Un año del derrumbe del muro en el Cisneros: «Fue una pesadilla»

Maite Rodríguez Vázquez
Maite rodríguez OURENSE / LA VOZ

OURENSE CIUDAD

Santi M. Amil

El centro recuperó su patio de juegos hace un mes y el Concello pasó la factura

24 feb 2024 . Actualizado a las 22:10 h.

El patio del colegio Cardenal Cisneros vuelve a escuchar voces infantiles y a ser escenario de carreras y juegos de los niños de este centro educativo. El 1 de marzo hará un año que quedó inservible por el derrumbe de un muro de contención, que se vino abajo cuando una empresa que hacía obras de canalización de gas rompió una tubería. La acumulación de agua hizo colapsar la estructura. Hasta hace poco más de un mes, los escolares no pudieron salir a jugar al patio exterior, que seguía precintado. Todavía faltan algunos arreglos en el suelo, que presenta grietas e irregularidades en el firme, pero al menos los niños ya pueden tomar el sol y a jugar al aire libre.

Fue el Concello de Ourense el que asumió la construcción del muro y la estructura vertical actual le permitió al colegio ganar unos metros de espacio de recreo, pues el que cayó tenía una sección diagonal más ancha. Ahora ya piensan en cómo pintarlo para darle color y sentido al muro gris, explica la jefa de estudios del centro, Patricia Solla.

El colegio reclamará que se pula el suelo del patio y que se arreglen otros desperfectos. El derrumbe del muro provocó daños, pero también las dos inundaciones que les afectaron, explica la integrante del equipo directivo. La primera, el día del desplome, que llenó el vestíbulo de lodo y agua, y la segunda vez, cuando les entró agua con un temporal.

La distribuidora de gas natural Nedgia había subcontratado la obra que originó el problema. El Concello adjudicó la obra del muro por vía de urgencia, aunque los trámites burocráticos tardaron más tiempo de lo que los vecinos creían.

Luego remitió la factura con el coste de los trabajos. A la comunidad de vecinos del edificio número 7 de la calle Fonte do Monte, el Ayuntamiento le reclama un montante de más de 175.000 euros y al colegio, algo más de seis mil. Estos perjudicados consideran que las responsables de asumir esa factura son las empresas que realizaban la obra, la adjudicataria o sus subcontratas. De momento, el asunto está sin resolver.

Las familias desalojadas de sus viviendas hasta que se construyó el nuevo muro estuvieron «seis meses y seis días» fuera de sus casas. Hasta septiembre no pudieron volver. Cada uno de los seis vecinos está preparando su propia reclamación por daños y perjuicios. «Nos arreglamos como pudimos y con gastos», explica Óscar González, uno de los residentes perjudicados. Sostiene que, un año después, no hay nada que celebrar: «Fue más que una pesadilla».

A través de sus respectivos abogados están enviando burofaxes a las empresas implicadas para notificar la reclamación de sus diferentes daños e intereses. Todavía no han contestado. Los vecinos y el centro educativo esperan saber si habrá un acuerdo o tendrán que ir a juicio. Lo que tienen claro es que no es su responsabilidad asumir el coste de la construcción del muro, pues consideran que no tuvieron culpa alguna en su derrumbe.

El tiempo fuera de sus hogares se les hizo largo. Aunque el Concello dijo que la obra se haría por urgencia, al final tardaron seis meses. «Un poco nos engañaron, nos fueron dando plazos: dos meses. Se tardó, efectivamente, dos meses en hacer la obra, pero cuatro en papeleo. No se hizo con carácter de emergencia como decían. Aunque hablaban de que si no fuera así podíamos estar años», se queja Óscar. Lamenta la lentitud de la burocracia: «En ese departamento hubo situaciones o desencuentros, como no coger el teléfono o darte cita con unos plazos alargados, como un mes», comenta.

El Concello no les dio, entonces, otra opción que el desalojo y la asunción de la obra por la administración municipal, «hasta que nos dimos cuenta de que nos pasan la factura», expone el vecino. No están preocupados, porque están seguros de que no les tocará pagarla.

Dos meses de obra y cuatro de tramitación burocrática en el Concello

Al final, la obra del muro ha quedado bien y se repuso también una rampa lateral de acceso a una vivienda trasera. La ejecución de la obra de construcción del nuevo muro, que no comenzó hasta el pasado mes de julio, tuvo su dificultad, sobre todo para llevar la maquinaria necesaria. No era posible introducirla a través del colegio y fue necesario usar una gran grúa para descargarla desde la calle superior. Cada vez que sufrían una avería tenían que ser reparadas allí mismo, pues no se podían mover. Pese a estos inconvenientes, el trabajo se realizó en dos meses. Lo que se hizo largo fue la tramitación previa.

Si los vecinos tuvieron que buscar un alojamiento alternativo, el colegio Cisneros también tuvo que adaptarse durante los meses que estuvieron sin patio. Reforzaron actividades extraescolares en la biblioteca o con salidas exteriores, además de aprovechar el pequeño patio cubierto que les quedó disponible en la instalación. «Afortunadamente el daño fue algo material y no personal, quedó como una anécdota impresionante», explica la jefa de estudios, que recuerda que tuvieron que sacar en volandas a los niños del colegio.

Por ahora, esa pared sigue siendo gris, pero la colorearán. En el colegio ya están barajando posibles usos para el espacio, como que sera un muro de resolución de conflictos.