sido una manera de regalarles un poco de espíritu navideño.
Un orondo Papá Noel, dos muñecos que ha colocado a ambos lados y que sujetan el toldo, una gran guirnalda verde y luces navideñas componen la decoración que ha colocado. «A la gente le gusta y me lo comenta. Al principio tenía un poco de miedo de que igual a los jefes no les gustase la idea, pero cuando vi que otras compañeras también adornaban algo, me animé y me puse a ello como si fuera mi casa. Y reñir no me riñeron. Hasta vinieron a hacerme una foto», cuenta esta dicharachera exdependienta a la que una lesión de espalda la apartó del comercio tradicional. «A mí siempre me gustó estar al otro lado del mostrador. La mayor parte de mi vida trabajé en tiendas de moda, pero si lo piensas bien, al final, esto es lo mismo. Se trata de vender, solo que tiene algo especial, diferente, porque lo que recauda el cupón sirve para mucho, para mejorar la vida de mucha gente. Que me lo digan a mí», apunta.
Noelia confiesa que antes de encontrarse con su discapacidad no sabía mucho del funcionamiento de la Organización Nacional de Ciegos de España. «Es más, ni siquiera sabía que no solo hay personas con ceguera sino también con otros problemas, como es mi caso», narra. Pero además, vender el cupón la hace sentirse doblemente bien. «Eso de dar ilusión a la gente es algo muy especial. Yo aún no he repartido ningún gran premio, pero con cada pequeño me alegro un montón, como si son dos euros. Así que no sé cómo será cuando pueda dar algo mayor», cuenta. Ahora mismo explica que su sueño «sería que alguno de los compañeros de Ourense diéramos un premio en el sorteo extraordinario de Navidad».