El segundo conde de Lemos, pacificador de Ourense

Manuela Sáez HISTORIADORA MONFORTINA

OURENSE CIUDAD

30 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En estos días en los que se comenta mucho sobre el quinto centenario de la condena a los líderes de los comuneros que se habían levantado en Castilla -Bravo, Padilla y Maldonado-, me he acordado de un documento de fray Malaquías de la Vega (Chronologia de los Ilustrísimos Juezes de Castilla) que he leído hace años referente a la participación de don Rodrigo Enríquez de Castro, segundo conde de Lemos, en la pacificación de Ourense.

Al final del levantamiento comunero, en 1522, se hallaba don Rodrigo en Castilla con mil quinientos soldados de infantería, bien armados, dispuestos a luchar contra ellos; no se especifica en el documento si había pasado a Tordesillas, se supone que no, porque el gobernador y el condestable y almirante de Castilla enviaron al conde a pacificar Ourense que por aquel tiempo los de la «junta» tenían «alterada aquella ciudad». Una vez pacificada la ciudad, el conde teniendo en cuenta «este sosiego y el de Castilla», ordenó, junto a los leales al rey de la ciudad ourensana, que se hiciera una corrida de toros como era habitual después de un acontecimiento importante.

El procurador de la ciudad de Ourense, persistiendo en su rebelión junto a otros leales a la causa comunera, deshizo las barreras y no permitió la corrida. Llegó de A Coruña el alcalde mayor y procedió contra el procurador y los que le habían ayudado, condenándoles con graves penas. Al conde le pareció muy mal esta decisión porque estaba allí por parte del gobernador y en su demostración de la paz había ordenado la corrida, y no estaba de acuerdo con que se les infligieran daños porque él intentaba sosegar la ciudad pacíficamente. Pagó seiscientos ducados por su cuenta, que era la sanción de las condenas.

Este suceso demostró, según indica el documento, que el conde de Lemos «sosegó las comunidades en Galicia» y no hubo conocimiento que entrasen en Galicia comuneros, ni que lo sucedido en Ourense «pasasse adelante por los buenos medios que el Conde puso» y no perdiese Galicia el buen nombre de «leales» que le había concedido el rey Enrique IV, como consta en su Real Cédula dada en la villa de Ocaña el 28 de mayo de 1468 a la muy noble y leal ciudad de A Coruña.