«Os pontinos sentímonos esquecidos. Ourense nunca nos prestou atención»

«O movemento veciñal leva moitos anos secuestrado», lamenta Manuel Alvarado

Manuel y David Alvarado, junto al edificio de la Plaza de Abastos de A Ponte
Manuel y David Alvarado, junto al edificio de la Plaza de Abastos de A Ponte

Ourense

La fusión de Ponte Canedo y Ourense culminó en 1943, hace 77 años. Por aquel entonces, no habían nacido todavía ni Manuel Alvarado Fariñas ni mucho menos su hijo, David Alvarado Roales. Sin embargo, ambos se declaran pontinos antes que ourensanos. Y, como ellos, muchos de sus vecinos. «Cando cruzamos o río, dicimos que imos a Ourense, non que imos ao centro», explica David, que cree que, además de la separación física, también la hay emocional: «Ourense nunca nos prestou atención. Cando se fala de peonalizacións ou de comercio de proximidade so é do de alí. Sempre se esquecen de nós».

Ese sentimiento de pertenencia está tan desarrollado en A Ponte que «hai moita xente que non é de aquí, pero que vén vivir e en cinco ou dez anos xa se sente de aquí», cuenta David. Mientras dice esto, su padre asiente con la cabeza como signo de aprobación. Sabe bien de lo que su hijo habla porque dedicó parte de su vida a dar la cara para defender los intereses del barrio. No en vano, Manuel fue el «alcalde da Ponte», como le gusta decir a David.

Movimiento vecinal

Y es que fue presidente de la asociación de vecinos de A Ponte entre los años 1994 y 2000. Manuel Alvarado recuerda con especial cariño aquella época y las movilizaciones que ayudó a organizar para conseguir un nuevo centro de salud o para ampliar el colegio. «Naquel tempo as asociacións de veciños tiñan peso e reivindicaban cousas. Agora movemento veciñal leva moitos anos secuestrado», lamenta el hombre, que no tardó en dar el salto a la política para tratar de hacer realidad las reivindicaciones de sus convecinos.

De aquella temporada sí que no guarda un buen recuerdo. En el año 1999 fue como número ocho en la candidatura del PSOE. Los socialistas lograron siete concejales, pero la renuncia de uno de ellos hizo que Manuel acabase estrenándose como edil cuando ya había arrancado el año 2000. Eran tiempos difíciles para el partido y en el año 2003 la crisis interna derivó en escisión. Alvarado se fue con Antonio Troitiño y en ese año 2003 se presentaron a las elecciones con la marca Socialistas por Ourense, pero el experimento no tuvo éxito «e optamos todos por irnos cada un para a nosa casa». Fue, confiesa él, un «proxecto fallido».

Tampoco le salió bien a David su reciente aventura política. El interés por ello ya le venía de antes. De hecho, cuando estaba estudiando Ciencias Políticas en Granada, ayudó a su padre con la campaña de Socialistas por Ourense. El caso es que David vivió largas temporadas fuera de A Ponte, del municipio ourensano e incluso de España, pero hace unos años volvió y se afilió a Podemos. Acabó siendo su candidato a la alcaldía en las elecciones municipales del año pasado, pero hace unos meses abandonó la militancia del partido morado por discrepancias en torno a la gestión interna de la organización a nivel local.

Ambos salieron escocidos de su apuesta por la actividad política orgánica, pero afirman mantener intacto su compromiso con las necesidades del barrio de A Ponte. «Moitas das cousas que reivindicabamos cando era presidente da asociación de veciños hai vinte anos seguen igual ou peor», lamenta Manuel Alvarado. Entonces es su hijo el que asiente con la cabeza.

 

La mercería Alvarado aún sobrevive pese a las dificultades

Por edad, Manuel Alvarado podría haberse jubilado ya, pero sigue al frente de un negocio histórico en el barrio, un comercio que además lleva su apellido, la mercería Alvarado, en la calle San Rosendo. Todavía no le ha puesto fecha a la retirada, pero no tardará mucho en llegar, comenta el hombre, que destaca las dificultades que están atravesando los pequeños comerciantes. Habla del impacto que suponen las grandes superficies o la venta en línea para su negocio y reconoce que la situación es muy compleja en todos los lugares, «pero na Ponte e, en xeral, nos barrios, máis».

Su hijo, David Alvarado, ha seguido su propio camino a nivel profesional. Politólogo, consultor y periodista, después de muchos años fuera, fijó su residencia en Ourense, pero trabaja para clientes que están a cientos o incluso a miles de kilómetros. Viaja con frecuencia -ahora, con la crisis del coronavirus no, obviamente- y desde A Ponte coordina trabajos de consultoría y estrategia en comunicación. «Vivo aquí, pero sigo comendo de fóra», resume el hijo.

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