La curva del virus vuelve al ecuador de mayo: «La gente se está descuidando con las medidas»

«Si se toma en serio, no sería preciso un segundo encierro», dice el virólogo Juan García Costa


ourense / la voz

Mientras la provincia de Ourense mira de reojo la llegada del otoño y el personal sanitario se prepara ante una posible coincidencia temporal de la gripe estacional con la segunda ola del coronavirus, la curva de afectados por el covid-19 sigue al alza.

El confinamiento decretado desde el inicio del estado de alarma fue clave para cortar la cadena de transmisión del virus tras su detección en el territorio a inicios de marzo, pero evitar un regreso a ese pasado depende, en gran forma, de tres pautas básicas que se han repetido hasta la saciedad: el uso de la mascarilla, la higiene general y de las manos en particular, y mantener la distancia de seguridad -entre un metro y medio y dos metros-.

Juan García Costa, miembro de la Sociedad Española de Virología y actualmente en el laboratorio de microbiología del CHUO, estima que «si la gente se tomase las cosas realmente en serio, no creo que sea necesario un segundo encierro». La cuestión es que, tras la vuelta a las calles y el regreso de la movilidad entre autonomías, la circulación del virus se reactivó, aunque nunca llegó a estar en estático. En el caso de Galicia, el estado de alarma concluyó el día 15 de junio y, por aquel entonces, en la provincia de Ourense había 26 casos activos de coronavirus, todos ellos en régimen de aislamiento domiciliario. Ahora, a 30 de agosto, hay 300, cifras similares a las que había a mediados de mayo.

El trazo de la curva tiene un vínculo directo con la recuperación de visitas y viajes entre territorios, ya en la temporada estival. Por ejemplo, cuando Ourense estaba al borde decir adiós a la epidemia, con un único caso activo el día 9 de julio, se constató al día siguiente la detección de un brote importado en el concello de Beariz, con cuatro afectados: tres miembros de una misma familia que habían llegado desde México y una persona de O Carballiño que tuvo contacto directo con ellos durante su estancia en el municipio. Desde entonces, el goteo de brotes en el territorio no se detuvo, y casi siempre con un denominador común: focos localizados en el marco de encuentros familiares o de amigos.

La Xunta de Galicia puso en marcha el pasado 29 de julio un registro de viajeros originarios de países o regiones españolas con alta incidencia de covid-19. En el caso de Ourense, las últimas cifras aportadas por Sanidade a mediados de agosto reflejaban que la mayoría de los inscritos llegaron de comunidades autónomas como el País Vasco o Cataluña, seguidas por Madrid. Sin embargo, desde el área sanitaria provincial también sospechan que hay quien viajó desde zonas de riesgo pero no avisó, bien por desconocimiento o por dejadez.

Cuando se habilitó este listado de viajeros había 7 casos activos de covid-19 en la provincia. El primer positivo asociado a este registro se documentó el día 1 de agosto, tras la detección de un afectado que llegó desde la República Dominicana. Y es que en Ourense, el progresivo ascenso de la curva está vinculado a movimientos poblaciones de fuera hacia dentro, no tanto el ocio nocturno. «No caso de Ourense está claro que foron visitantes, fosen ocasionais ou retornados, e iso deixou gromos tanto no rural como no urbano», señala el gerente del área sanitaria provincial, Félix Rubial.

La responsabilidad individual

Hasta este sábado, en la provincia de Ourense se detectaron 31 brotes de coronavirus dentro de la temporada estival. Cinco de ellos ya están inactivos: Beariz, Baños de Molgas, Vilar de Barrio, San Cibrao das Viñas y uno de los localizados en la ciudad de Ourense.

De inicio, la mayoría se registraron en pequeñas parroquias y aldeas de la provincia, vinculados a visitas de personas con segunda residencia en los núcleos afectados, pero más recientemente se han encontrado focos más dispersos y difíciles de trazar en barrios como el de Mariñamansa, en Ourense, con 16 afectados por el momento y el cierre de varios establecimientos.

Profesionales sanitarios como el virólogo Juan García Costa perciben que «en general, la gente se está descuidando más con las medidas», en relación a esa falsa sensación de seguridad que hay con las amistades cercanas o de contacto diario.

La cuestión es: ¿Funcionan ahí las medidas como la mascarilla o la distancia social? «Creo que a todos nos ha pasado, de ver a cinco o seis personas andando por la calle, relativamente separadas, pero que llegan más tarde a una terraza y se quitan la mascarilla y se sientan juntas. Por no hablar de las fiestas nocturnas, porque son eventos en los que más pronto o más tarde se descuida todo», dice García Costa.

«Dependemos de la voluntad de la gente, porque lo tenemos en nuestra mano. Pero lo que no puede ser es que haya normas y leyes para no cumplirlas. Si no se acatan, debe sancionarse al infractor, porque creo que la gente no entiende otra cosa», avisa García Costa.

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