Medio centenar de personas sin hogar reciben ayuda en Ourense:  «Hay gente viviendo en un coche desde los diez años»

Maite Rodríguez Vázquez
maite rodríguez OURENSE / LA VOZ

OURENSE CIUDAD

Indigente viviendo en la calle Sáenz Díez de Ourense, al lado del acceso a un centro comercial.
Indigente viviendo en la calle Sáenz Díez de Ourense, al lado del acceso a un centro comercial. MIGUEL VILLAR

«Puede ser cualquiera de nosotros, si la vida te da golpes grandes», dice el técnico de Cruz Roja que lleva estos casos

05 nov 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

No pasan desapercibidos, pero tampoco les prestamos atención. En varios puntos de la ciudad de Ourense, la presencia de pertenencias personales como mantas, prendas de ropa, un colchón o cartones indican que ahí está viviendo, o al menos durmiendo, una persona que carece de hogar. Ocurre en lugares como la calle Sáenz Díez, cerca del centro comercial, en el palco de la alameda de Ourense o en el hueco de un garaje de la calle Reza. Los viandantes cuestionados dicen no tener ni idea de que haya alguna persona en esos lugares, un mínimo refugio imposible en noches de temporal como las de últimas semanas.

Con personas como estas, en situación de extrema vulnerabilidad, trabaja el técnico de Cruz Roja Diego Conde Eguileta. ¿Cómo se llega a esta situación? Según Conde, un estudio indicaba que depende de un cierto número de golpes vitales recibidos. «He encontrado gente que no aguantó un primer golpe: le fallece un familiar, entra en depresión, deja su trabajo y pasan años hasta que su vida se vuelve a normalizar. Hay gente que vive abocada a la calle, viviendo en un coche desde los 10 años y esnifando pegamento y quien llevaba un bar, tenía adicción al trabajo y al alcohol y acaba en la calle. Puede ser cualquiera de nosotros, si la vida te da golpes suficientemente grandes», explica el técnico.

La mayor parte de las personas sin hogar son españoles, pero también hay inmigrantes y ha aumentado el número de mujeres, que ahora es el 23,3 % del total de sintecho, en el cómputo nacional, tres puntos más que en el 2012. En Galicia, el 23 % de las personas sin techo llegaron a esta situación después de perder el trabajo. La segunda causa más señalada, el 20 % de los casos, es por tener que empezar de cero tras emigrar a otro país. Por cada 100.000 habitantes, en la comunidad gallega hay 165 personas sin hogar. No hay un perfil, pero la estadística dice que la edad media se sitúa en 42,9 años. En Ourense, hay un 30 o 40 % de extranjeros. Ha ido variando, antes la mayoría venían de Portugal, ahora hay más del Magreb o de Sudamérica. Son personas que han trabajado en negro, pierden el empleo y se quedan en la calle hasta que arrancan o se van.

50 fijos y otros esporádicos

La oenegé cuenta con un programa de atención a personas sin hogar, financiado por la Xunta. Este año, están trabajando en Ourense de forma intensa con 50 personas en situación de calle. Además, puntual o esporádicamente, los técnicos y la decena de voluntarios que colaboran con el programa salen a prestar ayuda —llevando un saco de dormir o viandas calientes— a las personas que están en la calle en noches de frío intenso. Los servicios sociales o sanitarios, el albergue del transeúnte y otras organizaciones sociales como el Comité Antisida o Cáritas derivan a Cruz Roja casos que conocen.

Salir de esta situación es un proceso delicado, largo y no exento de dificultades. «Cada persona tiene un ritmo y trabajamos de acuerdo con ella. Es la única forma. Es la gente la que sale de la calle, nosotros podemos apoyar, pero tienen que darse circunstancias. Se puede salir, pero es difícil», explica Diego Conde.

Un problema que se encuentran a veces es que los usuarios no están empadronados y sin este requisito es casi imposible solicitar cualquier ayuda ni realizar trámites administrativos, puesto que no son ciudadanos. La ausencia de documentación, por estar perdida o caducada, es otra dificultad. El personal de Cruz Roja les acompaña a realizar los trámites burocráticos. «Hemos ayudado empadronarse a gente que vive bajo puentes y puede ser localizada ahí», detalla Conde. Cuanto más tiempo lleve una persona en la calle, más difícil le será salir. Si está en situación irregular, más y si tiene una enfermedad psiquiátrica y carece de apoyos familiares, es un drama.

«Tenía un piso alquilado, pero en la época del covid se acabó», dice un usuario que tuvo que vivir un año en el albergue

Hay entidades sociales que abogan por el Housing First, un sistema que se basa en que lo primero es proporcionar una vivienda a quien sufre situación de calle. «Es lo ideal, pero es una entelequia en el sentido de que no tenemos los recursos adecuados ahora mismo», opina Diego Conde. En Cruz Roja tratan de conseguir de dar una estabilidad a través de la vivienda y del acceso a recursos económicos «de forma continuada, sin el estrés de tener que estar en la calle».

Se puede superar esa situación. Un ejemplo es el caso de R., un hombre de origen uruguayo que lleva 18 años en España y once en Ourense. «Llegué en avión, trabajaba, vivía en un pueblo, un día me separé, me vine a Ourense, me gustó y me quedé. No tenía amistades ni donde vivir, pero me consiguieron una habitación en 24 horas. Tenía un piso alquilado, pero en la época del covid se acabó. Yo trabajaba a cuenta, al tener que dejar de trabajar no podía pagar la factura. No sabía que me podían conseguir una ayuda para el alquiler. No me quería endeudar y dije, mejor me voy», cuenta. A consecuencia de eso, tuvo que pasar un año en el albergue. «Allí lo pasé malísimo. No es mi ambiente. Que no me quiten la paz, es lo que más me importa», dice. Explica que cuenta con apoyo no solo de Cruz Roja sino también de Teranga, un programa de la Fundación Juan Soñador. «Nos dan ayudas y también me busco la vida», añade. A sus casi 70 años, sigue haciéndolo.

Es optimista. «Siempre que llovió, paró. He visto de todo, a un hombre que traté que saliera de un cajero, pero no hizo caso. Si uno se sabe portar bien, amigos tiene enseguida. No me faltaron amigos para darme un lugar en su casa, pero no lo acepté por orgullo o por respeto», resume.

Trabajó haciendo reformas de construcción, de electricidad o de fontanería. Recibió cursos de formación para ello. Ahora está compartiendo piso y, de momento, paga el alquiler con una ayuda de Cruz Roja, mientras espera el Ingreso Mínimo Vital. Ya lo debería estar cobrando desde hace unos meses, explica el técnico, que aplaude su paciencia.