Jose Antonio Fernández, propietario del Arco da Vella de Ourense: «Temos visto á xente crecer co noso bar e iso é un orgullo»

María Doallo Freire
maría doallo OURENSE

OURENSE CIUDAD

Santi M. Amil

El hostelero se jubila tras 38 años al frente del bar de la rúa dos Fornos conocido por las tortillas

27 nov 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

A Jose Antonio Fernández Cruz (Toén, 1957) todo el mundo le conoce por el Arco da Vella. Era raro no verle allí por las noches. O cocinando cuando hacía falta. O sirviendo las mesas y cobrando a todos los que en esta tapería tenían la costumbre de pagar de uno en uno. «Dende que abrimos, o noso cliente obxectivo era xuventude, na súa maioría estudantes que estaban preparando as oposicións na Academia Postal. Pedían na barra, levábanse os seus pinchos á mesa e logo viñan dicirnos o que tiñan. Fiabámonos ao cien por cien do que nos contaban. Sempre foi así e penso que iso marcou a liña do local», dice Jose. Eso es lo que define la tapería de la rúa dos Fornos, la confianza y la hospitalidad, de la que este ourensano se despidió en agosto, al menos como gerente. Se jubiló tras 34 años dedicados al negocio en el que, para muchos, se cocinaba una de las mejores tortillas de Ourense, aunque el Arco da Vella también es conocido por sus croquetas, sus chipirones rellenos o sus champiñones. Ahora el restaurante continúa abierto en manos de unos inquilinos que han prometido mantener la esencia de lo que Jose y su familia pusieron en marcha. Fue allá por 1988. «Sempre tiven o formiguillo de abrir o meu propio bar. Era un fura fura, de verdade, taladreilles a cabeza á miña muller e aos meus cuñados ata que me apoiaron e se lanzaron comigo a montar o Arco da Vella. Eles tiñan os seus traballos e botábanme unha man, pero isto é cousa dos catro», admite. Cuando abrieron tenían arepas. «Quixemos incluílas na carta como novidade na cidade. Non as facíamos auténticas, era unha humilde imitación, pero duraron pouco», recuerda. Dice Jose que en la hostelería, y también en la vida, se trata un poco de eso: «Hai que arriscarse e probar a ver que pasa».

Lo suyo con la hostelería empezó muy pronto. Jose es el mayor de tres hermanos. Cuando nació el pequeño, él tenía 14 años y tuvo que ponerse a ayudar en casa. «Nós somos de Mugares. Tiñamos vacas e tamén recolliamos o que producían as dos nosos veciños. Logo repartiamos o leite en Ourense, a casas particulares e a establecementos como o Sil, o Marinto e o Carroleiro», cuenta. Por la tarde iba a la escuela. Un domingo haciendo su reparto, el cocinero de ese último restaurante le ofreció un puesto de aprendiz. Estuvo tres meses en el Carroleiro —lo que hoy es el Asador de Roa— como ayudante de cocina, hasta que a los cuatro meses se fue a La Mejicana en la entonces calle Cardenal Quiroga —hoy Alejandro Outeiriño—. «Estaba moi a gusto pero na Mejicana dábanme onde durmir, ademais de case duplicarme o soldo», confiesa. Allí pasó once años, en los que se formó tanto en la cocina como de camarero.

En esa etapa conoció a María José, que con los años se convirtió en el amor de su vida, en su mujer y en la madre de su hija. «Ela estaba na Postal preparando as oposicións e viña tomar café todos os días coas súas amigas», cuenta. Y también en La Mejicana conoció otro futuro laboral y se puso a ello. «Viña un cliente que era maxistrado e animoume a preparar unha oposición así que decidín presentarme á de axente de xustiza, pero nesto saíron as de celadores e cociñeiros para o Sergas e cambiei. Presenteime ás dúas e acabei na cociña do hospital», afirma. Aprobó el mismo año que otro hostelero mítico de Ourense, Pepe Mejillón. Jose pasó 41 años de cocinero en el Sergas, un puesto en el que también se acaba de jubilar, recién cumplidos sus 65. «Para min é un orgullo conseguir chegar ata onde estou hoxe. Penso que cando comezas tan de cativo todo pode pasar e mira, non estivo mal», confiesa. Lo que empezó como un local pequeño en la rúa dos Fornos acabó convirtiéndose en uno de los más concurridos de la ciudad, de hecho tuvieron que reformarlo y comprar también el piso de arriba. «Temos visto á xente crecer co noso bar e iso é un orgullo e unha alegría moi grande», dice. Aunque, no lo puede ocultar, lo que más le enorgullece lleva su apellido: «A miña filla. É médica en A Coruña e moi boa persoa. É o mellor que fixemos na vida», termina.

«Que non me falten os paseos e a timba diaria cos amigos»

Ahora que está jubilado, Jose quiere dedicarse a su familia y a sus amigos. «Que non me falten os paseos e a timba diaria en San Francisco», dice. Todavía le quedan negocios. Es propietario de un edificio de apartamentos turísticos en el casco histórico, en la misma calle del Arco da Vella, rúa dos Fornos. «Está entre o Porta da Aira e o Catador. É un proxecto que me facía moitísima ilusión sacar adiante porque é algo no que pensaba dende que naceu a miña rapaza», dice. «Temos uns primos en Barcelona e eu vía que alí se levaba este tipo de negocio, así que decidín apostar por iso. Comprei en pleno casco histórico unha construción, reformeina por completo e estou moi orgulloso de conseguilo», admite. Su edificio cuenta con cuatro apartamentos y dos habitaciones que alquila a través de diferentes plataformas.

DNI

Quién es. Jose nació en 1957 en la aldea de Mugares, en Toén.

A qué se dedica. Es hostelero y cocinero. Empezó en O Carroleiro con 14 años. De ahí pasó a La Mejicana y después abrió su propio bar, el Arco da Vella, en el que acaba de jubilarse. También aprobó una oposición y fue 41 años cocinero del Sergas.

Su rincón. Elige su negocio, Arco da Vella, en la rúa dos Fornos del casco histórico de la ciudad. «Escólloo porque aí pasei moitos anos ao lado de tremendos traballadores que tiven a sorte de ter e tamén porque alí compartín con boísimos clientes, aos que lles agradezo que estiveran con nós», dice.