Jácome lleva a Ourense a su peor momento de parálisis en ocho años

Los problemas de gestión marcaron tres mandatos, con diferentes siglas


ourense / la voz

La crisis en la que está inmerso el Concello de Ourense ha condenado a la tercera ciudad de Galicia a la parálisis. Pero ni crisis ni parálisis son palabras nuevas para los vecinos de la capital, como tampoco lo son otras muy repetidas en las últimas semanas: bipartito roto, gastos impropios o ediles díscolos. Eso sí, hay que hacer memoria.

En el 2007 —tras doce años de gobierno del popular Manuel Cabezas, que contribuyó a darle un cambio de imagen a la ciudad— el PSOE y el BNG se aliaban en un bipartito encabezado por Francisco Rodríguez. Políticamente le fue más rentable a los primeros que a los segundos: cuatro años después, los socialistas pasaban de ocho a once concejales y los nacionalistas de seis a tres. En todo caso, revalidaban su alianza y la lógica dictaba otros cuatro años de normalidad. Pero la jueza Pilar de Lara, con la imputación del alcalde en la Operación Pokemon, hizo que el Concello saltara por los aires. La renuncia del regidor del PSOE, forzado por sus socios del BNG, se ve con otra perspectiva ocho años después, con la jueza sancionada. Lo cierto es que, en aquel momento, el Ayuntamiento de Ourense se convirtió en cualquier cosa menos en un lugar tranquilo. Y la ciudad, y los ciudadanos, empezaron a pagar la factura de la paralización que, sin que nadie pudiera preverlo, siguen abonando en la actualidad.

El sucesor tras aquella crisis motivada por De Lara fue el también socialista Agustín Fernández. Ya sin los nacionalistas en el gobierno (los tres ediles con los que había iniciado el mandato habían renunciado por la imputación de uno de ellos), los problemas le acabarían llegando de su propio partido. El destino de los fondos económicos del grupo municipal del PSOE —una parte se dedicó a la compra de alcohol y a la contratación de mariachis para una fiesta en casa del exalcalde— abrió una crisis que acabó con cinco ediles abandonando el salón de plenos para saltarse la disciplina de partido. La imagen ilustró la guerra socialista, desatada por los denominados «gastos impropios» pero sustentada en diferencias más profundas. El regidor se quedó en la práctica con seis de once concejales, complicándose la gobernabilidad.

Este mes, cinco ediles de Democracia Ourensana (partido que tomó las riendas de la ciudad en coalición con el PP y con Jácome como alcalde) presentaban un escrito en la Fiscalía denunciando presuntas irregularidades. Temían que les salpicasen y querían cubrirse las espaldas. Aunque sorprendente, el fondo de su estrategia no es inédito en el Concello de Ourense: en los últimos meses de los socialistas en el gobierno, en el 2014, dos edilas ya pidieron abandonar el cargo por el «peligro» de delinquir.

En el 2015 las siglas se movieron. El PP, con el exconselleiro Jesús Vázquez, lograba la alcaldía, aunque no con margen suficiente para gobernar con solvencia: tenía diez concejales. Y el outsider que se había colado en la corporación durante el mandato anterior, Gonzalo Pérez Jácome, daba la campanada logrando ocho representantes y convirtiendo a Democracia Ourensana en el principal grupo de la oposición. Jácome amortizó ese papel y se convirtió en el azote de los populares, incapaces de llegar a acuerdos con los que sacar adelante proyectos de ciudad. La capital estaba paralizada: el PP no logró aprobar presupuestos en cuatro años ni tampoco sacó adelante el PXOM —está vigente el de 1986—, que ya habían dejado encarrilado los socialistas. La caducidad de importantes concesiones y la ausencia de grandes proyectos de ciudad convirtieron el mandato en un páramo. Las elecciones, y el pacto posterior, dejaron la sorpresa de un bipartito de PP y DO, con votos suficientes para sacar a Ourense del atolladero de gestión en el que se encontraba. Pero, un año y tres meses después, la ciudad está más atascada que nunca.

El alcalde quiere aguantar mientras el PP se abona a la presión y espera a que se rinda

El pacto de Partido Popular y Democracia Ourensana permitió conseguir algo que debería ser rutina: aprobar presupuestos. En la tercera ciudad de Galicia hay unas cuentas y dinero para gastar. Pero la crisis abierta por la denuncia de los ediles díscolos de DO ha vuelto a pulsar el botón de pausa. Lo cierto es que en estos meses, aparte de los presupuestos, no hubo grandes proyectos ni decisiones de calado. Las críticas por el abandono en el que estaba sumida la ciudad, a pesar de la aparente estabilidad política, eran notorias. El PXOM seguía atascado por diferencias entre el PP y Jácome. Y el alcalde dedicó más tiempo a hacer anuncios grandilocuentes que a concretarlos.

La salida del gobierno de los críticos de DO y de los socios del PP dejó a Jácome con la responsabilidad sobre sus hombros y solo otras espaldas para compartirla, las de su fiel amigo Armando Ojea. No se puede convocar ni una junta de gobierno por falta de cuórum. El alcalde, que tiene la firme pretensión de resistir, confiaba en resolver ese problema con la entrada de un edil que se consideraba alineado a él pero ni siquiera eso está claro.

Mientras tanto, el PP se ha abonado a la estrategia de la presión, con movimientos como el de Feijoo obviando a la capital, al ofrecer ayuda para superar la crisis económica a todas las ciudades gallegas menos a Ourense. Los populares no se sientan a hablar con el resto de partidos sino a esperar a que Jácome claudique para recolocarse en el Concello. Y mientras, la ciudad sigue atada de pies y manos.

Sin moción de censura no hay salida

La alternativa al gobierno en inmensa minoría de Jácome pasa por un acuerdo global

La crisis de Democracia Ourensana y la ruptura del pacto de gobierno en Ourense entre Jácome y el Partido Popular ha llevado a la ciudad a un callejón de difícil salida. La única vía de escape, toda vez que el líder de DO ya ha dejado claro que hará de la resistencia su modo de gobernar la tercera ciudad de Galicia, pasa por una moción de censura. Partiendo de la base de que una urbe de 106.000 habitantes no puede estar gobernada por dos, o como máximo tres concejales, el resto de actores políticos de la corporación municipal tienen la obligación de sentarse a negociar un acuerdo con altura de miras, que dé respuesta a una situación excepcional. Para PP, PSOE, Ciudadanos y BNG quedarse de brazos cruzados viendo como Jácome se consume en la hoguera de la ingobernabilidad no es una opción.

Cada vez son más las voces llegadas desde ámbitos sociales, económicos y culturales que piden una reacción urgente para devolver la estabilidad a la ciudad. Roto el acuerdo entre Jácome y Baltar, la moción de censura se convierte en un paso inevitable para evitar que Ourense pierda otros tres años de gestión municipal.

El BNG lanzó una primera reunión esta semana para buscar una alternativa a Jácome y su gobierno de mínimos. La propuesta venía con las cartas marcadas desde el momento en que ya proponía una solución antes de sentarse: un gobierno en minoría del PSOE. El PP optó por no acudir a ese encuentro alegando que un partido minoritario no le iba a marcar la agenda y que se trataba de una propuesta «trampa» para hacerle un «cordón sanitario» a su partido. Ese veto popular a ni tan siquiera sentarse resulta difícilmente comprensible cuando sus siete ediles forman parte del problema, toda vez que hace algo más de una semana optaron por romper un pacto de gobierno que dejaba al alcalde contra las cuerdas.

Los populares —con el exconselleiro de Cultura y exalcalde de Ourense, Jesús Vázquez, como renacido portavoz— se aferran al mantra de que debe ser Jácome quien aporte la solución dando explicaciones de a qué destina el dinero que su partido recibe de fondos públicos y de donaciones o dimitiendo. Ese tiempo parece superado, ya que el alcalde de Ourense ha demostrado con palabras y con hechos desde que se quedó con el único apoyo de su teniente de alcalde, Armando Ojea, que no tiene pensado dimitir ni tampoco dar explicaciones.

La moción de censura, por tanto, es inevitable a no ser que el futuro que quieran el PP y el resto de partidos con representación en el Concello de Ourense para la tercera ciudad de Galicia sea un gobierno bloqueado y sin capacidad de decisión. Hasta el momento las únicas propuestas claras que hay sobre la mesa son las de los dos partidos con menor representación. A la lanzada por el BNG (2 concejales) de una moción de censura apoyada por todos los partidos para quitar a Jácome la alcaldía y dársela en minoría a Rodríguez Villarino (PSOE) se suma la lanzada por Ciudadanos, que se ha mostrado partidario de un gobierno de concentración con PSOE y PP de la mano. «Es una situación excepcional que requiere una solución excepcional», explicó el portavoz de la formación naranja, el expopular José Araújo. La primera de ellas tiene su punto débil en que devolvería a Ourense a un escenario de un gobierno sin la mayoría necesaria para lograr acuerdos que no pueden demorarse más, como la aprobación del plan de urbanismo. La segunda, resulta políticamente muy compleja.

Otras vías más clásicas para conformar gobierno pasarían por la tradicional división de la corporación en los dos bloques de izquierdas y de derechas. El formado por PSOE y BNG suma once apoyos que son insuficientes para dar estabilidad al gobierno, mientras que el que conforman PP, Ciudadanos y los ediles críticos de Democracia Ourensana llega hasta los trece apoyos. Podrían subir hasta catorce si finalmente el nuevo edil de la corporación, Telmo Ucha, da la espalda a Jácome. Es una opción que él mismo todavía no descarta a tres días de tomar posesión. Esos catorce votos no servirían para lanzar la moción de censura, toda vez que los cuatro de los críticos no son tenidos en cuenta por haber formado parte del gobierno, pero sí que tendrían valor para sacar asuntos trascendentales para la ciudad en el salón de plenos donde esa cifra de catorce concejales marca la frontera entre la mayoría y la minoría.

Más allá de cábalas, lo cierto es que los partidos que forman parte de la solución al problema que ha generado la ruptura del gobierno liderado por Jácome deben tener la suficiente altura de miras para no bloquear una salida consensuada y que cuente con un apoyo mayoritario para gestionar con soltura en el salón de plenos los temas más urgentes que tiene encima de la mesa la tercera ciudad de Galicia.

La división del PSOE

Tampoco debe pasar desapercibida la debilitada situación que vive el PSOE en la ciudad de Ourense, con cinco de sus nueve concejales que no respaldan a su líder Rodríguez Villarino, cuyo principal objetivo es alcanzar el sillón de mando que ahora ostenta el debilitado Gonzalo Jácome.

Quién es quién

Rodríguez Villarino, portavoz del PSOE

Lidera la lista más votada y ser alcalde es su reto. No tiene el respaldo de todo su grupo municipal.

Natalia González, viceportavoz del PSOE

Forma parte de los cinco concejales que no sigue los postulados de Rodríguez Villarino.

Jesús Vázquez, coordinador del PP

El exalcalde había tenido un escaso papel antes de la crisis, pero ha regresado a la primera línea.

Jorge Pumar, ex teniente de alcalde del PP

El hombre de confianza de Baltar en el Concello y el que más lidió con Jácome en el mandato.

Miguel Caride, portavoz de DO

Líder de los díscolos y fieles al PP, quieren recuperar el poder en la ciudad sin la tutela de Jácome.

José Araújo, portavoz de Cs

Exconcejal del PP, se muestra partidario de un acuerdo entre los dos grandes partidos.

Luis Seara, portavoz del BNG

El líder nacionalista propone que el PSOE gobierne en minoría y que el PP pase a la oposición.

 

Jácome, de los insultos y las faltas de respeto a dinero para su televisión

r. n.

Gonzalo Pérez Jácome no sería quien es, y no sería el alcalde de Ourense, sin Auria TV. En su propia tele local nació y creció como político, arropado por amigos. Algunos lo siguen siendo. Otros, tras los acontecimientos de las últimas semanas, ya tienen categoría de enemigos. Con el superhéroe Miño Man como símbolo, denunciaba el caciquismo y censuraba la política tradicional, siempre con su particular sentido del humor. Los ourensanos empezaron a conocer a Jácome y, cuando llegó el momento, le consintieron que se sentara en el salón de plenos del Concello, adonde quería llegar para levantar las alfombras. Los que creían que Democracia Ourensana sería un exotismo se equivocaron. En un momento en el que muchos vecinos estaban hartos de los políticos tradicionales y cansados de ver que la ciudad estaba estancada, Jácome dio el pelotazo (era el 2014) y consiguió ocho ediles, insuficientes para sus objetivos, pero que llegaban de sobra para hacerse oír y bloquear al gobierno del PP durante cuatro años. Los insultos y las faltas de respeto eran la banda sonora de su forma de hacer oposición.

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