200 kilómetros para desayunar


Merece la pena. Cuando alguien pone tanto cariño en un proyecto, circular unas dos horas para conocerlo no importa. Es la distancia que hay, más o menos, entre A Coruña y la zona de San Francisco de Ourense. Allí existía un bar de barrio en los años setenta que en el 2020 es un bar de culto. Abren a las 8.30 de la mañana y, como no madrugues mucho, tienes que esperar cola para poder sentarte. «Entra y sale gente sin parar. Está un poco alejado del centro, no es fácil aparcar por la zona y la gente viene hasta aquí, incluso algunos desde lejos como tú (se ríe). A nuestros clientes hay que hacerles un monumento», destaca Fran Domínguez, el hombre que busca dar un desayuno perfecto. Son ocho personas trabajando en 100 metros con el objetivo de la máxima calidad. «Lo que se da aquí no se da en otro sitio. Cada día ofrecemos un zumo diferente de cuatro o cinco frutas y una hortaliza. La granola la elaboramos en casa con cuatro o cinco cremas diferentes para escoger. Últimamente triunfan la tosta de boniato con huevo y los huevos benedictine. Y tienen mucha salida unas tortitas tipo japonés con merengue que quedan muy esponjosas y son poco pesadas. La bollería la hacemos aquí, aunque ahora tuvimos que contactar con un obrador externo que lo elabora siguiendo nuestra receta porque no damos abasto», relata.

UN OCÉANO EN OURENSE

La guía Michelin se fijó en él y le concedió una distinción Bib Gourmand. «Cuando empecé quería hacer algo especial. No es café, ni restaurante, ni cafetería... Hay gente que viene por los desayunos, otros por las comidas, y los hay que se acercan para merendar», asegura. Para almorzar solo hay posibilidad de pedir un menú degustación sorpresa que consta de ocho pases y que sale a 30 euros más la bebida. «Por el momento nada de cenas, mientras pueda evitarlo. Sí que es cierto que me gustaría dejar este local solo para desayunos y llevarme las comidas para otro espacio diferente. Me ronda la cabeza. Creo que no hay nada igual que lo que tengo en mente. Pero no sé si es el momento», reflexiona Fran. En estos últimos tres años tuvo ofertas para montar Pacíficos en Oporto, Lisboa o Madrid, pero no se atrevió a dar el paso. Su abuelo trabajaba en la marina noruega y la ruta que más hacía era por el Pacífico. Cuando su mujer se quedó embarazada cambió el mar por el interior y montó un negocio con este nombre. Un océano en Ourense.

CAFÉ EXCLUSIVO

Recorrer casi 200 kilómetros para desayunar fue una aventura con final feliz. Me encantó el café. «Creo que soy bastante radical. No sirvo ni cocino nada que yo no tomaría. Para el café tenía claro que quería un proveedor ourensano. Hablé con Las Antillas-Campos y nos pusimos a buscar la mezcla ideal. Al final nos decidimos por un Arábica con un diez por ciento de Robusta. Me lo tuesta la misma semana que le hago el pedido y a veces llega caliente. No hay otro sitio en Ourense con el mismo café», explica este hostelero de 42 años que seguro que va a dar mucho que hablar en el futuro. Eso sí, la próxima vez iré a desayunar en tren a tierras ourensanas.

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