Insultar por rutina

Ruth Nóvoa de Manuel
Ruth Nóvoa DE REOJO

OURENSE CIUDAD

03 abr 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

María del Mar Dibuja aseguró el viernes en el pleno de Ourense que en su concejalía —cuando tenía responsabilidades de gobierno con DO— habían tenido que «hacer el pino» para encajar la peatonalización de Concordia, por la dificultad que supuso. El alcalde, Gonzalo Pérez Jácome, le contestó: «Ya me gustaría verte hacer el pino, pagaría». La contestación es de primero de matón de patio: meterse con el físico de alguien y hacerlo delante de mucha gente, creyendo que da mucha risa y que es uno muy ingenioso. En otro momento de la sesión, mientras la edila intervenía siguiendo un documento, le espetó a su otrora fichaje para gobernar Ourense junto a él: «Lo traes por escrito porque no sabes hablar». Esto ya es de nivel avanzado: hacer burla con la categoría intelectual y minar la autoestima. Educamos a los niños diciéndoles que tienen que respetar, les explicamos lo que es el bullying, nos da tanto miedo que lo padezcan como que lo inflijan y les decimos que tan preocupante es hacer como consentir. Y luego tenemos que encontrarnos, como ciudadanos adultos, día sí y día también, con que la máxima autoridad de la ciudad hace del insulto y el menosprecio su código de comunicación.

Tengo muchas dudas respecto a cuál es la reacción más adecuada ante una situación de este tipo. Entiendo los motivos de parte de la oposición: concejales levantándose y plantando el pleno. Pero no estoy segura de si habría que recurrir a otras maneras de responder. ¿Plantar cara?

Porque con la sesión reventada Jácome consigue en parte lo que quiere: se convierte en protagonista, llama la atención, se hace la víctima, amarra a sus socios de gobierno (que lo mismo se levantan que se quedan, lo mismo votan en contra de que ingrese más que votan a favor). Me pregunto si los ciudadanos no nos merecemos que se llegue hasta el final y que las cosas se pongan en su sitio donde se tienen que poner. No es fácil. Lo reconozco. Porque no hay previsión posible en el esperpento municipal en el que vivimos inmersos.