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Sigue siendo lugar de encuentro. Los ourensanos perciben el paseo fluvial del Miño como su refugio de verano. Son los espacios ocupados por las termas, los lugares en los que descansar, tomar el sol y quedar con familiares y amigos. Desde hace años es, también, referente turísticos de la ciudad con el puente romano, As Burgas o la catedral. Y lo más importante: una razón para repetir y un plus del turismo de interior. Pero julio arrancará no solo con las termas públicas cerradas -el Concello de Ourense espera una decisión de Sanidad para el uso de estos espacios tras la pandemia del covid-19- sino también sin la puesta a punto de las estructuras que las acompañan. Baños cerrados, fuentes que no echan agua y restos de cintas que fueron colocadas el pasado diciembre, hace seis meses con la crecida del Miño, es la imagen que perciben los turistas que estos días llegan a la ciudad.

La zona más concurrida es A Chavasqueira y, aunque las pozas están casi vacías y sin limpiar, algunos bañistas siguen usándolas para refrescarse. Con la vista puesta en las todavía sin rehacer termas privadas que fueron pasto de las llamas, los bañistas se topan con papeleras llenas y raíces de árboles que levantan la tierra y que suponen un riesgo para los que disfrutan de la zona. Ni la ducha ni la fuente tienen agua y los visitantes se arremolinan a la orilla del Miño para refrescarse un poco. Los baños y los vestuarios están cerrados.

En O Tinteiro, una cinta de plástico de Protección Civil atada a una columna recuerda las inundaciones del pasado diciembre Los grifos para refrescar los pies siguen sin funcionar y las pintadas cubren, además del algunas columnas, la placa que indica donde nos encontramos. La fuente del centro funciona, aunque la estructura donde cae el agua esté oxidada y ligeramente despegada. Al lado, eso sí, un artilugio permite higienizar las manos accionado un pedal de suelo.

El camino sigue hacia O Muíño da Veiga. Y más de lo mismo. Cintas de la policía todavía atadas, pero rotas, un cartel tipo folio que indica que las pozas están fuera de servicio y la placa en piedra que dice dónde estamos, con pintadas. Dentro del recinto la gente toma el sol e incluso algunos se atreven y se meten en las pozas, todavía sucias, y con el agua mediada.

La ruta prosigue hasta Outariz y lo que sí se ha repuesto es el camino de tierra que se habían tragado las últimas riadas. Tras las termas abiertas, las privadas, se encuentran las públicas. Las pozas están vacías y en plena remodelación, ya que incluso se pueden ver cubos negros de plástico con piedras apiladas esperando a ser colocadas, justo al lado de algún que otro bañista. Del antiguo parque infantil todavía quedan restos, algunos peligrosos para los niños, y no hay visos de una reforma importante. Al fin del paseo, empieza la ruta ambiental Outariz-Untes, anunciada en un cartel cubierto de pintadas y maleza.

La piscina termal de As Burgas sigue cerrada. Será, afirmaron desde el Concello, la primera que volverá a dar servicio a los vecinos y a los turistas. Sigue a la espera de que el sistema de clorado funcione para asegurar a los bañistas todas las medidas sanitarias necesarias tras el covid-19. Así, el mes de julio arrancará en la capital sin uno de los atractivos más turísticos.

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Julio arrancará en la ciudad sin oferta termal pública