El declive del fraguismo: del Prestige a la salida de Cuíña y la rebelión del PP de Ourense

OURENSE CIUDAD

María Pedreda

La sexta legislatura encadenó serios conflictos políticos que propiciaron la llegada al poder del bipartito en el 2005

16 feb 2024 . Actualizado a las 12:58 h.

La sexta legislatura comenzó en noviembre del 2001 y terminaría en abril del 2005, desembocando en las elecciones en las que Fraga perdería la mayoría absoluta con 83 años y dando paso a un gobierno bipartito PSOE-BNG, la primera vez que se constituía un ejecutivo alternativo al centroderecha después de unos comicios. El camino hacia este final —que tenía también algo de relevo generacional— fue tortuoso y triste para un Fraga que justo cumplía 80 años cuando buena parte de la costa gallega estaba cubierta por el fuel del Prestige. Aquella crisis ecológica provocó tensiones con el Gobierno de Aznar, constituido por aquellos jóvenes a los que el propio Fraga había cedido el testigo para dirigir el PP a nivel estatal. Estas tensiones provocarían la salida del hombre fuerte del Gobierno autonómico, Xosé Cuíña, enfrentado a Aznar y sus ministros por la errática gestión del accidente e impulsor de un PPdeG más autónomo y galleguista frente a las directrices de Génova.

Antes de eso, Fraga concedió una entrevista a La Voz en plena catástrofe ecológica, con un titular en el que cuestionaba el alejamiento del petrolero, una medida defendida sin fisuras por el Gobierno de Aznar, muy distante de la indignación generalizada que se vivía en Galicia. Basta reproducir una pregunta y una respuesta de aquella entrevista para comprobar que la era Fraga iniciaba su declive.

—Cuando le pedí al taxista que me trajese a San Caetano me espetó: «O Fraga do Prestige non é o noso Fraga».

—Yo quisiera ser o seu Fraga y que quedase en la memoria como un hombre que hizo mucho por Galicia. Pero en esta crisis le aseguro que he actuado dentro de mis competencias y al límite de ellas.

La legislatura había comenzado con un inesperado idilio entre el presidente de la Xunta y el líder de la oposición, Xosé Manuel Beiras. Ambos se dieron la mano después de la cuarta investidura de Fraga, después de haber protagonizado ardientes desencuentros. Incluso llegaron a comer juntos en el restaurante Vilas para pactar asuntos de país. Pero ese intento de entendimiento fue fugaz y lo desbarató la marea negra del Prestige. Del pacto se pasó a dos mociones de censura y una comisión de investigación sobre el accidente que se cerró en falso, se volvió a abrir por mandato del Constitucional y pese a ello nunca hubo un dictamen por escrito.

Rebelión en Ourense

El declive de la era fraguiana tuvo su momento simbólico en aquel desvanecimiento de Fraga en el estrado del Parlamento en pleno debate del estado de la autonomía a finales del 2004. En septiembre de ese año, además, cinco diputados del PP por Ourense, alentados por Baltar, amenazaron con una escisión que se justificaba en la defenestración de Cuíña, la pérdida de la identidad galleguista del partido y la intromisión del PP estatal en la sucesión de Fraga para reducir el poder del denominado sector de la boina, encumbrando con el tiempo a Alberto Núñez Feijoo. La crisis en Ourense ya había aflorado en el 2003, cuando pidieron la dimisión del secretario general, Xesús Palmou, y ya entonces amenazaban con recuperar Centristas de Galicia, liderado por Victorino Núñez y origen político del ourensanismo de centroderecha. Finalmente, el PP evitó una escisión galleguista que pudo ser encabezada por Cuíña para amenazar seriamente su hegemonía.