La maleza se ceba con el rural de la ciudad de Ourense a las puertas del verano

Pablo Varela Varela
pablo varela OURENSE / LA VOZ

OURENSE CIUDAD

Santi M. Amil

Asociaciones vecinales de la capital provincial instan a la Administración a atender las fincas abandonadas

02 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace tres años, un incendio estival que se declaró en una finca abandonada en la parroquia de Rabo de Galo, a un paso del barrio de O Couto, sacó a Margarita Amieva de su domicilio. El fuego ya se cebaba con las persianas de la casa cuando los bomberos de Ourense la ayudaron a salir por la puerta. «El estor era de plástico, y se dobló por completo», dice Amieva. Ahora es José, el marido de una de las vecinas, el que ayuda a la mujer a limpiar un perímetro próximo al inmueble para evitar que ese mal trago se repita.

Aquel episodio se originó, presuntamente, entre la maleza de una parcela próxima, que sigue repleta de hierbajos y matorrales. Una calle de apenas dos metros de ancho divide este terreno de otro en el cual, tiempo atrás, también el fuego amenazó casas próximas. «Entón, o dono decatouse de que era mellor desbrozar a finca que pagar indemnizacións en caso de danos, e agora está sempre limpa. De feito, viñeron o mércores da semana pasada a rozala», apunta María González, integrante de la asociación de vecinos de Rabo de Galo.

El Concello estima que en la capital hay más de 43.000 parcelas rurales. De todas ellas, unas 15.000 están incluidas dentro de las zonas denominadas como «priorizadas». Es decir, donde la Administración entiende necesario abordar trabajos diferenciados de desbroce por el alto número de incendios o hectáreas quemadas. En Ourense son cinco: Vilar de Astrés, Arrabaldo, Cudeiro, Palmés y Velle.

Cuatro vecinas de la parroquia de Rabo de Galo, donde varias fincas abandonadas están llenas de maleza
Cuatro vecinas de la parroquia de Rabo de Galo, donde varias fincas abandonadas están llenas de maleza Santi M. Amil

Pero además, según la normativa autonómica, y con la finalidad de prevenir antes de que prenda una chispa, las personas titulares de terrenos en las conocidas como «redes secundarias de faixas de xestión de biomasa» tenían la obligación de gestionar la limpieza de estas franjas antes de este lunes o, como muy tarde, el propio día 31. En caso contrario, podrían incurrir en sanciones que oscilan entre los 1.000 y los 100.000 euros en función de su gravedad.

Ocurre, sin embargo, que no todos los terrenos tienen un propietario claro. O incluso existen herederos que desconocen serlo. «O el dueño está en Alemania desde hace mucho tiempo porque tuvo que emigrar para encontrar empleo... Es el tema de todos los años, ya recurrente: el trabajo que no acometen las autoridades lo acaban haciendo algunos vecinos», comenta Manuel Mosquera, presidente de la Federación Limiar. Este martes, residentes en el núcleo de Ceboliño desbrozaron las orillas de la carretera. Otros días, se pusieron manos a la obra en caminos cercanos al lugar. «Esto no es de ahora. No hubo ningún político con el que se consiga dejar claros los pliegos de condiciones a las empresas de limpieza. Y que logre que se hagan las cosas con tiempo, porque ya estamos cerca del verano», agrega Mosquera.

Las advertencias de sanción

Desde el Concello apuntan a que, ahora, tras las pertinentes inspecciones en los terrenos -que corresponden precisamente al Concello-, «haberá incoación de sanción onde non se cumpra ca normativa, e a responsable de facelo é a Xunta».

La cuestión es si, a través de las advertencias y notificaciones de sanción, se logra revertir finalmente el problema. En el barrio de O Polvorín, que conecta la capital con el municipio de Barbadás, zonas como el camino de Os Ponxos se antojan un año más como un dolor de cabeza ante posibles incendios. «Hay muchas fincas que están a monte, casas cubiertas de maleza. Y por algunos caminos pasan escasamente un coche o una moto, así que imaginemos si tiene que venir el camión de los bomberos», dice Rafael García, de la asociación vecinal.

«Por la pendiente, en Os Canibelos y Vilar puede darse una propagación rápida del fuego»

El sargento Nicanor Muñoz trabaja desde hace 38 años como bombero en la ciudad de Ourense. Antaño, cuenta, «algún vecino le pagaba a otro para desbrozar porque entendía que esos restos orgánicos eran buenos para el abono, y hasta había carencia de biomasa, pero ahora se da la situación de que los trabajos agrícolas han disminuido enormemente». No parece un detalle cualquiera, porque el avance de la maleza en el campo está ligado, en gran parte, al adiós de los vecinos que vivían de él.