«A mi perra tuvieron que abrirle el estómago para quitarle alfileres»

Hera es uno de los animales damnificados por las trampas para perros en Ourense

Marco es el hijo de José Antonio y Aurora, dueños de Hera, una shiba-inu de apenas un año
Marco es el hijo de José Antonio y Aurora, dueños de Hera, una shiba-inu de apenas un año

Ourense

José Antonio Fernández y Aurora Rodríguez forman, junto a su hijo Mateo, una de esas unidades familiares en las que «siempre ha habido perros». Cuando el último peludo de la familia falleció, José Antonio asegura que no quería más. «Quedé tocado», admite. Pero, con la insistencia de Aurora y la firme idea de que un amigo de cuatro patas dotaría a la crianza de su hijo de un sinfín de cosas buenas, al final, los tres decidieron ser cuatro. Fue así como Hera llegó a sus vidas, una pequeña shiba-inu que hoy día apenas ha cumplido el año.

Hera tenía tan solo 8 meses cuando, como cada sábado, bajó a pasear aprovechando las primeras horas de la mañana. En este caso fue Aurora quien la sacó, y desde la ourensana rúa Quintián se dirigieron a pasear por el barrio de O Vinteún. «No nos gusta que coma comida del suelo, pero los perros son algo oportunistas», asegura José. En un momento de descuido, Hera se lanzó sobre algo que llamó su apetito. Aurora tiró de ella, pero la perrita ya lo había tragado. Alrededor, varias trampas para perros. «Mi mujer me llamó llorando», dice José Antonio. Hera se había comido un cebo, un trozo de embutido para mascotas repleto de alfileres.

Radiografía pre-operatoria de la perra
Radiografía pre-operatoria de la perra

A partir de aquí, un revuelo. Llamaron de urgencia a la clínica Natureza donde, tras hacerle una radiografía, los especialistas decidieron que era necesario operar. Dos horas y media de quirófano para, entre otras cosas, extirpar de su faringe dos alfileres que se habían quedado trabados. «Tuvieron que incorporarla, meterle un tubo y con suero a presión moverlos hasta el estómago sin provocar ningún desgarro. Fueron días muy largos», explica José Antonio. Después, una lenta y dolorosa recuperación, en la que la perra tuvo que medicarse con protectores gástricos: «Tuvieron que, literalmente, abrirle el estómago. La primera noche después de llegar a casa se sentó a mi lado en la cama y se me quedó mirando, jadeando. No quiero ni recordarlo».

Algunos de los alfileres que le extrajeron
Algunos de los alfileres que le extrajeron

Hoy, Hera solo conserva una calva y una pequeña cicatriz de lo ocurrido aquellos días, pero a la familia, el mal trago y el sentimiento de culpa no se los quita nadie. «Aunque siempre sientes la responsabilidad, realmente puede pasarle a cualquiera», apunta José Antonio.

Recientemente se ha dado un repunte en la aparición de trampas para perros en Ourense. Con ello, esta familia dice haber revivido todo lo que pasó. «Sientes que te han robado los paseos, que no puedes ir con ella tranquilamente, disfrutando del paisaje o de otras cosas». Por ahora, la solución del bozal, les resulta demasiado punitiva. «Es un castigo para ella, y no se lo merece».

José Antonio asegura que el problema es difícil de atajar y que, por lo que sabe, no cree que las autoridades puedan hacer mucho más de lo que ya están haciendo.

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