Achicharrarse

Ruth Nóvoa de Manuel
Ruth Nóvoa DE REOJO

OURENSE CIUDAD

19 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Recuerdo cuando en pleno confinamiento nos empeñábamos en engañarnos y decíamos que saldríamos mejores... Nunca me fie mucho del nivel que íbamos a dar como sociedad. Y, por desgracia, el tiempo acabó dándome de la razón. Los aplausos y los arco iris dibujados en las ventanas, en demasiados casos, eran consuelos personales que nada tenían que ver con los demás. El emocionarse con los sanitarios y con el resto de profesionales que estaban en primera línea era, para muchos, un teatrillo que les hacía sentirse entretenidos y mejores personas. Creo que ya se puede considerar un hecho que, tras el encierro, salimos bastante peores. No hay más que ver como nos fue en las sucesivas olas, tener clavada en el oído la permanente queja de cualquiera por cualquier cosa y sentir la crispación que poco a poco se nos ha ido quedando pegada en la piel y que, por mucho que frotemos, no logramos quitarnos.

Así que, con esta perspectiva, por qué íbamos a pensar que en otras cosas nos iba a ir mejor. Se podría creer que tras los últimos años de parálisis municipal en Ourense alguien podría pensar en la necesidad de salir mejores. De que la ciudad salga mejor. O de que, como mínimo, salga de la zancadilla en la que lleva metida tanto tiempo (con tantos responsables de colocar el pie para forzar el tropiezo y dejarnos sin dientes).

Dar luz verde a los trámites necesarios para que la Fundación Amancio Ortega construya una residencia para mayores en los terrenos de la antigua estación de autobuses podría ser un ejemplo de que alguien ha aprendido algo: que los ciudadanos no le sacan ningún rédito a las peleas políticas y que (como dicen los jóvenes, ¡madre mía qué mayor estoy!) lo que le cundiría sería ver cómo se avanza en proyectos, como se hacen realidad algunos planes, como las cosas mejoran o al menos se mueven.