Aprobó la oposición en seis meses: «Iba convencida de que una plaza era mía»

María Cobas Vázquez
maría cobas OURENSE / LA VOZ

OURENSE CIUDAD

Lucía Gómez repartía su jornada de estudio entre su casa y la biblioteca Rosalía de Castro.
Lucía Gómez repartía su jornada de estudio entre su casa y la biblioteca Rosalía de Castro. Miguel Villar

Lucía Gómez está a punto de iniciar su residencia como química en un hospital

25 feb 2024 . Actualizado a las 18:38 h.

A sus 23 años, la ourensana Lucía Gómez Cibeira está a la espera de saber dónde vivirá los próximos cuatro años. En mayo comenzará su residencia en un hospital tras haber sacado una de las 27 plazas QIR para los graduados en Química que quieren seguir su carrera en el campo de la sanidad pública. «Es parecido al mir de los médicos, pero menos conocido», dice. Está de 14 en la lista, lo que le permite elegir dónde trabajará mientras se sigue formando —todavía tiene que escoger si en microbiología, análisis clínicos o bioquímica clínica; tras haber descartado radiofarmacia—.

Alumna de Franciscanas durante toda su etapa preuniversitaria, Lucía se define como una buena estudiante en ese período. Tras la ABAU, eligió Químicas. Le gustaba y la cursó, pero sin tener una idea clara de hacia dónde enfocar su futuro. En cuarto tuvo una asignatura de análisis clínicos que le llamó la atención. Fue entonces cuando oyó hablar por primera vez del QIR; pero reconoce que tras cuatro años duros (en los que supo lo que era suspender), no se veía con ánimo de opositar. Así que con su título en la mano, optó por hacer un máster. En parte, dice, se vio algo obligada: «Parece que con tener la carrera no es suficiente, porque todo el mundo tiene una». Decidió especializarse un poco más y eligió hacerlo en Investigación Química y Química Industrial. El temario la hizo reencontrarse con la rama sanitaria y entonces lo tuvo claro.

El pasado mes de marzo, todavía con el trabajo de fin de máster entre las manos, se decidió a opositar. Al principio la echaba para atrás su expediente académico. «Mis notas en el grado no destacan, tengo un 6,6 de media», señala. Pero es solo el 10 % de la puntuación final (el 90 % se corresponde con el examen) así que se vio con opciones. Lo habló con sus padres y le pusieron todas las facilidades, por lo que en julio, ya de vuelta en Ourense, comenzó a hincar los codos. Se reconoce una afortunada, porque pudo dedicar todo su tiempo a los libros. «La gente que trabaja mientras prepara la oposición me parece otro nivel», destaca. Ella se centró en el examen. Al principio estudiaba una media de seis horas al día, para casi doblar el tiempo a medida que se acercaba el 20 de enero, el día de la prueba. «Fui con todo», señala, para reconocer que también es importante tener algo de suerte, pero sin restarle importancia al esfuerzo. «Salvo los domingos, no hubo ningún día que no estudiara», relata. Porque algo tenía claro: «No quería quedarme con la cosa de que podía haber hecho más».

No se dejó abrumar por los números: había 279 personas inscritas para la prueba y solo 27 plazas. Significa que a cada una de ellas aspiraban más de diez candidatos. «No pensé que este año iba a ser, pero al final fue», cuenta sonriendo. Al mismo tiempo asegura que confiaba mucho en sí misma. «Siempre fui pesimista ante los exámenes, pero esta vez no. Iba convencida de que una plaza era mía. Confíe en mí: creo que es importante estar bien mentalmente y descansar», explica.

Quedó en el puesto 14 en la lista provisional —que será definitiva en un mes tras el estudio de las posibles alegaciones— y en abril tendrá que elegir destino. «Hay dos plazas que me interesan en Galicia, una en Santiago y otra en A Coruña», cuenta. Son sus primeras opciones. Si no, se irá a Madrid, «porque con el AVE está a dos horas». Eso sí, es consciente de que esa opción es más gravosa debido al precio del alquiler. Pero no se amilana: «Desde el primer día ya cobro y cada año iré cobrando más». Tener un salario asegurado fue una de las motivaciones que le llevó a opositar. «Es un sueldo bastante digno para cómo están las cosas», matiza.

Todavía no tiene destino y la residencia son cuatro años, así que hablar a futuro se le hace aventurado. Ahora mismo tiene claro que si se va, querría volver. Pero al mismo tiempo es consciente de que falta mucho y la vida muchas veces te sorprende. Ni siquiera sabe si seguirá en sanidad. «Mi idea es trabajar en un hospital, pero nunca he estado en uno así que voy a ver qué es lo que me encuentro», remarca. No se pone metas. Ahora solo disfruta de lo conseguido tras el gran esfuerzo realizado. Una alegría que comparte con sus padres: «Están muy contentos de que haya salido bien, porque ellos también me vieron sufrir mientras estudiaba».