Dos goles y ascenso a los 70 años

Carballeira juega con su hijo en el Moreiras, al que acaba de ayudar al ascenso en la liga ourensana de veteranos


A la vejez, viruelas… Y goles. Con 70 años, Juan Prieto González, más conocido como Carballeira, sigue anotando para su club, el Veteranos de Moreiras, inscrito en la cuarta categoría provincial de esta modalidad, para jugadores mayores de 30 años. No solo son carreras y regates, sus seis goles han sido decisivos para que su conjunto, neófito en la categoría, obtuviera ayer el ascenso a Tercera.

El último tanto logrado por el septuagenario extremo fue marcado en el campo de A Moreira. Fue el último, en las postrimerías del encuentro ante el Majestic de Ourense. El Moreiras selló con un contundente 4-0 una campaña impoluta: 44 puntos de 51 posibles, con 14 victorias, 2 empates y una sola derrota.

El vínculo con el balón de este animoso veterano, de cuerpo enjuto y con mil batallas futbolísticas a sus espaldas, viene de medio siglo atrás. «Marqué el primer gol del Antela de Xinzo en su día en el estadio de A Moreira. Por aquella época era presidente Ramón de la Fuente», comenta. Lo que comenzó con 18 años se prolongó tres décadas. «Jugué durante más de 30 años como federado, hasta los 50. Estuve una temporada en Alemania y en Venezuela, y allí también jugué», remarca.

Los que le conocen, hablan de un jugador muy rápido y no exento de técnica. Sus cabalgadas por la banda aún son recordadas en los cenáculos futbolísticos limianos. «Era un extremo veloz, siempre destaqué por mi velocidad. En Toledo, en la mili, fui campeón militar estatal de los 100 metros libres», rememora.

A partir de ahí, Carballeira colgó las botas, temporalmente. El año pasado, su hijo, Rafael Prieto, jugador-entrenador y alma máter del nuevo club le «obligó» a volver al césped tras dos décadas. «Me he mantenido en buena forma. No corría, pero trabajo en la agricultura y me mantengo ágil», destaca.

Los reflejos y agilidad del veterano futbolista se han mantenido con el paso del tiempo, aunque las lesiones no perdonan. «Tengo una rodilla un poco fastidiada, aunque no es nada grave. En algunos partidos de esta campaña he jugado los 90 minutos, aunque lo normal es que no esté todo el tiempo en el campo».

El equipo es la única asociación deportiva de una pequeña aldea, de 30 residentes, que tiene una larga historia como enclave rural y un futuro incierto marcado por la despoblación y el progresivo envejecimiento poblacional. Y es que Moreiras no es un pueblo cualquiera, hasta el año 1927 fue un concello independiente, hasta que se unió con el de Xinzo.

Multinacionalidad

El club se autofinancia con las aportaciones de los propios jugadores, no hay patrocinadores. La limitación poblacional ha provocado que haya que echar mano de jugadores de otros territorios. «Tenemos cinco miembros del equipo que son de la aldea, nueve son portugueses conocidos nuestros, otro es un venezolano retornado aquí y también hay de origen ecuatoriano. También hay otras personas de municipios cercanos al pueblo».

¿Y el año próximo? «Voy a jugar hasta que el cuerpo aguante. De momento, me encuentro bien y ahora que hemos obtenido el ascenso, lo normal es que continúe. El fútbol siempre me ha encantado y espero seguir manteniendo esa ilusión», sentencia.

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