José Martínez Costas: «Debemos entender que en la ciencia hay plazos que no se acortan sin más»

«A finales de año esperamos saber si la candidata a vacuna merecerá la pena», señala el investigador del Ciqus


ourense / la voz

En la apretada agenda de José Martínez Costas (Vigo, 1963), investigador en el Centro Singular de Investigación en Química Biológica y Materiales Moleculares (Ciqus), cabe la visita que realizará este lunes al colegio Franciscanas, en la ciudad de Ourense, con motivo de la semana de la ciencia que allí se celebra.

-La OMS advertía desde hace tiempo de los riesgos de una posible pandemia. Mientras, la ciencia reclamaba más atención y financiación. ¿Siempre estamos llegando tarde?

-Puede que un poco sí. Se venía advirtiendo esto desde hace tiempo. Recuerdo una charla de Bill Gates, creo que por el año 2015, donde se hablaba de ello. Los gobiernos suelen pasar bastante hasta que tienen el problema encima. Y en el caso del español, el balance de esta última década ha sido desastroso para la ciencia.

-¿Qué se encontraron la primera vez que analizaron el Sars Cov-2?

-Una de las diferencias más notables es que sus cambios en su parte externa lo hacen más infeccioso. Es más efectivo en su conexión con los receptores del ser humano, ahí está su evolución. Es decir, consigue entrar más fácilmente que otros virus. Se habla de que se fue modificando con el murciélago como primer huésped, y la realidad es que los murciélagos son un caldo de cultivo brutal para ello.

-En el caso de su proyecto de vacuna, la estrategia pasa por activar una respuesta del sistema inmune del afectado por el virus. ¿Podría haber una hiperrespuesta?

-Eso no debería pasar. La vacuna es inocua y va dirigida contra las proteínas del virus, así que no debería expandirse. Es decir, la respuesta al virus o a la vacuna no van a ser iguales. Y nuestra vacuna no tiene genoma, por lo que no puede replicarse.

-¿Por qué abogaron por esta vía?

-Teníamos una base anterior. Hace pocos años éramos un grupo de investigación básica. Y estudiamos cómo funcionan los virus, cómo se apoderan de las células.

-¿En qué punto están en lo referente a las pruebas con ratones?

-Lo que hemos hecho hasta ahora es conseguir dos versiones diferentes de la candidata a vacuna. Una es más potente que la otra, y esa es la que estamos acabando de producir para mandarla a Alemania. Los ratones normales son modificados genéticamente, porque carecen de los receptores que sí tienen los humanos. Falta algo de burocracia por el medio, pero esperamos que a finales de mes se esté ensayando el preparado vacunal.

-¿Falta pedagogía para entender que los resultados en la ciencia requieren tiempo?

-Es que ahora parece que se trabaja con el reloj encima de la mesa, y debemos entender que en la ciencia hay plazos que no se acortan porque sí. Por ejemplo, los animales tardan en desarrollar la respuesta inmunitaria a la vacuna.

-¿Hasta qué punto la genética tiene relevancia en la incidencia del virus sobre el afectado?

-Se supone que hay componentes genéticos que te dan una predisposición a desarrollarla peor. Es decir, coger el covid-19 lo puede coger cualquiera, pero el impacto a nivel clínico es diferente en función de cada uno. Es difícil saber hasta qué punto juega un papel la genética hasta que haya estudios concluyentes, pero se está trabajando en ello. Para llegar a una conclusión en base a análisis genéticos necesitas muchísimos casos, secuenciar un montón de genomas e intentar llegar hasta el final.

-En el hemisferio sur, la incidencia de la gripe se ha reducido notablemente, y se vincula con las medidas tomadas ante el covid-19. ¿Se aprenderá de esto?

-Aprendemos a trancas y barrancas. Creo que cuando salgamos de esta situación se olvidará de nuevo. Soy algo escéptico con esto, porque la gente se acostumbra rápido. La llamada gripe española se llevó a mucha gente y ya de aquellas se llevaba mascarilla, pero terminó la epidemia y la gente volvió a su vida normal. Y lo de que se va a potenciar más la investigación, eso tendría que verlo para creerlo.

«Si esto sale bien, tenemos financiada otra prueba que sería en Holanda y con macacos»

Martínez Costas habla en plural cuando hace alusión al trabajo que desempeñan en el Centro Singular de Investigación en Química Biológica y Materiales Moleculares (Ciqus). No apagaron las luces del laboratorio en agosto, cuando el número de casos en Galicia era considerablemente más reducido pero ya se percibía que el virus estaba llamando de nuevo a las puertas. Ahora, trabajan a destajo con la idea de avanzar todo lo posible en la investigación sobre su candidata a vacuna antes de que concluya este año.

-¿Cuánta gente integra su grupo de trabajo?

-En Santiago trabajamos cerca de siete personas. Éramos cuatro en el grupo de investigación básica, se sumó una chica nueva y tenemos la colaboración de dos profesores de la Universidade de Santiago de Compostela. Y en breves se incorporarán dos chicos que están desarrollando sus trabajos de fin de grado. Nos llevamos muy bien y todos están trabajando como bestias. De hecho, vienen los sábados y domingos a menudo sin que nadie se lo haya dicho.

-¿Contaban con recibir apoyo financiero cuando comenzaron a desarrollar la investigación?

-No nos lo creíamos. Quedamos alucinados, porque ahora tenemos ayuda del Instituto de Salud Carlos III, el Banco Santander y la Comisión Europea (CE). Nosotros nos encargamos de producir y un equipo que hay en un laboratorio de Madrid realiza los ensayos.

-¿Cuándo estiman que podrán realizarlos en animales más similares a los humanos?

-A finales de año esperamos saber si la vacuna merecerá la pena. Si esto sale bien tenemos financiada otra prueba en macacos en Holanda, pero está supeditada a que salga bien el ensayo en los ratones.

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