El declive del casco histórico de Ourense: mezcla del ruido y la pérdida de servicios básicos

Pablo Varela Varela
pablo varela OURENSE / LA VOZ

OURENSE CIUDAD

Miguel Villar

El goteo de vecinos que abandonaron el distrito supera los 1.600 en solo ocho años

02 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

«Donde había ultramarinos, ahora solo hay pubs», apunta Javier. Hace 30 años compró un piso en el casco viejo, que aún posee. «Pero eran los años de la heroína, tenía una niña pequeña y no quería que viese cómo se picaban», cuenta. Se marcharon de allí, pero regresaron hace diez años por motivos personales y se encontraron con otro problema a sus puertas: el ruido nocturno. La pandemia le puso coto, pero temen su vuelta y Javier ya tiene en mente irse de nuevo. «Esto debería ser una zona monumental y residencial, con comercios. Lo que no entiendo es cómo los ourensanos no se echan las manos a la cabeza», apunta.

Esta semana, los técnicos municipales pusieron cifras a la sangría poblacional de la zona histórica: de más de 5.700 vecinos en el 2012 a 4.145 el año pasado. Y pese a que el hartazgo está directamente ligado al impacto de las discotecas, se han sumado otros factores, como la carencia de servicios en las cercanías. Rubén Rodríguez, que heredó un piso de sus padres, los cuales ya rondan los 75 años, cuenta que ellos se marcharon del barrio en el 2017 «porque cada vez les costaba más desplazarse caminando hasta el centro de salud y luego volver». Por zona, les correspondía el de Novoa Santos, así que optaron por irse a su casa del pueblo.

Los supermercados más próximos están en la rúa Pena Corneira, en las inmediaciones de la plaza de As Mercedes y ya cerca del jardín del Posío. En el laberinto de calles que rodean la Catedral y el Concello hay alguna panadería y también fruterías, pero miembros de la Asociación O Cimborrio exponen que la pérdida de servicios básicos y negocios hacia otros distritos fue casi en paralelo a la de vecinos, como la pescadilla que se muerde la cola. «Y sin ellos, es complicado dinamizar una zona. Pensamos en la hemorragia pero no en cómo cortarla. Y a ver cómo le damos la vuelta a esto, por ejemplo, con eventos culturales que den otra vida a la zona, cuando el alcalde renuncia por completo a la cultura», apunta uno de los dirigentes.