Más de setenta alumnos van a la universidad de mayores en Ourense

María Doallo Freire
María Doallo OURENSE

OURENSE CIUDAD

MIGUEL VILLAR

En el aula sénior compaginan asignaturas de la carrera con actividades sociales

14 jun 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

El Programa Universitario para Mayores cumple veinte años. Han pasado dos décadas desde que la Universidad de Vigo empezó a ofrecer una formación abierta a alumnos de todas las edades. «Recuerdo que recibí una llamada del vicerrector, Andrés Mazaira, y me habló de poner en marcha una iniciativa para ofrecer clases para mayores aquí», dice Alberto Vaquero, ahora coordinador del programa en el Campus de Ourense, sucesor de la primera en el puesto, que fue la profesora Josefina Pato. Las clases comenzaron una tarde de verano del 2002, con una de Economía que impartió el propio Vaquero. Había quince alumnos y hoy en día son más de setenta. «Se trata de un público muy inquieto y muy activo, con ganas de aprender y de compartir sus experiencias. Preguntan mucho y transmiten más. Son personas con un capital humano tremendo y la verdad es que es un placer y un orgullo darles clase», confiesa el profesor.

El programa se divide en dos ciclos, uno básico y uno integrado. El primero son cuatro años en los que los alumnos cursan entre quince y veinte materias pero, a diferencia de lo que ocurría hasta hace dos años, esas asignaturas no son todas optativas. Ahora el alumnado tiene dos obligatorias cada curso —como informática, derecho, historia o inteligencia emocional, entre otras— y el resto de libre elección, en donde la oferta se abre hacia materias como teatro, economía de impuestos, meteorología o sexología. «Es un conocimiento práctico y aplicable, con el que intentamos cubrir todas las áreas del conocimiento», explica el coordinador del programa de Ourense.

Una vez terminado este ciclo, los alumnos pueden continuar formándose dentro de una propuesta integrada en la Universidad de Vigo. «Es decir, acuden a las clases de los distintos grados que hay en Ourense y así continúan ampliando sus conocimientos», comenta Vaquero. En estas asignaturas de las carreras hay a algunos alumnos mayores que los llegan a confundir con profesores. «La verdad es que cada vez que empezamos un nuevo curso, el primer día todos los jóvenes piensan que yo les voy a dar clase. Es muy gracioso y a mí me encanta», admite el estudiante Miguel Poveda, que lleva 17 años participando en el aula sénior. Él fue técnico de Telecomunicaciones y dice que en cuanto se jubiló quiso aprovechar la oportunidad para seguir aprendiendo sobre materias que desconocía, como el derecho o la historia, sus favoritas. «Creo que la universidad es de todos y yo estoy feliz aquí», admite este alumno. Comparte aula con Paloma Fontanals, que lleva solo tres años. «A mí de joven siempre me atrajo la idea de ir a la universidad y por circunstancias no pude. Luego la vida va a su ritmo y ahora encontré el momento», cuenta. Ella, que es fan de las materias de ciencias, confiesa haber descubierto otras como la filosofía o la psicología que la han motivado mucho. «Creo que esta iniciativa es para sorprenderse y para trabajar la capacidad de seguir aprendiendo», concluye.

La ourensana Isabel Fernández se apuntó hace nueve años al aula sénior. «Esto es algo que hacemos voluntariamente y se nota mucho. Aunque habría que destacar la paciencia que tienen los profesores porque no es lo mismo que dar clases a jóvenes. Nosotros tenemos nuestras experiencias, que nos encanta compartir, y también lo preguntamos todo más veces», comenta. Isabel se prejubiló con 57 años y como había trabajado varios años en el Campus de Ourense, fueron algunos de sus compañeros profesores los que la empujaron a apuntarse. Como negativo solo destaca la adaptación a la educación online. «Fue un recurso importante durante la pandemia, pero la verdad es que no me entusiasma porque a mí me gusta el contacto humano y eso me pareció muy frío», afirma. En cuanto comenzó de nuevo el curso presencial no dudó en apuntarse de nuevo a asignaturas, que va repitiendo para no dejar de participar en el programa. Además Isabel se implica mucho con las actividades de carácter social que se derivan del programa. Ha participado en el coro y en teatro y se apunta a cada cita que proponen desde la Asociación de Alumnos del Programa Universitario para Maiores, que dirige actualmente Celso Pumar.

Actividades artísticas y sociales

«La asociación tiene como objetivo coordinar todo tipo de actos y de actividades complementarias a la formación universitaria», explica Pumar. Organizan viajes, visitas culturales o convivencias con las que los alumnos puedan compartir todo tipo de experiencias. En este curso fueron a Vigo a ver las luces de Navidad y este fin de semana celebraron los veinte años de vida del programa con una jornada de convivencia en la que disfrutaron de algunos tramos de varias rutas del Camino de Santiago.

Una de las estudiantes más motivadas del aula de teatro es Rosa Méndez, que de hecho es una de las personas que la puso en marcha, allá por el 2012. «Yo no iba para actriz, solo formaba parte de la directiva de la asociación, cuando se le dio vida al proyecto. Pero un día llegué a clase de la universidad y unas compañeras me dijeron que les faltaba alguien para interpretar a un personaje. Dije que las ayudaba y hasta hoy. El teatro da muchísima libertad para crear, para expresar y también nos aporta una capacidad memorística alucinante», recuerda. Las clases las imparte Sabela Gago, de Sarabela, y cada fin de curso interpretan una función.

Falta de asistencia

Pero no todo iba a ser de color de rosa y el programa de mayores también tiene una parte negativa. Al tratarse de una formación para personas que no necesitan la titulación para algo concreto, más allá del hecho de disfrutar aprendiendo, a veces la asistencia a algunas asignaturas es muy baja, muy inferior al número de alumnos que están matriculados. La alumna Antonia Blanes critica esta falta de compromiso. «Deberíamos saber qué queremos y luego, una vez lo sepamos y nos matriculemos en algo, nuestra obligación es adquirir un compromiso y asistir, por respeto a este proyecto y, sobre todo, a los profesores, que lo dan todo por nosotros», explica. Esta ourensana, profesora jubilada, es la embajadora de conocimiento de la iniciativa, es decir, la persona que se encarga de acercar el programa a todos los que todavía no la conocen. De hecho hablará sobre él en una charla organizada para el 20 de junio, a las 19.00 horas en El Pueblo.

Toña, como la llaman sus compañeros, comparte la vocación por seguir aprendiendo con su marido, el artista Miguel Ángel Martínez Coello. El pintor y escultor, que ha expuesto en distintas salas a lo largo de España, fue profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Ourense y ahora es quien recibe las clases. Se conocieron en 1970 en la academia Padilla y acaban de cumplir cincuenta años de casados. «Al principio teníamos nuestras reticencias con respecto a la universidad, especialmente por el desfase de edad, pero nos encontramos con un profesorado increíble. Aquí se produce una simbiosis, porque recibimos conocimiento y aportamos experiencia y las ganas de saber más», dice. 

Modesto Piñeiro es el alumno más longevo
Modesto Piñeiro es el alumno más longevo MIGUEL VILLAR

A la universidad con 88 años

Modesto Piñeiro tiene 88 años y es el alumno más longevo. Lleva más de diez años asistiendo a la universidad para mayores y afirma que no lo piensa dejar. Él cursa cada año varias asignaturas de Derecho. Ahora mismo está con Criminología. Lo combina con materias de filosofía y de literatura. «Creo que el hecho de mantenerme activo influye en mi salud, física y mental», dice. Aunque ve también un claro componente genético porque varios de sus familiares superan los cien años. «De corazón, pienso que lo que más me mantiene es el buen humor, siempre procuro estar contento», asume. Todos sus compañeros le dan la razón, incluido el coordinador Alberto Vaquero. «Modesto es muy bromista, siempre viene contento y saca una sonrisa a quien se le sienta cerca», afirma el profesor. Este empleado de banca y asesor retirado entró en la universidad para mayores siguiendo el consejo de un amigo que era alumno, y que falleció hace unos meses, Alfonso Rivero. Y dice que le queda mucho todavía para dejar de estudiar.

Algunos alumnos del Programa Universitario para Mayores de Ourense
Algunos alumnos del Programa Universitario para Mayores de Ourense MIGUEL VILLAR