La Casa Taboada, a la espera de un acuerdo entre el Concello de Ourense y la propiedad

Pablo Varela Varela
pablo varela OURENSE / LA VOZ

OURENSE CIUDAD

Pablo Varela

El edificio centenario, obra del arquitecto Daniel Vázquez-Gulías, es un icono del Modernismo único en la ciudad

06 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El gran icono del Modernismo en la ciudad de Ourense, la Casa Taboada, resiste como puede el paso del tiempo y la desidia con su mantenimiento. El edificio, con más de cien años de vida, fue construido en el 1918 por encargo de Alejandro Anta Nóvoa con el sello del arquitecto Daniel Vázquez-Gulías. Es, como apunta la nieta de este último, Lucila, «un ejemplar único de aquel movimiento artístico en la capital provincial».

Ese legado, sin embargo, corre peligro. El inmueble está abandonado y su entrada principal deja entrever una ristra de desperdicios en el interior: alguna lata de cerveza, unas bragas, un sobre con el remite del Concello de Ourense, el envoltorio de un paquete de salchichas y pequeños montículos de polvo. Las dos planchas de plástico que se colocaron tras la reja de la puerta para evitar precisamente eso, la deposición de basura, no bastaron, porque una está rota. Y en el antiguo local que ocupaba en el bajo del edificio la farmacia García Montes, que bajó la persiana en el año 2015, la estampa es similar.

«Imaginemos que, un día cualquiera, alguien arroja una colilla y ocurre una desgracia. Hablamos de un construcción con unas características emblemáticas, y vemos que se está deteriorando», indica Lucila Vázquez-Gulías, que preside el centro cultural que lleva el nombre de su abuelo, oriundo de Beariz, para poner en valor su figura y también su obra, que va más allá de la ciudad de As Burgas porque la huella de Vázquez-Gulías está presente en el Gran Hotel de La Toja e incluso al otro lado del Atlántico, en el Centro Gallego de La Habana.

Luis Pérez de Juan, arquitecto e integrante del equipo fundador del Centro Cultural Vázquez-Gulías, rasca en el pasado de la Casa Taboada para explicar que, en sus orígenes, no se denominaba así. «Era la Casa Anta, pero en el bajo estaba la farmacia de Josefa Taboada y, con el tiempo, pasó a conocerse de esta forma», cuenta. Pérez de Juan estima que el edificio «es el único que queda en la ciudad con una distribución que refleja bien la historia de las familias pudientes de su época». Conserva zócalos, también su carpintería curvada, las escaleras y un precioso portal. «Tiene muchos elementos que la hacen única. Creo que a todos nos gustaría conservar esta obra y ver que no se deteriora más. Es importante que no se deje pasar más tiempo con esta cuestión», advierte.

El arquitecto carballiñés Manuel Gallego Jorreto abunda en la descripción del inmueble, llamativo a primera vista desde el exterior, pero que guarda todo un tesoro en sus entrañas. «De niño, la recordaba como ‘la casa de la farmacia'. No es un edificio modernista al uso, seguramente el ejemplo más significativo de Galicia. Y en el caso particular de Ourense hay muchas casas de calidad, pero el estilo de esta en concreto es diferencial, porque tiene un significado importante dentro de la historia de su urbanismo», concreta. Gallego Jorreto, a quien sorprende la falta de atención prestada al inmueble, califica de «disparate» la dejadez arrastrada durante años. «No se puede olvidar sin más. Es muy importante y estaría bien que los ciudadanos reivindiquen estas cosas», dice.

Conversaciones con la dueña

La propietaria de la casa, residente en Madrid y con un pie en Vigo, la heredó tiempo atrás de sus padres. Ya en octubre del año 2015, la familia presentó un proyecto con la idea de reformarla: contemplaba una ampliación con unas plantas retranqueada, así como la disposición de un ascensor en el interior de la estructura, pero nunca llegó a obtener la licencia. «El exterior se mantendría igual. Lo que sí queríamos hacer eran unos pisos», afirma la dueña, consultada por La Voz.

Aquella idea, finalmente se quedó en el tintero. «Para construir, tal y como se planteó en aquel momento, no dan permiso», agrega. Sobre el ascensor que se proyectaba, Luis Pérez de Juan intuye que haría falta un encaje de bolillos: «Me parecería fantástico para que la gente pudiese acceder, pero siempre que se encontrase el espacio adecuado para ejecutarlo. Es muy importante respetar todo lo que hay allí dentro».

Pero además, que la cuestión llegue a buen puerto pasa, aparentemente, por hablar de cifras y voluntad. «Si es posible venderlo y nos llega una oferta, lo hablaríamos», afirma la propietaria. Desde el Concello de Ourense, a este respecto, admiten estar actualmente «en fase de conversa cos propietarios».