El retorno de Dionysos

Abel Barandela presenta su técnica de enopintura en la Galería Visol


ourense

«In vino veritas», Plinio. Polifónica y extensa es la exposición que el pintor Abel Barandela presenta en la veterana Galería Visol, dirigida por Maricarmen Vidal Souto con entusiasmo y compromiso, y comisariada por Cristina Carballedo. Esta es la primera vez que el artista expone en Ourense, su ciudad natal.

En la muestra aborda cuatro grandes líneas temáticas. Por una parte reactiva la memoria con escenas de costumbrismo rural, como Vendimia, luces y sombras de la arquitectura del paisaje, Camino por Santiago, Plaza del Trigo de Ourense. Manchas de Arte con vino, que apuestan por una figuración atractiva y contemporánea, próxima al diseño publicitario y de una frescura inmediata y una serie de ejercicios de pintura rápida, localizaciones y tipos populares cuyo denominador común son los posos de vino transformados en pigmento tras distintos procesos de reducción y oxidación conseguidos con un incremento de calor consecuencia de elevar su temperatura, posterior secado y fijación de la materia ya convertida en plástica por el acrílico y los aglutinantes y fijadores para evitar su envejecimiento orgánico.

No son las sombras aislantes sino la coloración de los objetos lo que delimita los vacíos y redefine los volúmenes dentro de la unidad dinámica de cada escena. Mantiene el realismo inmediato de la proximidad con el tema y la subjetiva idealización del recuerdo entre lo pintoresco y lo artificioso, la ensoñación y el componente folklórico y costumbrista, revalorización de lo autóctono en las escenas rurales y sus rutinas.

La raíz estética de las obras de Barandela reside en la mancha y la vibración de la luz y el instante con las sugerencias implícitas de futuros inmediatos. La epidermis cambiante, parpadeante del neón de la apariencia, es una reinterpretación contemporánea del Impresionismo. Pintura en tránsito en la trepidación nerviosa del trazo y en la huella que dibuja con vino sugerentes pareidolias. Imaginación y evocación sugerida con eficacia en el tinte púrpura, ocre y oxidado del recuerdo, resonancia del élan trepidante de la creación. Capta esa coloración astillada de la realidad inestable y fugaz. Esos cambios cromático-lumínicos crean la obra con la autonomía de la materia orgánica convertida en pictórica. El poder germinal de la mancha en Turner, Matisse o Miró, independiente de su negación figurativa, es fundamental en la pintura sugerida de Abel y se refuerza con la tendente geometría de los volúmenes y en la atmósfera de los vacíos. Un espacio desintegrado, nebuloso, anticlásico, modelado por lo sensible. Suave atemporalidad congelada en la maraña de imágenes que dan forma a nuestro capital cultural antropológico. Barandela desplaza masa, movimiento y escala al terreno de la expresión, hipertrofiando las formas de manera que traspasa siluetas la mancha, determinando la imprecisión subjetiva de los perfiles con la técnica del vino o enopintura, que unifica los valores atmosféricos y equilibra la escena. La coloración de su tinta oxidada y el aspecto cálido y orgánico del pigmento aporta matices cromático-sensoriales infinitos.

Desde Egipto o Mesopotamia hasta la época contemporánea son notables las alusiones al vino en el arte. Frescos en cámaras funerarias de Lúxor y Saqqara, representaciones grecorromanas del dios del vino como el Dioniso de Praxíteles, mosaicos romanos de Mérida, ménades embriagadas y embriagadoras, representaciones cristianas como el Beato de las Huelgas (S.XIII). En pleno Renacimiento Miguel Ángel representa Baco ebrio con una soberbia escultura. El tema mitológico de la bacanal es recurrente en la pintura del Barroco: Velázquez, Tiziano, Caravaggio o Rubens… Goya ilustra a través de él la alegría de vivir y el Impresionismo aporta obras magnificas como El almuerzo de los remeros de Renoir y es puro intimismo y vitalidad en El viñedo de Arlés de Van Gogh, geometría y abstracción en Los jugadores de cartas de Cèzanne, expresión psicológica en Munch, y analítico y sensual en Bouteille de vin y Las señoritas de la calle Avinyó de Picasso.

Muchos artistas han experimentado con café y vino, observando cómo cambian los matices cromáticos y sus intensidades, degradaciones y tonalidades. Investigando con Wine Art encontramos las plásticas expresiones de Amelia Fais, vinorelas de José del Olmo, Melissa Proudlock, Dufrenoy, Manassero…

Abel Barandela nos aproxima a esa cultura del vino de la que es embajador, en concreto del Tinto de Barrantes, siendo reconocida su labor como Valedor de la Orden de vinos del Salnés.

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