El bosque encantado

La búsqueda de la verdad a través de un cosmos ordenado centra la obra de esta creadora ourensana


ourense

La naturaleza inabarcable se organiza en pequeños fragmentos de realidad independientes a través de la luz y el color con un proceso de simplificación de las formas que mediante el símbolo, los números y la geometría alcanzan una abstracción lírica y experimental a la vez que humana y trascendental. «Todos somos Uno» y formamos parte independiente de un complejo extenso al que pertenecemos como materia orgánica y entramado espiritual haciendo constar ambas dualidades en una obra más compleja intelectualmente que reflexiona sobre el individuo y su presencia e impacto en la naturaleza y en la sociedad.

Su investigación plástica transmite esa energía ansiosa de la búsqueda infinita que halla en lo humano y en su trascendencia de lo particular a lo universal en la esencialización de las formas de carácter vitalista rebasando el espacio plástico del fragmento, la parte ilimitada de verdad que se crece en el conjunto, vertebrando composiciones de carácter global como una cosmovisión de líneas paralelas que forman el bosque, proliferaciones y torbellinos como explosiones de energía, concreciones polifónicas que en el «todo» expandido alcanzan un magnífico equilibrio y un lenguaje dinámico y abstracto como una composición musical, un tejido de estrellas que forman el universo y en el que el árbol es metáfora de renacimiento en su aplomada fisicidad de raíces firmes vinculado a la tierra como hábitat y territorio que se prolonga al infinito en sus ramas como un abrazo a lo trascendente con crecimiento vegetativo en proporción geométrica y que conceptualmente expresa el orden que presentan los cuerpos organizados de manera matemática en su vinculación abstracta y convertidos en campos de energía.

En esta unión de unidades independientes corpus de un Todo, forma organismos sintéticos capaces de entramar una obra de arte total, mediante la abstracción matemática y su representación geométrica y en el carácter simbólico del círculo como unidad perfecta del universo vinculado a múltiples interpretaciones filosóficas, a la forma visible de los astros del día y de la noche, como concreciones de energía y masas móviles en continuo tránsito y en la alquimia numerada de sus títulos en los que aproxima revelación y descubrimiento con una reflexión existencial sobre el ser humano como tránsito y permanencia en una Arcadia encendida e infinita que en los vacíos activos traslada con la estaticidad o la ausencia, analizando los límites entre lo natural, la identidad y la memoria, la realidad y la mentira de la percepción, los aspectos mentales y emocionales que se cuelan en las esquirlas del paisaje incompleto con un análisis de los valores sensoriales de la luz y el color. Esta orografía del sentimiento a través de lo cromático adquiere una simbología sorprendente en la antropomorfología de los «seres árbol» relacionados con tierra, corazón y consciencia.

El motivo reticular es otra de las constantes en su obra que se pone de manifiesto en «Árboles», «Sigo pintando árboles» y «Cuentan las leyendas». Este espacio neuronal conectado como un sistema nervioso o una colmena, sugiere la parte por el todo y la importancia en toda cadena de cada engranaje en el concepto de lo total pero sugiere además una estructura de límite y confinamiento que se puede extrapolar a las relaciones del individuo con la sociedad y su carácter represivo e igualitario, no en justicia sino en precariedad y medianía con una objetualización del ser humano convertido en número o código de barras identificado y clasificado por un sistema totalitario como el descrito por Aldoux Huxley en «Un mundo feliz». Reivindica la necesidad de ir en contra de un sistema interesado e injusto que establece el precio y no el valor del ser humano y de la Naturaleza que corrompe. Estos barrotes, isobaras imaginarias de la derrota y el miedo son los límites autoimpuestos, barreras subjetivas, psíquicas y claustrofóbicas que paralizan nuestra libertad y nuestra voluntad de avanzar. Esta red ordenada de desalientos tiene fisuras en sus aristadas y complejas estructuras, tan salvables como estemos dispuestos a atravesar. Trampas sociales autoasumidas que restan imaginación y libertad proyectando sus alargadas sombras sobre la luz de la verdad. Obras como «Esquema» constituyen un complejo políptico de emociones y vivencias autobiográficas en un proceso mediante el que depura la masa y fisicidad de la materia como liberación y superación de lo material y la aceptación del Uno a través de la aceptación de los demás.

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