Gurruchaga en Ourense

OURENSE CIUDAD

24 oct 2021 . Actualizado a las 12:18 h.

Nos convoca Carlos Rego, músico exquisito, erudito en asuntos varios, ourensano militante y un tipo cojonudo, a que levantemos el dedo las que hubiésemos asistido al concierto que la orquesta Mondragón dio en el pabellón de Os Remedios de Ourense en el mes de junio de 1982. Lo hace Carlos a través de las páginas de Revista Inviable, criatura parida hace un par de años por una generación de invisibles ourensanos perplejos y asqueados con la deriva de una ciudad que desaparece, aunque esta es otra historia.

La crónica recoge aquella enloquecida convocatoria musical a la que acudimos una generación entera de rapaces, algunas con padres incluidos, para participar atónitos en un espectáculo que hoy sería madera para varias hogueras juntas. Se acababa de estrenar la banda de Gurruchaga cuando llegaron a Ou. Sobre el escenario brincaban el enano Popocho y el cantante vestido de novia. El recuerdo refiere aquel bolo loco como algo lúbrico y cabaretero. La música sonaba poderosa y el tono concupiscente de Gurruchaga arrullaba un verso: «La mujer barbuda nos sirve de puta». Cómo nos pudimos escandalizar tantos años después por el trap de nuestras hijas. En el pabellón, de elemental y precaria arquitectura posfranquista, el calor era caribeño y el llenazo a todas luces ilegal. Revisado desde aquí, comprendes la distancia sideral entre aquel mundo y este de ahora. El grosor de la piel social se manifiesta hoy mucho más delgado. En aquella ciudad que aún bostezaba tras cuarenta años de grisura todos los espacios estaban por llenar y eso quizás dejaba mucho margen a la locura para todos los públicos.

El viaje al 82 al que nos invita Rego reenfoca muchas cosas del pasado. Pero muchas más del presente. Y lo hace desde esa ciudad que desaparece, aunque esta es otra historia.