Xaime Fuentes: el arte como crisálida para pensar y ver bonito

Serxio González Souto
SERXIO GONZÁLEZ VILAGARCÍA / LA VOZ

OURENSE CIUDAD

CAPOTILLO

Pintor y escultor, explora en «Baleiros fértiles» la limpia serenidad que proporciona el sentido del vacío

07 sep 2022 . Actualizado a las 13:05 h.

La pulsión por recrear lo que la naturaleza ofrece a sus ojos y a sus manos se despertó bien temprano en Xaime Fuentes (Ourense, 1965). La infancia en la aldea de Astureses, la energía de sus bosques de carballos, de la tierra fértil que aguarda la mano del hombre para dar sus frutos, del agua que siempre fluye, el diálogo de todo ello con el fantástico arte románico de su iglesia del siglo XII, los capiteles, las figuras religiosas, las tallas. El gesto del niño que es capaz de elaborar sus propios juguetes, su mirada de asombro ante el mundo que lo rodea, encierran de alguna forma ya todo lo que vendrá después. Su etapa formativa y profesional vinculada al hierro le permite conocer perfectamente un material que será fundamental en el despertar de su escultura. «Casi dibujo directamente sobre la materia de la pieza escultórica antes que en el lienzo o en el cuaderno», reconoce el creador ourensano, que encuentra en la pintura el otro polo de expresión que da sentido y consistencia a su personal cosmovisión.

Pintura y escultura se encuentran y se contienen mutuamente en Baleiros fértiles, la exposición que en este final de verano viste la sala del Palacete das Mendozas, en Pontevedra. Si Picasso llevaba razón, y la calidad de un pintor puede medirse por el volumen de pasado que arrastra consigo, Xaime atesora valiosas credenciales. Las que tatúa en su sensibilidad un nomadismo irrefrenable. Las experiencias en Madrid, los viajes a la India, a Rusia, la huella del Hermitage y la propia ciudad de San Petersburgo, del MoMA de Nueva York, Marruecos y el Mediterráneo. Pero también las que cincelan en el pecho las experiencias vitales extremas, cuando el abismo se abre ante la pérdida, de uno mismo, incluso. Y la curación. La luz limpia del Atlántico que se abre paso entre la tempestad y se refleja en el mar de O Grove. «El agua salada puede ser la solución, el sudor, las lágrimas, el mar abierto que limpia».

La mano no deja de ser el instrumento del espíritu. Cada trazo de pintura, cada torsión de hierro y alambre son expresión de las fuerzas que chocan o se entrelazan en su autor, de su momento vital. Hubo un tiempo en el que la obra de Xaime contenía un relato denso, abigarrado, poderoso y oscuro, poblado de matices y riesgos. De su colapso surge la comprensión de la fertilidad que anida en el vacío, la suspensión del combate entre esas fuerzas, la intuición de que, en realidad, no existe más que una sola sustancia, de que cada parte encaja en un todo y ese todo no es nada sin las partes que lo componen, el despertar frente a la ilusión de la separación y la individuación que, de acuerdo con la fecunda tradición del pensamiento oriental, dio lugar al mundo y sus confusiones y es necesario superar. Podría decirse que la paz.

El círculo está presente en la práctica totalidad de esta colección de obras, en su mayoría facturadas entre los años 2020 y 2022, muchas de ellas surgidas de su estancia sanadora en O Grove, aunque no de forma exclusiva, ya que la raíz del poder ha crecido siempre en Astureses. La componen 17 pinturas de formato medio y grande, y una docena de esculturas manejables. No es necesario clasificarlas en ninguna escuela. Basta con recordar que la abstracción es el camino de Xaime. La figuración no es la única vía de reconocimiento, probablemente ni siquiera sea la más profunda ni la más certera. Es preciso aprender a dejar lo demás en suspenso y permitir que la pintura se manifieste, poder escucharla. La rueda del samsara que arrastra a los seres consigo no genera aquí pesar o desesperanza, sino calma, colores amables, luz, vacío, apertura, serenidad y juego entre mónadas que parecen reconocerse. «Me atrevería a decir que el arte es una crisálida que te permite ver y pensar bonito». Este es Xaime Fuentes. Aquí y ahora.

CAPOTILLO

En el Palacete das Mendozas. Baleiros fértiles puede contemplarse en el Palacete das Mendozas, en la plaza de Santa María de Pontevedra, hasta el domingo 11 de septiembre, en horario de mañana y tarde.