«Aquí vivimos como en Alaska o en Laponia, pero sin tanto frío»

El sociólogo afirma que la demografía es un síntoma de cómo funciona la sociedad

Alberto Saco, en el colegio Curros Enríquez, donde fue alumno
Alberto Saco, en el colegio Curros Enríquez, donde fue alumno

ourense / la voz

Alberto Saco Álvarez (Ourense, 1965) habla con nostalgia de su infancia. Vivía en un chalé justo donde ahora está el centro comercial Ponte Vella y por toda aquella zona jugaba con sus amigos. Siempre observó con atención el mundo que había a su alrededor y, ahora, como sociólogo, puede analizar la evolución de su barrio y de la propia ciudad con una mirada especial.

La vida ha cambiado mucho desde que jugaba al fútbol de portal a portal, con interrupciones intermitentes para dejar pasar a los coches. También construían carrilanas para lanzarse por la orilla del río Miño o juntaban los Scalextric de todos los amigos para montar un gran circuito. «No necesitábamos un club social», explica Alberto Saco, que confiesa que en su cuadrilla también eran un poco gamberros. A veces, recuerda entre risas, había más que palabras con pandillas de otras zonas: «Yo siempre libraba. Era el más pequeño y me usaban como vigilante, para avisar a los otros. Así yo era el primero en salir corriendo».

En los años setenta se disparó el desarrollo urbanístico y uno de los pasatiempos del grupo era jugar en las obras, pero aquello anunciaba otros cambios en el barrio. Se perdió, según cuenta, la complicidad que había entre los vecinos. «Cuando empezó a llegar gente nueva, todo cambió. Antes hacíamos gamberradas y todo el mundo sabía quiénes habíamos sido, pero las madres guardaban el secreto y todo quedaba en nada. A partir de entonces, si pasaba cualquier cosa, ya denunciaban a la policía», explica Alberto Saco, que estudió en el colegio Curros Enríquez, a un tiro de piedra de su casa.

Sacaba muy buenas notas y, aunque hubo un largo paréntesis en sus estudios, también acabó con éxito Sociología en la Complutense de Madrid. Allí empezó como becario en el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) y allí seguía cuando vio una oferta que parecía hecha a su medida en la Universidade de Vigo, y más en concreto en el campus de Ourense. Se decidió a volver. Hizo, por lo tanto, el camino inverso a muchos otros emigrantes ourensanos. «Nadie quería venir aquí a dar clase, pero yo siempre he preferido ser cabeza de ratón que cola de león. ¿Un puesto en la Universidad, y en mi casa? Era muy tentador. Para conseguir algo parecido en Madrid habría que estar doce años llevándole la cartera al catedrático», bromea.

La solución, la economía

Su experiencia es una excepción en una provincia que parece en desalojo. Y, teniendo delante a un experto en la materia, la pregunta es obvia: ¿Hay solución? «La única solución es la economía. La demografía es un síntoma de cómo funciona la sociedad. Si no hay actividad económica, la gente se marcha a otros sitios», dice Alberto Saco, que cuenta que tiene a dos hijos «ya con un pie fuera» de Ourense. «Lo raro es lo mío, que volviese aquí», concluye.

Pero no se arrepiente de la decisión. «Estoy encantando de mi vida aquí. Aquí vivimos como en Alaska o en Laponia, pero sin tanto frío», explica el profesor, que cree que la baja densidad de población puede ser una oportunidad para la provincia en el mundo actual. Alberto Saco apuesta por el optimismo: «No hay obstáculos. Hoy en día tenemos la oportunidad de hacer muchas cosas nuevas».

De dejar el colegio a los 14 años a premio nacional de fin de estudios en Sociología

Cuando tenía 14 años, Alberto Saco decidió dejar los estudios y se fue a Ferreira de Pantón para montar una comuna. Después estuvo trabajando en la fábrica de ferralla de su padre durante tres años y con 19 años retomó el bachillerato, primero por correspondencia y después en el nocturno de Ourense. Acabó estudiando Sociología en la Complutense y, después de todo lo vivido, aquello le pareció fácil. «Después de estar tres años haciendo tubos eso era una jauja», dice Alberto Saco, que recuerda que organizó sus estudios como si fuese una jornada laboral de ocho horas diarias. Curiosamente, su primer examen lo suspendió, pero acabó terminando esa asignatura con matrícula. Luego vinieron muchas más y acabó ganando un premio nacional por sus notas.

Cuenta que, al principio, se sentía mal por haber dejado su formación a los 14. «Luego te das cuenta que vale más que la carrera incluso. Para un sociólogo es básico estar en contacto con la realidad», resume.

DNI

¿QUIÉN ES?

Alberto Saco Álvarez. Nació en 1965 en Ourense.

¿QUÉ HACE?

Doctor en Sociología. Es profesor titular en la Universidade de Vigo y trabaja en el campus de Ourense.

SU RINCÓN

CEIP Curros Enríquez. Allí es donde estudió. «Sacaba buenas notas, pero pasé de niño modelo a revolucionario», recuerda.

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