El paquete de Chimos

Ruth Nóvoa de Manuel
Ruth Nóvoa DE REOJO

OURENSE CIUDAD

Chimos es, es un agujero. Toda una modernidad por el diseño que se unía al sabor a fresa ácida de los Cheiw, el chupa Koyak, los Palotes...
Chimos es, es un agujero. Toda una modernidad por el diseño que se unía al sabor a fresa ácida de los Cheiw, el chupa Koyak, los Palotes...

01 may 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Tal día como hoy, hace muchos muchos años, me perdí entre los maios de la Alameda. Había muchos maios, sí. También mucha gente, creo que globos y bastante ruido. De ese momento en el que se desencadenó el temor atávico que es mirar alrededor y no ver a tu hijo guardo, obviamente, mejor recuerdo que mis padres. Aunque sean 30 segundos, parecen 30 horas y el corazón te da un vuelco, casi literalmente, en el pecho.

No sé si fui yo la que acudió a un policía local o si él me vio la cara de agobio o de despiste, pero lo cierto es que el agente municipal encontró a mi familia en aquella mañana en la que el sol ya picaba y el aire olía a primavera. Pero el motivo por el que el hombre permanece en mis recuerdos (y no lo he reseteado, como tantas otras cosas) es porque me compró un paquete de Chimos. Este detalle confirma lo que decía al principio: esta historia pasó hace muchos muchos años, porque hace tiempo que ya no existen esos caramelos duros de colores con un agujero en el centro.

Hoy volverá a lucir el sol y volverá a haber maios en la calle. Y es probable que tantos años después yo siga causándole preocupaciones a mi madre, aunque ya no sea una niña. Al menos ahora la entiendo porque conozco esa sensación de no estar totalmente tranquila que te inocula la maternidad. Esa especie de sombra que hace que te preocupes por casi todo, aunque la mayoría de las veces te lo guardes para dentro porque también te preocupa preocupar a tus hijos. Porque no quieres convertirlos en ñoños ni en miedosos. ¡Qué locura!