«La violencia es una respuesta aprendida y se puede desaprender»

La psicóloga Ana Belén Pardo lleva doce años trabajando con grupos de hombres maltratadores, en el Servicio de Gestión de Penas y Medidas Alternativas,  para prevenir que haya nuevas víctimas


ourense / la voz

Desde el Servicio de Gestión de Penas y Medidas Alternativas en Ourense se gestionan cada año unos 900 expedientes relativos a las condenas que se cumplen en libertad, como los trabajos en beneficio de la comunidad (TBC), o las suspensiones de condena. Es un número elevado de casos -en la prisión de Pereiro de Aguiar, de la que depende esta unidad administrativa, hay una media mensual de 300 reclusos internos- y la mayoría son por delitos relacionados con la seguridad vial; las penas derivadas de la violencia de género suponen el 30 % del total de los expedientes que llegan a este servicio. Ana Belén Pardo López (Santiago, 1976), especializada en tratamiento de agresores, es la psicóloga que lleva a cabo los programas de intervención y los talleres que se realizan para que los penados cumplan las condenas impuestas por los jueces. Lleva doce años trabajando a diario con grupos de hombres que ejercieron violencia machista.

-¿Qué talleres o programas se ofrecen en Ourense?

-Según el tipo de delito que haya cometido, una persona va a un programa o a otro. Se trata de abarcar cualquier delito y la secretaría general saca todo tipo de programas. Son intervenciones terapéuticas, que duran diez meses. Los talleres son más cortos, de ocho semanas, y se enfocan a la sensibilización. Hay un taller para delitos variados y otro específico para seguridad vial.

-¿En los delitos de violencia de género, Ourense tiene marcado algún perfil o característica de maltratadores, en cuanto a procedencia rural o edad elevada?

-En Ourense no existe un perfil concreto, pero en estos últimos años vemos que la media de edad ha bajado. Nos llegan más casos de agresores de entre 25 y 40 años. Y, aunque es un delito que se da en todos los niveles y esferas sociales, aquí llegan más de un perfil cultural bajo.

-¿Y ello, aunque la educación pro igualdad y de prevención de violencia machista está supuestamente más presente en la programación escolar?

-Encontramos que los celos, las inseguridades, están más presentes en los jóvenes. La violencia es una respuesta aprendida, por vivencias personales de cómo gestionar los sentimientos o resolver situaciones conflictivas. Se puede desaprender y aprender de nuevo. Vemos jóvenes que están adquiriendo esas conductas de control, de pensar que los celos demuestran amor. Se utilizan las nuevas tecnologías como herramienta para la violencia.

-¿Cómo reaccionan cuándo llegan a los programas que tienen que hacer aquí?

-Cuando llegan, consideran que su delito no es tan grave, pero cuando se les explica cómo va a ser, a lo largo de las jornadas ven que le pueden sacar provecho. Cada persona necesita un tiempo, depende de cómo hayan sido sus reacciones. Alguno sí asume que está aquí porque ha hecho algo. En general, todos solemos minimizar los hechos. Que asuman su responsabilidad es el objetivo de los programas. Se trabaja sobre la raíz del problema.

-¿Y los agresores consiguen cambiar y no reincidir?

-La reincidencia se valora desde la secretaría general. Los últimos datos, del 2017, apuntan que, cinco años después de finalizado el programa, el porcentaje de reincidencia es del 6,8 %. Si no pensásemos que pueden cambiar, no haríamos estos programas. Estas personas están cumpliendo sus penas en libertad, están en la calle en contacto con otras personas y con otras mujeres. Son condenas con principio y final. Se trabaja con el agresor machista para que no haya nuevas víctimas. El programa les permite adquirir conocimientos y aplicarlos al tomar decisiones, es una herramienta para que se den cuenta de por qué han llegado aquí.

-¿Sufren rechazo social?

-No percibo que noten presión social. Lo que cambia es la relación con la pareja, pero no tienen un entorno que les rechace por estos delitos.

«El trabajo con agresores es una labor necesaria»

En la unidad de Penas y Medidas Alternativas también gestionan los trabajos comunitarios (TBC) que los penados han de realizar para resarcir a la sociedad por su conducta delictiva. En Ourense, explica Ana Pardo, cuentan con suficientes entidades colaboradoras, aunque nunca sobren las plazas. Pero no hay listas de espera.

Una vez llega el expediente desde el juzgado, en el servicio valoran el tipo de jornada y el plan de intervención que tiene que seguir el penado, que ha de dar su consentimiento, según cada tipo de condena. También se ocupan de las sentencias que incluyen suspensiones de condenas, porque entre las condiciones que tienen que cumplir los penados para obtener este beneficio, está la obligada asistencia a un programa de intervención, además de no volver a delinquir en el período determinado ni de acercarse a las víctimas.

-¿Esos trabajos en beneficio de la comunidad que realizan también tienen finalidad reeducadora?

-El enfoque es más para que ocupen su tiempo libre devolviendo con ese trabajo el daño causado a la sociedad. En los trabajos, hay gente que se involucra y se identifica porque ven que hacen una buena labor y otros que solo los ven como una condena. Los talleres y los programas de intervención se focalizan más en cada tipo de delito.

-¿Qué supuso el reconocimiento, con mención honorífica, de los premios Meninas por su labor terapéutica con agresores machistas?

-Supone visibilizar que también Instituciones Penitenciarias trabaja para erradicar la violencia de género. Ha ocurrido algo y nos toca trabajar para evitar que se repita. El trabajo con los agresores es una labor muy necesaria. Que den una mención en un acto en el que se habla de violencia de género es porque se ha valorado el trabajo diario.

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