Las patatas que se convirtieron en una noble causa

El cierre de la hostelería cogió a la empresa Paz con mil toneladas que ahora reparte entre entidades benéficas


Redacción / La Voz

Patatas Paz es una empresa de la zona de A Limia que se dedica a la venta de este tubérculo a la hostelería y a los grandes proveedores como la industria. Pero llegó el estado de alarma y, con él, el cierre de los que eran los principales canales de venta de esta firma ourensana. La paralización los cogió con más de mil toneladas almacenadas. Tras la desesperación inicial, por el golpe económico y las pérdidas que esto le iba a suponer, la compañía ha decidido convertir esta catástrofe en algo bueno. La semana pasada inició la donación de esta producción a entidades benéficas. Y así seguirá durante los próximos días, repartiendo patatas entre quienes más lo necesitan en estos tiempos de alarma sanitaria.

El banco de alimentos de Ourense fue de los primeros en recibir estas patatas que no lograron llegar al mercado. Pero a lo largo de las próximas semanas está previsto que más partidas salgan con destino a entidades benéficas de toda Galicia. Hay 25 toneladas para el Proyecto Hambre Cero, otras tantas para el Banco de Alimentos de Lugo y mil kilos para las hermandas desamparadas de O Carballiño y Ourense. Cáritas de A Coruña y Santiago recibirán otros 5.000 kilogramos, además que se enviarán 25 toneladas más a uno de los mejores clientes que esta firma tiene en Portugal.

Este es solo el principio, explican en esta compañía de A Limia. Porque el objetivo es repartir buena parte de su producción entre aquellos que más lo precisan en este momento. «No tengo forma de fraccionar el producto en bolsas de menos de veinte kilos así que hemos optado por darle salida así, donándolas», explica Francisco Paz, responsable de la empresa. Reconoce que este será un golpe grande para su compañía, pues implica graves pérdidas, pero por lo menos le permitirá ayudar a otros. «Ya hemos decidido que vamos a proceder de esta forma porque, además, nos hace sentir bien», cuenta. Explica que de las mil toneladas que tenía almacenadas consiguió poner algo en el mercado, aunque una cantidad muy pequeña. El resto, está dispuesto a repartirlo entre quienes más lo precisen. «Ya asumí que vamos a tener pérdidas así que vamos a donar todo y punto. Serán unas pérdidas cuantiosas pero, a cambio, conseguiremos ayudar a los más desfavorecidos», argumenta este empresario ourensano que ha conseguido hacer de su desgracia una noble causa.

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