Che Fernández: «Siempre fui un poco transgresora»

Es médico de familia y lucha por mejorar el trabajo de los sanitarios y por tener tiempo para los pacientes

María José, Che, Fernández, médico de familia
María José, Che, Fernández, médico de familia

ourense / la voz

La vida de María José Fernández, Che -una de las médicos que más ha combatido en Ourense en los últimos tiempos para defender la calidad en la atención primaria- está muy pegada al casco viejo de la ciudad. Allí están sus orígenes: en la calle de la Luna, su abuela, María Quintas, montó una tienda para sacar adelante a sus tres hijos cuando se quedó viuda al morir su marido a causa de la gripe de 1918. Una calle más allá, en la rúa dos Fornos, se crio Che Fernández como la pequeña de seis hermanos. El inmueble ardió en un pavoroso incendio en la noche de san Juan de 1999. Los padres de Che, que vivían en el primer piso, se salvaron gracias a la cuidadora de su padre, que entonces ya sufría alzhéimer. «Yo estaba acabando la especialidad de medicina de familia y vivía en Progreso. Cuando me asomé a la ventana y vi el incendio fue una de las imágenes más dolorosas de mi vida», recuerda Che Fernández.

La figura de su padre, maestro, «siempre impoluto, elegante, un gentleman de la época», la marcó. También la de su madre, que trabajaba en el tribunal de menores y le enseñó la faceta de trabajar con los desfavorecidos y de intentar ayudar, lo que a la postre la acabaría llevando a los estudios de Medicina, carrera que cursó en Santiago de Compostela. La plaza MIR de Medicina de Familia la aprobó en Oviedo y se vino a Ourense a hacer la residencia de la especialidad con Carlos Menéndez como tutor. «Me marcó como compañero y profesional que ama la medicina y te lo hace sentir a ti y al paciente», subraya.

Otra etapa clave en su vida fueron los cinco años que pasó trabajando en Portugal, entre junio del 2000 y octubre del 2005. Trabajó en el centro de salud de Cabanas de Viriato, en la región de Viseu. «Era una zona rural y muy pobre, vivían del vino del Dão y de la agricultura. Fue una etapa súper bonita. Tuve mucha complicidad con los pacientes de los pueblos donde trabajaba y donde vivía», apunta. Sufría la precariedad laboral, con contratos renovados cada tres meses, lo que provocó una manifestación con cientos de vecinos apoyando a su doctora española para que le mejoraran las condiciones y no se fuera. «Los cinco años que pasé en Portugal fueron los mejores de mi vida profesional y personal, porque toda la gente era tremendamente agradecida. Estuve un mes despidiéndome de los pacientes y me llenaron el coche de flores. Nunca lloré tanto en mi vida», recuerda. Algunos todavía la siguen llamando para felicitarle las Navidades y los cumpleaños.

En Viseu tuvo a sus dos hijos, Pedriño, ahora de 18 años y que estudia primero de Medicina, y Miguel, de 17, que estudia Bachillerato. Al empezar el mayor la escolarización infantil, Fernández decidió regresar. Políticamente, asegura, había una situación política complicada en Portugal cuando llegó, con la ultraderecha nacionalista influyendo en un movimiento antiespañol. «Llegaba una chica a un pueblo rural y hace cosas diferentes; me habían enseñado a respetar a las personas y a los pacientes. Creo que siempre fui un poco transgresora en mi vida, en el sentido de luchar por lo justo y lo correcto; he tenido buenos profesores de esto, en mis padres, en mi familia y en gente de mi profesión», expone. Entre otra de las personas influyentes, menciona a Alicia Vilanova, «gran profesional con gran ojo clínico, que ama la medicina y me transmitió esa pasión».

Trabajó en la gerencia de atención primaria. «Fueron unos años estupendos, con la gente súper motivada, con proyectos de investigación y de mejora», dice. Luego estuvo en el PAC de Ourense y en el centro Nóvoa Santos, donde vio la regresión en la atención primaria. «Estábamos peor que hacía veinte años, ya no había tiempo para ver al paciente. Con las gerencias únicas todo el presupuesto se fue al hospital, se dejó de priorizar la atención primaria, justo lo contrario de lo que dice la OMS», piensa.

 

«Es el momento de cambiar esto, las residencias, la atención primaria»

Che Fernández defiende que la atención primaria vuelve a ser fundamental en estos tiempos de covid. En la asamblea gallega de medicina familiar y comunitaria han hecho protocolos de seguimiento domiciliario, para preparar los centros de salud y organizar las agendas, indica. «Pedimos hacer los test desde el principio y se nos negó. Ahora sí los tenemos. Lo hemos pasado mal, no teníamos mascarillas. Yo salía a aplaudir con mis hijos pero les decía que el problema será que, cuando acabe esto, se olvidará», reflexiona. También cree importante el desarrollo de la medicina comunitaria en una ciudad como Ourense con tanta población mayor. Sobre la visión más positiva de la gente de la tercera edad, como personas de las que aprender y a las que empoderar, trata su tesis, revela.

Actualmente trabaja de nuevo en el rural, en el centro de salud de Leiro. Le gusta cambiar el ciclo cada cinco o seis años, ríe. Allí también trata con pacientes mayores, y muchos viven solos. Aboga por el modelo de envejecimiento en casa, o en unidades pequeñas, no en grandes geriátricos: «Es el momento de cambiar esto: las residencias, la atención primaria. H ay que potenciar las TICs, ir al médico cuando hay que ir, para tener más tiempo a los pacientes que lo necesitan».

SU RINCÓN

Quién es. María José, Che, Fernández Domínguez. Nació en Ourense hace 52 años.

Profesión. Médico, especialista en medicina de familia y comunitaria.

Rincón. La Praza do Ferro. «Es mi infancia y mi adolescencia. Me gusta la fuente».

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