OURENSE

La dichosa moneda al aire. Lo hemos escuchado tantas veces al hablar de fútbol. Es un cara o cruz, los pequeños detalles, merecieron ganar los dos. Pero al final, es uno el que se lleva el premio y el otro se queda con la hiel.

Tomas aire, respiras y lo piensas con frialdad. Llegas a la conclusión de que se trata solo de un deporte. Pero fastidiar, fastidia un rato. Hablo del sinsabor que se le quedó en los labios al Ourense CF. Otra vez a un gol de la Segunda B, como aquel Puente que dirigía José Antonio Mira Starski, en el ya lejano 1996.

Es bagaje histórico y, después de leer crónicas, artículos y distintos enfoques, me quedo con esa caballerosidad de Yago Iglesias. Pocos como él pueden hablar de lo que es quedarse a las puertas y, aún así, no dejó de crecer como uno de los mejores técnicos de Galicia. Y no olviden que Fran Justo y ese mismo Ourense CF también se quedaron el pasado año a un paso de la promoción. Es cuestión de constancia y de seguir creyendo. Porque en un juego de pelota redonda es muy complicado aventurar resultados.

La cara, esta vez, tuvo forma de coche y ruido de motor. El Rali de Ourense es un gigante al que ni siquiera tumbó el coronavirus. Quizás porque sus experimentados organizadores estaban empeñados en rendirle el mejor de los homenajes al desaparecido José Ramón González, partiendo de alguna de sus propias ideas. Y lo hicieron. Y el automovilismo de élite volvió a rugir por aquí, como apertura del nacional de Asfalto. Un modelo para quienes empujen en la salida del túnel de la pandemia. Mientras, sea cual sea el resultado, cuando la moneda está en el aire, la adrenalina fluye.

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La moneda