De dromedarios, perros y humanos

Ruth Nóvoa de Manuel
Ruth Nóvoa DE REOJO

OURENSE CIUDAD

09 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Miedo me da decir en voz alta que no me parece tan mal lo de que los Reyes Magos llegaran a Ourense en camello (en dromedario, realmente). Me da apuro ser animalmente incorrecta en una sociedad en la que, a veces, preocupan más las mascotas que las personas. Y aunque hay muchos seres humanos haciendo cierta esa frase de «Cuanto más conozco al hombre más quiero a mi perro», en ocasiones tengo la sensación de que hemos perdido la perspectiva. Si hablamos de derechos de los animales, me preocupan tanto los dromedarios como los perros que veo por la calle en carritos de bebés o los huskies que viven en esta ciudad de los cuarenta grados en verano. Ahora que las mascotas forman parte de la familia, legalmente, me parece que existe un doble rasero en relación a los animales. ¿No es raro criticar la montura de Baltasar mientras apuras un solomillo de ternera? Reconozco que a veces me asaltan las dudas cuando escucho a amigos vegetarianos (con los veganos me pasa menos) y aún así sigo enganchada a la cadena trófica. También me parte el corazón ver a un león en el zoo de una gran ciudad o a un delfín en una piscina.

Volviendo a la cabalgata, creo que con los animales tiene que haber unos mínimos, por supuesto, pero también hay que medir con sentido común la distancia que hay entre los camellos de los Reyes y los toros embolados o las cabras que se tiran desde campanarios.

Decían en Lanzarote, donde viví dos años, que el dromedario fue la forma que tuvo Dios de corregir el error de crear el desierto. Por eso entiendo que el asfalto de Progreso no es el espacio natural para los camellos. Lo que ocurre es que, como casi todo en la vida, este debate no es blanco ni negro. Y mientras a algunos les resulta fácil inclinar la balanza en un sentido o el otro, yo tengo dudas. Y es muy saludable.