Llevan la enfermería en la sangre

Conchi es enfermera en el Complexo Hospitalario de Ourense y sus hijos, Adrián y Jacobo, están estudiando la misma carrera en el campus de la ciudad

Adrián, Conchi y Jacobo, frente al edificio nuevo del CHUO
Adrián, Conchi y Jacobo, frente al edificio nuevo del CHUO

Ourense

Con solo 12 años, Conchi Márquez ayudaba a cuidar de su hermano recién nacido. A los 16, tuvieron que operar a su madre y Conchi no se separó de ella hasta que se recuperó. Fue así como se dio cuenta de lo que quería ser: enfermera. «La cualidad de cuidar ha sido siempre innata en mí. Tanto con mi familia como con mis amigas siempre soy la que se preocupa, la que está pendiente...», explica. Primero estudió Técnico de Laboratorio y luego hizo Enfermería en el Campus de Ourense de la Universidad de Vigo. Los mismos pasos siguió su hermano pequeño, ese que despertó en ella su instinto protector. Y ahora son sus hijos, Jacobo y Adrián Vázquez, de 23 y 19 años respectivamente los que estudian para ser enfermeros.

«Desde niño me interesó el mundo de la sanidad pero es cierto que ayudó el hecho de que mi madre fuese enfermera para que me decidiese. Oír sus anécdotas cuando regresaba a casa y ver todo lo que le gusta su trabajo despertó mi vocación», dice Jacobo. Lo mismo le ocurrió a su hermano Adrián: «Siempre me llamó la atención la facilidad de mi madre para resolver problemas que para mí eran un mundo. Eso me llenó de ganas de descubrir mucho más sobre su profesión». Los tres comparten vocación profesional, pero también pasión y respeto por la enfermería.

En la planta covid-19

Jacobo terminará la carrera en poco más de un mes y Adrián espera hacerlo en dos años, mientras, Conchi está a punto de llegar al medio cuarto de siglo trabajando en el Complexo Hospitalario de Ourense, donde actualmente atiende a pacientes en la planta covid-19. «Al principio lo afronté con un poco de miedo por la gravedad de la situación. Llevo 18 años trabajando en la planta quirúrgica y hemos tenido a muchos pacientes de infecciosos o con problemas respiratorios, así que encaramos esta enfermedad con respeto y precaución pero también con muchísima empatía e implicación con los pacientes. Sabemos que es un momento muy difícil para ellos porque además están solos y la mayoría son personas dependientes así que necesitan de nuestros cuidados, con lo cual nos pasamos horas y horas en cada habitación», relata Conchi. La enfermera lleva más de mes y medio en la lucha contra el coronavirus, algo en lo que también a sus hijos les habría gustado seguir su estela. «Nos habría encantado poder ayudar en una situación así con el fin de intentar que se acabe lo antes posible», afirman ambos.

Teoría contra práctica

Los tres estudiaron lo mismo pero eso no quiere decir que estén de acuerdo en todo, aunque comparten pasión sanitaria, no siempre opinan lo mismo en su profesión. «Muy poco, pero sí que tenemos anécdotas de alguna discusión. En los aspectos teóricos de la carrera solemos llevar razón nosotros y sin embargo en la práctica gana ella», dice el pequeño de los hermanos. «Bueno, lo cierto es que de lo que más me preguntan y quieren saber es sobre mi experiencia», afirma Conchi. «Creo que nos surgen más dudas relacionadas con el trato con los pacientes y con cómo gestionar las emociones», añade Jacobo. No cabe duda de que forman un buen equipo. Su madre siempre está ahí, tanto para la versión más personal de estos ourensanos como para su faceta profesional. Los dos lo valoran como una fortuna, mientras Conchi admite: «Estoy muy orgullosa de ellos. Me encanta que hayan decidido dedicarse a la enfermería, porque es mi forma de vivir, pero admito que tampoco me habría importado que escogieran otra opción con menos carga psicológica y mayores comodidades».

A pesar de ser tres enfermeros, las heridas las cura siempre mamá

A pesar de que Jacobo y Adrián estén ya inmersos en el mundo de la enfermería, si se les pregunta por quién se encarga ahora de curar cualquier herida, los dos siguen teniendo clara su respuesta: su madre. «Nosotros podemos ayudar, pero quien lleva la voz cantante es ella», reconoce Jacobo. «Hay que decir que ellos se defienden muy bien. Especialmente el mayor que está a punto de terminar la carrera y tiene todas las cualidades para ser un enfermero fantástico y mejor que yo. El pequeño va por el mismo camino», dice la madre de esta historia.

Con 52 años, a Conchi le quedan todavía unos cuantos para jubilarse por lo que no descartan la posibilidad de trabajar los tres juntos en el CHUO. A Jacobo le gustaría dedicarse a la especialidad de urgencias y en el caso de Adrián todavía está por definir.

QUIÉNES SON:

La madre. Conchi Márquez nació en 1968 en Ferreira de O Valadouro, Lugo. Estudió Técnico de Laboratorio y una vez terminó decidió que era el momento de emprender su vocación, la Enfermería. Para ello se trasladó a Ourense, donde estudió la carrera y donde vive desde hace más de treinta años. Trabaja como enfermera en el hospital de la ciudad, en la planta quirúrgica, aunque actualmente atiende a los pacientes de covid-19.

Los hijos. Jacobo y Adrián Vázquez. Ambos nacieron en Ourense, en 1995 y en el 2000, respectivamente. El mayor terminará Enfermería en un mes con la intención de ponerse a trabajar cuanto antes. El pequeño está en segundo de carrera y le quedan dos años.

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