«Cambridge superó la peste negra, así que saldremos de esta también»

Confinado en su casa, el investigador ourensano Carlos González Fernández  trabaja en el procesado de datos para telescopios


ourense / la voz

Ourense, Tenerife, Alicante y luego Cambridge. El periplo vital de Carlos González Fernández lo ha llevado a recorrer miles de kilómetros para poder cumplir el sueño de trabajar como astrónomo en una de las universidades más prestigiosas del mundo. Formado en Física en el campus de Ourense, un grado que hoy ya no existe, este brillante investigador encontró su lugar en una institución académica fundada en el siglo XIII, en la que trabaja en un grupo dedicado al procesado de datos para grandes telescopios. «Ayudamos a otros astrónomos a interpretar grandes cantidades de datos para que puedan hacer la ciencia que les interesa» cuenta desde esta ciudad inglesa de 90.000 habitantes, cuyo día a día se ha visto afectado por una pandemia de la que no se ha librado casi nadie.

Pese a todo, asegura que allí la situación no es mala. «Es una ciudad pequeña con una renta media muy alta, con lo que los servicios son buenos. Mucha gente usa la bici en lugar del transporte público y a una gran parte de los trabajadores les resulta fácil hacer su labor desde casa, con lo que el aislamiento es razonablemente efectivo» asegura. Explica además que muchos expertos de referencia mundial en enfermedades víricas trabajan en la universidad, y dos de las mayores farmacéuticas de Europa GSK y AstraZeneca, tienen su sede en esa ciudad «así que parte de la investigación en nuevas técnicas de detección y medicamentos para el covid-19 se hace aquí». En lo que a él respecta, su día a día no se ha visto demasiado alterado. «Más allá de tener que estar en casa, no me ha afectado demasiado», reconoce, esperanzado sobre el futuro: «La Universidad de Cambridge sobrevivió a la peste negra, así que saldremos de esta también», asegura.

Eso sí, en su opinión la gestión del gobierno «ha sido bastante poco clara desde el principio y han tardado bastante en reaccionar. Las naciones del estado han ido bastante a su aire, y aunque nosotros estamos en Inglaterra, la universidad tiene sus propios criterios y mantendrá el aislamiento hasta más tarde, independientemente de la normativa estatal».

Y no piensa en regresar. «Mi contrato dura hasta 2023, así que no tengo necesidad de moverme. En España los trabajos en ciencia no abundan, en particular fuera del mundo universitario, aunque quien sabe si con la que está cayendo recapacitaremos», advierte.

Tras siete años, es un habitante local más: “Pido disculpas al chocar con una farola”

Tras siete años residiendo en esta célebre ciudad inglesa, Carlos reconoce estar más que adaptado a las costumbres locales. «Ahora ya pido disculpas cuándo choco con una farola como un local más», bromea, recordando que, en general, la transición cuando se mudó desde España fue sencilla. «Más allá del idioma y los horarios de comida, no hay grandes diferencias entre los dos países. Hasta hace mejor tiempo en Cambridge que en Santiago», advierte.

«Cambridge es una ciudad muy bonita, con un ambiente muy bueno», asegura respecto a una boyante urbe que puede presumir de otros atractivos, ya que se ha convertido además en un imán para las grandes empresas, y para las oportunidades laborales. «La universidad atrae a gente procedente de todo el mundo, y con ellos vienen todo tipo de empresas y negocios, como Facebook, Spotify, Microsoft, Amazon... Todos tienen sede aquí, por lo que nunca falta trabajo», asegura, sin obviar las consecuencias negativas de la situación: «Los alquileres son de escándalo».

En sus ratos libres, Carlos aprovecha para salir con sus amigos o hacer deporte, pero además forma parte de un club de juegos de mesa, con que se reúne de forma frecuente. «Ya estoy hecho al lugar», reconoce.

 La calle Rodríguez Castelao, el epicentro de su educación

Nacido en Ourense en 1977, los primeros años de Carlos, en lo educativo, tuvieron su epicentro en la calle Alfonso Rodríguez Castelao. «Yo me eduqué en la calle, en la calle Rodríguez Castelao; mi colegio

era Lagunas-III (ahora Mestre Vide), fui al instituto de As Lagoas y en la acera de enfrente cursé Física, en el campus de Ourense» rememora para este reportaje. Finalizados los estudios superiores, hizo la especialidad de Astrofísica, para lo que tuvo ya que hacer un desplazamiento un poco más largo. Se marchó a la Universidad de La Laguna, a Tenerife, donde pasó algunos años ya que también hizo allí su tesis doctoral. Después, entre el 2009 y el 2013 fue investigador post doctoral en la Universidad de Alicante. ¿Y cómo fue el salto a Cambridge? «Pues como decía el príncipe de Bel-Air, sin comerlo ni beberlo. Eran los últimos años de la crisis y tras los recortes en investigación la situación en 2013 era un poco complicada. Mi jefe por entonces me sugirió que sería más seguro a largo plazo buscarse la vida en el extranjero, y de casualidad vi el anuncio de la plaza aquí en Cambridge. A pesar de que no conocía a nadie en el departamento, mandé mi solicitud». Siete años después, allí sigue.

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