Otra vez


No será porque no nos lo habían avisado. No será porque no estaba cantado. Ourense vuelve a dar un paso atrás. Y no estamos hablando del fastidio de ya no poder tomar una caña en una cafetería después de trabajar. Estamos hablando de que la economía volverá a sufrir. De que los comerciantes, hosteleros y muchos otros autónomos verán mermados casi hasta el mínimo sus ingresos por unas nuevas restricciones que harán que la ciudad cierre a las seis de la tarde. En plena ola de frío y con la cuesta de enero encima de los talones serán muy pocos los que se animen a salir a la calle. Ahora ya no es momento de lamentaciones, sino de apechugar. Durante las Navidades hubo imágenes muy poco edificantes en muchos espacios públicos. Había locales que superaban claramente los aforos y hubo ciudadanos que se pasaron por el arco del triunfo las restricciones, tanto de manera pública como privada. Muchos de ellos serán los primeros en poner ahora el grito en el cielo y en criticar a las administraciones por tener mano blanda durante las fiestas. Pero la responsabilidad personal en la propagación del virus es muy evidente. Es cierto que decisiones tomadas a prisa y corriendo de cierres apenas 48 horas después de abrir la mano para favorecer la movilidad tampoco ayudan. Confunden y dan mensaje de falsa tranquilidad. Porque la sensación que le queda a uno después de estas Navidades es que muchos pensaron aquello de que la tercera ola era inevitable y que, por tanto, había que darse un capricho. Las consecuencias ya están aquí, tanto sanitarias como económicas. La uci casi vacía del CHUO volverá a llenarse. Y otra vez a la rueda.

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