Delmiro Piñeiro: «Es muy gratificante ver nacer una edificación y terminarla»

El arquitecto técnico ha vivido la evolución de la construcción en los últimos 50 años


ourense / la voz

En sus 50 años de dedicación a la profesión, el aparejador Delmiro Piñeiro Durán ha sido protagonista y observador de la evolución de la construcción en Ourense. Lleva desde finales de los años sesenta del siglo pasado dedicado a la edificación en «toda su faceta». Desde su Forxás das Viñas (A Merca) natal, siendo aún bebé se trasladó a Lugo, donde su padre tenía destino como funcionario del Estado. Después de estudiar el bachiller en el Instituto Masculino de Lugo, encaminó sus estudios superiores hacia la arquitectura técnica.

Fue un pariente ya introducido en la profesión quien le ilustró sobre las características de esta disciplina y el joven se fue a Barcelona a matricularse en la Escuela de Arquitectura Técnica. Era el curso 1964-65. Por entonces, recuerda, solo había en España cuatro escuelas de aparejadores: la barcelonesa, la de Madrid, la de La Laguna y la de Sevilla. Ya un año antes de terminar la carrera, comenzó a trabajar en un estudio de arquitectura en la capital catalana. Fueron dos años y medio que supusieron su primera experiencia laboral en la profesión.

Sin embargo, tocaba cumplir con el servicio militar entonces obligatorio, en su caso haciendo las prácticas de milicias universitarias. El aparejador ourensano solicitó destino en el cuartel de Infantería de San Francisco de Ourense. «En mis ratos libres, averigüé cómo podía ser la integración laboral en Ourense. Había pocos colegiados, de hecho tengo el número cuarenta y ahora habrá como 400», cuenta. Así que apostó por Ourense también como destino laboral y se integró durante unos tres años en una pequeña constructora que estaba edificando en el barrio de A Carballeira. También contactó con un par de estudios de arquitectura de la ciudad. Así arrancó una actividad laboral en la que estuvo siempre «ejerciendo la profesión liberal», tejiendo una red de clientes hasta tener su propio estudio, que hoy comparte con su hijo, el arquitecto José Antonio Piñeiro Carrera.

«Yo siempre me dediqué a la edificación en todas sus facetas. Lo que aprendí en Barcelona en el estudio y en la obra me fue de mucha valía para aplicarlo aquí. En Ourense había entonces pocos técnicos colegiados y la formación de los pequeños contratistas era, en general, muy baja y necesitaban del técnico para desarrollar su actividad», explica el aparejador. Por su propia inquietud y por el el empeño de los clientes del rural, estudió y se documentó sobre la construcción en piedra. Sobre este material, comenta que el problema que provoca el gas radón se presenta cuando se utiliza en el subsuelo.

«Durante los primeros quince años de ejercicio de la profesión era una sorpresa grande que me entregaran un proyecto a realizar y darme cuenta, durante la edificación, que no había sintonía entre lo proyectado y las pretensiones de la propiedad. Hoy en día es muy normal realizar un proyecto en connivencia con la idea del propietario desde la fase de diseño», recuerda el técnico. Las diferencias, si las hubiere, se negocian hasta llegar a un buen acuerdo, aclara. En general, y comparado con otras zonas que conoce, Piñeiro considera que «la calidad constructiva en Ourense es alta».

Realizó todo tipo de edificaciones, industriales, viviendas, rehabilitaciones. Alguna le supuso el reconocimiento en prestigiosos galardones como el Juana de Vega de arquitectura por una obra, destinada a vivienda, en el casco urbano de Silleda de cuyo equipo técnico formó parte. Su trabajo le ha llenado, aunque no llegara a él por vocación. Piñeiro destaca que siempre se entregó a la ejecución de los proyectos que el encargaban. «Es muy gratificante ver nacer una edificación y terminarla», concluye.

Y así se lo aconsejó a los nuevos colegiados ourensanos: que antes de ir a una obra lean el proyecto. Y otro apunte: que no descuiden su formación porque las normativas cambian continuamente y se hacen más exigentes.

La construcción se mueve por dinero y la crisis económica lastra

Delmiro Piñeiro vivió «lo fuerte» de la promoción constructora desde mediados de los años sesenta del siglo pasado, tanto en la vivienda unifamiliar como en la de pisos destinados a la venta. «La construcción se mueve por dinero. La crisis económica continuada que venimos padeciendo lastra las iniciativas de construcción. El ourensano es muy dado a tener su vivienda en propiedad. Hoy hay condicionantes que no permiten variar la monotonía de la poca actividad constructiva: ya se construyó mucho y las familias no tienen ahorro. En la capital influye la no aprobación del plan de ordenación. Antes había dinero de la emigración y cualquier comerciante tenía sus ahorros. Yo hice muchas obras para gente emigrante», detalla.

Con la pandemia se ha reactivado «un poco», dice, el sector de las reformas de viviendas en el rural de propietarios que, por herencia familiar o compra a un costo reducido, han buscado un lugar alternativo tras vivir el confinamiento en un piso.

A sus 74 años, Delmiro Piñeiro sigue haciendo proyectos y ayudando a su hijo arquitecto que aprecia su colaboración. Practica aficiones como la caza en el medio rural, pero sigue acudiendo diariamente a su oficina en Ourense.

Su rincón

Quién es. Delmiro Piñeiro es arquitecto técnico. Nació en Forxás das Viñas (A Merca) hace 74 años.

Su rincón. La basílica del santuario de A Armada (Celanova), en cuya construcción participó, en 1995. «Es un edificio modernista, contrasta con lo que había ya construido»

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