La ourensana Ana Blanco cumple 100 años con salud y mucha alegría

María Doallo Freire
María Doallo OURENSE

OURENSE CIUDAD

La centenaria sopló las velas junto a todo el equipo de la residencia San Martiño de Luíntra

23 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Ana Blanco acaba de cumplir cien años pero ninguno de los profesionales que trabajan en la residencia San Martiño de Luíntra le echa la edad que tiene. Puede que sea su carácter jovial, hablador y alegre el que le quita años, pero lo cierto es que a Ana le da igual la cifra, a ella lo que le importa es cumplirlos con salud y felicidad. Y lo cierto es que no le faltan ninguna de las dos. Lleva un año viviendo en el centro de la Fundación San Rosendo y ya se ha ganado el cariño de todos los que la rodean. «Es muy buena y atenta. Le encanta contar historias, echar la vista atrás y rememorar momentos», dice Rita Rodríguez, directora de la residencia, que no se perdió el cumpleaños de Ana. Lo celebraron con tarta y globos y no faltaron los regalos. El más especial lo mandó su sobrino preferido, Toño, desde Gran Canaria: un ramo de flores, bombones y una carta escrita por él y por sus hijos, a los que esta ya centenaria considera nietos. También recibió la visita de sus otros sobrinos que viven en Ourense. Pudo verles, charlar y pasar un rato a su lado. «La familia es muy importante para ella», apunta Rita. Ana no tuvo hijos. Nació en la capital ourensana el 21 de abril del 1921 y aquí se enamoró de su marido Joaquín. Con él vivió en el barrio de A Ponte hasta que falleció. Cuenta que es el mejor hombre que ha conocido, repleto de bondad y de amor por ella. Tenía una empresa de madera que les daba para vivir a los dos así que Ana trabajaba en casa. Recuerda que había días en los que Joaquín se empeñaba en ayudarla con las tareas del hogar: «Siempre buscó mi bienestar». Ahora disfruta de los pequeños momentos, de las confidencias con las sanitarias que la cuidan, de las llamadas con sus sobrinos y de los ratitos a solas ojeando revistas. El miércoles, entre todos, consiguieron emocionarla y no faltaron ni las lágrimas de felicidad, ni las sonrisas. «Sobre todo cuando le pusimos una diadema con luces para celebrar, no paraba de reírse», termina Rita. ¡Que los cumpla feliz!