El «disco duro» de la ciudad de Ourense pelea por sobrevivir entre humedad y hongos

Pablo Varela Varela
pablo varela OURENSE / LA VOZ

OURENSE CIUDAD

MIGUEL VILLAR

El personal del Archivo Municipal, situado en el centro cívico de A Cuña, insta a buscar otra ubicación

01 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Planos del arquitecto Vázquez-Gulías e incluso documentos datados en el siglo XIII sobreviven en el Archivo Municipal de Ourense, una especie de disco duro de la ciudad de As Burgas que pasa prácticamente inadvertido en su actual ubicación, un doble sótano en el centro cívico de A Cuña. «Pero isto está a un 99 % da súa capacidade», advierte Xulio Arribas, el funcionario que atiende el servicio, que suspira profundamente al reflexionar sobre qué necesita el Archivo Municipal para salir de un bache prolongado en el tiempo, ligado a la dejadez de las instituciones con esta cuestión desde hace ya décadas.

Paco Espino, el antiguo archivero, se jubiló en el 2018 tras años y años de advertencias a sus superiores sobre el progresivo deterioro que afrontaba el recinto. Los termohigrómetros de la instalación marcan niveles de humedad que triplican los permitidos en cualquier depósito de este tipo. «E ademais, está mal ventilado e mal orientado tamén a nivel de irradiación solar. Tódolos grupos políticos que pasaron polo Concello de Ourense teñen algo que ver nisto, porque cando tiveron responsabilidades non nos tiveron en conta. Quitando algunha excepción, non baixaron á area para intentar solucionalo», dice.

Escoger un hogar adecuado para el Archivo Municipal no es una cuestión cualquiera, porque el fondo no deja de crecer y la conservación de los antiguos papeles y legajos exige controles de luz y temperatura, por ejemplo. «A función dun arquivo coma este é dar un servizo á poboación. Aquí non para de entrar documentación de tódalas dependencias municipais. Está, a grandes rasgos, a memoria do Concello», ilustra Arribas. Cuando el Archivo se mudó a A Cuña, que entrase en cuidados intensivos parecía cuestión de tiempo. «Cando eu me fixen cargo del, a inicios do ano 1988, estabamos en dous recintos pequeniños do Concello, onde antigamente estaban os calabozos da Policía Local. Entre os dous non sumaban nin 150 metros cadrados, e alí tiñamos amoreado un fondo dunha cidade de máis de 100.000 veciños», recuerda Paco Espino.