«Me disparó hace cinco años y mientras llega el juicio la que vive en una cárcel soy yo»

Fina Ulloa
Fina Ulloa OURENSE / LA VOZ

OURENSE CIUDAD

Eva dio su testimonio a través de un vídeo para no acercarse a Ourense, donde vive su agresor
Eva dio su testimonio a través de un vídeo para no acercarse a Ourense, donde vive su agresor

Una ourensana, víctima de violencia de género, pide cambios para que el sistema de protección para que no suponga un castigo añadido para las mujeres

28 nov 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Es difícil conseguir en un salón de actos lleno de adolescentes un silencio tan profundo y respetuoso como el que durante algo más de una hora envolvió las intervenciones de Eva Afonso y Rosana Padín en la Escola Santo Cristo de Ourense. Las dos mujeres, miembros del colectivo Esmar, non á violencia explicaron a los jóvenes cómo se convirtieron en víctimas de violencia de género sin percatarse de ello ni aceptar la realidad de lo que les ocurría hasta que la situación estaba ya descontrolada. Les hablaron incluso de los años que, aún sabiéndolo, aguantaron hasta dar el paso definitivo de denunciar a su agresor. El objetivo de ambas —y en esa idea insistieron en varias ocasiones— era que la charla sirviese en la práctica a cualquiera que pudiese estar escuchándolas y, sin saberlo, esté dando los primeros pasos hacia esa situación o conozca casos en los que se esté produciendo.

Pero su intervención fue también una llamada de atención sobre la realidad que viene detrás de esa denuncia y lo mucho que aún falta para que la protección a las víctimas sea efectiva y no suponga que acabe viviendo mejor el agresor que la agredida. «Me disparó hace cinco años y mientras llega el juicio la que vive en una cárcel soy yo», decía Eva, una ourensana residente en O Grove que saludaba a los jóvenes a través de una pantalla. «El motivo de que no me veáis en directo es que llevo conmigo un dispositivo para que en todo momento se sepa dónde estoy, y como mi agresor vive en Ourense, si yo me voy ahí supone que se tenga que movilizar a la Policía Nacional para que me protejan. Además, no quiero correr el riesgo de estar cerca de él ni por mí, ni tampoco por vosotros», añadió esta mujer a la que su exmarido le disparó en la cabeza en el año 2018.

 Sobrevivió a aquel intento de homicidio pero aún no se siente libre ni puede cerrar ese capítulo para empezar a vivir tranquila. Las dilaciones judiciales provocaron que su agresor, que inicialmente fue enviado a prisión preventiva, fuese excarcelado a los dos años. Ahora está en libertad condicional a espera de juicio. Desde entonces ambos están vinculados al sistema Cometa, con dispositivos de control telemático que dan la alerta si él se acerca a cierta distancia. El problema es que el sistema también se activa si el agresor no lo carga o si se separa la pulsera del aparato transmisor. «Pero cuando hay una alerta no es a él a quien buscan. Lo que ocurre es que inmediatamente tienes una patrulla pegada a ti todo el día, vayas donde vayas. Vivir así también genera angustia y miedo. Esto también es maltrato psicológico. De verdad creo que el sistema tiene que cambiar», señaló, contando lo duro que es que su agresor se salte continuamente las limitaciones y que sea ella la que ve condicionada su vida.

«A pesar de todo, para mí es peor el maltrato psicológico que el físico», dijo Eva a los estudiantes. Cuando sufrió el intento de homicidio, arrastraba 27 años de malos tratos y varios intentos de dejar a su agresor. «Te pide perdón y esperas que cambie, pero no cambian nunca. Nunca», aseguró.

Explicó que, en su caso, todo comenzó ya en la primera cita. Tenía 20 años. «Salimos de la discoteca y unos chicos me dijeron un piropo, él se enfrentó a ellos y luego, en el coche, empezó a dar puñetazos contra el cristal y me dijo que había pasado por cómo iba vestida», narró. Relató como poco a poco hizo que toda su vida girase en torno a él. Contó que tras terminar su carrera empezó a dar clases en una academia pero que llegó a convencerla para que lo dejase y fuese a trabajar con él a un negocio de hostelería.

«Poco a poco te aparta de tu vida, de tus amistades y te va alejando de tu familia. Te aísla. Solo sales con él y con sus amigos. Al principio te parece que lo hace porque le apetece estar siempre contigo y aunque los que te quieren te dicen que ciertas cosas no son normales, tú no ves. A mí la venda de los ojos me la sacaron a porrazos. De hecho fue mi hija la que se atrevió a denunciar la primera vez, cuando me encontró después de una paliza», recordó. Les relató el control del teléfono móvil que llegó al punto de mantener incluso cuando ya estaban separados. «Duplicó mi tarjeta y no me enteré hasta que una amiga me dijo que me había llamado y le contestó mi marido», contó.

Un momento de la intervención de Rosana, que estuvo acompañada por la presidenta de Esmar, Sora Cores, y la coordinadora de la actividad, Mónica Méndez
Un momento de la intervención de Rosana, que estuvo acompañada por la presidenta de Esmar, Sora Cores, y la coordinadora de la actividad, Mónica Méndez Santi M. Amil

Rosana Padín también insistió en la recomendación de estar muy atentos a ese afán de control y recordó que los agresores no cambian ni se rinden. Ella es otro ejemplo de víctima que puso tierra de por medio —más de seiscientos kilómetros— para intentar librarse de su agresor. «Es curioso que lo primero que te aconsejan es que intentes alejarte, que cambies no solo tus rutinas sino de coche, de domicilio, de trabajo. Como si fuera tan fácil», relata. Ella lo hizo. Dejó Madrid, donde llevaba más de 22 años, y regresó a Galicia para empezar de cero. Pero él la siguió. «Y aquí sigue, pero como se han cumplido los 5 años ya no está en vigor la orden de alejamiento», relata. Otra realidad que, según matizan en la asociación Esmar, debería reformarse para evitar que la víctima quede desprotegida. Rosana sufre ahora esa otra forma de agresión que es la violencia vicaria. «Me hace daño a través de mi hija. Consiguió ponerla en mi contra y que nos denunciase a mí y a sus hermanos para que se fuera a vivir con él, así que aunque la guardia y custodia es mía, la convivencia provisional, por decisión de una jueza, es con el padre», explicó.