«A tormenta en Ourense foi cousa de vinte minutos, pero sentíanse golpes como se fosen pedras»

Pablo Varela Varela
pablo varela OURENSE / LA VOZ

OURENSE CIUDAD

En el barrio de la Cruz Alta y As Lagoas, el viento se llevó por delante tejados y ventanales de las galerías, que en algún caso dejaron daños en coches aparcados

15 jun 2021 . Actualizado a las 14:34 h.

En el barrio de la Cruz Alta, un laberinto de callejuelas bautizadas con los nombres de múltiples concellos de la provincia bordea la avenida de Buenos Aires. Por uno de estos callejones se coló, el pasado domingo, una gran chapa metálica que presumiblemente se desprendió de algún edificio de las cercanías y, con el viento de la tormenta, salió volando hasta que aterrizó sobre el coche de Manuela Cajide, residente en la zona. «Eu vina pasar cando estaba mirando pola ventá. Din que chegou de Buenos Aires», contaba Pilar Cid, vecina de Manuela. Pero el aire, en esta ocasión, no trajo nada bueno.

Este lunes, la chapa estaba depositada ante un portal próximo. Y el coche de Cajide, con varias abolladuras, a solo unos metros. La propietaria, que se tomaba con filosofía lo ocurrido, ya sufrió un incidente similar en el año 2017 con una granizada que afectó a su automóvil estando en Cartelle. «É como se estivese gafado», decía con una sonrisa. Su marido, Antonio, contempló la escena desde la galería de su casa, resignado. La tormenta que se cebó con la ciudad al final de la tarde del domingo fue tan inesperada como fugaz. Tanto Pilar Cid como su pareja, Gabriel, estaban a la sombra en el patio de su casa cuando, de repente, el cielo cayó sobre sus cabezas. «Foi cousa de vinte minutos, pero co que chovía sentíanse golpes como se fosen pedras. Isto non se esquece tan fácil», explicaba Pilar.

No muy lejos de allí, en la rúa Cenlle, Mariña Vázquez y Eva González limpiaban las cercanías de su domicilio, donde las ráfagas se llevaron por delante las galerías y los ventanales, pero también levantaron una gran cubierta de aluminio que salió disparada hacia otro inmueble próximo para, a continuación, caer a un patio contiguo. Solo la casualidad evitó que hubiese daños personales. «Por aquí todos temos nenos pequenos. E eles pasárono ben cando chegaron os Bombeiros e a Policía porque o interpretaban como unha aventura, pero as imaxes foron impresionantes», dice la primera. Eva, por su parte, venía en coche desde la Ribeira Sacra y recuerda que divisó algo parecido a dos columnas de agua cayendo desde las alturas sobre áreas más concretas de la capital.

El temporal, que no llegó a pasar desapercibido para nadie en la ciudad, sí dejó vivencias distintas en apenas unos metros. En el portal número 16 de la avenida Alfonso Rodríguez Castelao, en As Lagoas, la tormenta arrasó con parte del tejado del edificio. Los inquilinos del último piso, de hecho, se vieron obligados a pasar la noche del domingo en un hotel. Ramón Quevedo, propietario del café Nostrum, intentó por todos los medios que el viento no se llevase el toldo de su terraza en la parte trasera, y eso le costó acabar tres veces por el suelo. «Comezou a chover e co aire era imposible», explica. Sin embargo, a un conocido suyo de A Lonia, que se acercó hasta el establecimiento momentos después de lo ocurrido, apenas le llegaron los ecos de la ventolera.

A un paso de allí, en la cafetería Lux, Estefanía Novoa se encontraba en el interior del local cuando vio que el aire comenzaba a mover de su sitio los cubos de vidrio. «Nos dio tiempo a recoger el toldo, y gracias. Duró poco más de un cuarto de hora, pero fue muy intenso. Como un visto y no visto», indica la empleada del bar.