Autómatas

Pablo Varela Varela
Pablo Varela EL APAGÓN

OURENSE CIUDAD

La gimnasta estadounidense Simone Biles realiza un ejercicio durante los campeonatos que se disputaron en Doha (Qatar)
La gimnasta estadounidense Simone Biles realiza un ejercicio durante los campeonatos que se disputaron en Doha (Qatar) KARIM JAAFAR | AFP

29 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Cada cuatro años, mi madre se sienta frente al televisor y acude, fiel a su cita, a la retransmisión de las pruebas de gimnasia artística de los Juegos Olímpicos. Fascinada, como muchos, por la elegancia de las rusas, «gacelas» a su juicio, emergió al poco rato la figura de la estadounidense Simone Biles por una cuestión tan próxima al deporte de élite como a la vida en general: luchar contra la presión y las expectativas o, en definitiva, contra lo que los demás esperan que seas.

Biles, todo un prodigio, cometió un terrible e imperdonable error: ser humana en los tiempos del juicio rápido de los atletas de sofá. Ya saben, esos que nacieron con la medalla de oro colgada del cuello. La cuestión de la salud mental suele tocarse de puntillas. De hecho, hay quien tiende a interpretarla como síntoma de debilidad cuando es ajena, hasta que le toca a uno y ahí es cuando se implora empatía.

Tras la segunda ola de la pandemia, hablando con un médico de un centro de salud de Ourense, salió a la palestra esta cuestión. ¿Hasta qué punto resistiría la sociedad una tercera fase, quizá un nuevo confinamiento? Pero además, el sanitario puso sobre la mesa otra verdad: que la depresión ya era un problema latente antes del covid-19, omitido por más de un paciente por vergüenza a sentirse —y exponerse— como una persona frágil. Es nuestra realidad de ahora, donde se aplaude al autómata. Siga así y olvide sus límites, hasta que su coraza explote. Esta semana, le ocurrió a Simone. Mañana, puede ser usted, o su mejor amigo. Y quizá no haya una muestra más clara de fortaleza que reconocer que todo muro, más pronto o más tarde, se agrieta.