Dos raquetas y un destino

María Teresa Rodríguez Vázquez
maite rodríguez OURENSE / LA VOZ

OURENSE CIUDAD

Agostiño Iglesias

José y Pablo Mosquera están unidos familiarmente y en su pasión por el tenis

21 sep 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Dicen que no es bueno que los padres proyecten sobre sus hijos sus sueños incumplidos, pero hay veces que los niños siguen el camino soñado por los progenitores. Algo así le ocurrió a José Mosquera con su hijo Pablo, que se convirtió en periodista y destacado tenista gallego, dos actividades que José pensó hacer y no pudo. «No hubo presión de ningún tipo», aclara Pablo.

La afición de los Mosquera por el tenis comenzó en el progenitor a finales de la década de los sesenta. Por entonces, en Ourense no había apenas instalaciones, y José Mosquera se inició en el tenis de mesa, modalidad de la que fue campeón provincial en 1972. Después sí que jugó más en pista y al nacer su hijo lo llevó a distintas actividades deportivas, entre ellas al tenis. Cuando Pablo era pequeño, ambos entrenaban juntos, pero a medida que el hijo fue creciendo en el deporte, el tenis se convirtió para él en «un estilo de vida». «Desde los seis años estoy jugando al tenis, apenas con dos semanas de descanso. El tiempo de la cuarentena fue el más estuve sin jugar con una raqueta. De pequeño, fui poco a poco aumentando la intensidad de los entrenamientos; por suerte se me daba bien, empecé a competir y a conseguir resultados. El tenis me ha dado mucho, gracias a este deporte he estudiado la carrera, y lo que hago ahora profesionalmente- docencia y contenidos escritos y audiovisuales sobre el circuito- tienen que ver sobre el tenis», cuenta Pablo sobre su trayectoria.

En ese camino estuvo acompañado por José. «Siempre me llevaba de un lado a otro», admite el hijo. Viajes por toda Europa, 300 kilómetros al norte de Estocolmo en pleno invierno, Austria, Alemania, Reino Unido, Holanda y otros países, como Egipto, recuerdan ambos. «Nuestras vacaciones eran sus torneos, pero también disfrutábamos, él competía e íbamos a visitar sitios», indica José. «Cuando estaba en mi apogeo tenístico, el calendario familiar se basaba en mis torneos. Mi padre estuvo siempre ahí; cuando eres pequeño crees que es lo normal, pero con el paso del tiempo se ve que fue un lujo», reconoce Pablo.