«Voume do casco histórico da cidade pola seguridade da miña filla»

El día 31 abandonó la vivienda en la que residía alquilado desde el verano


ourense / la voz

El 2020 comenzó en el casco histórico de la capital con, al menos, un vecino menos. José Manuel González llegó a principios de julio a esta zona de la ciudad, concretamente a la praza do Correxidor. Buscaba un lugar céntrico en el que residir en régimen de alquiler. «A inmobiliaria á que lle aluguei isto díxome dende o principio que estaba moi ben insonorizado e que tiña dobre ventá. Gustábame a zona pero agora téñome que ir porque non podo estar aquí», dice.

El descanso es casi imposible, afirma, por el ruido nocturno. Sin embargo, la mayor preocupación de José Manuel es su hija pequeña, de dos años. «Teño medo a saír á escaleira con ela -el portal de su casa está en una esquina de la praza da Estrela- porque hai moitos cristais e, ás veces, xiringas. Teño que estar moi pendente. Ademais o portal está cheo de pises...», relata. Esta situación, unida a la de los ruidos, hace que José Manuel no pueda estar con su hija en su casa todo el tiempo que quisiera. «É un sitio tranquilo pola semana, pero a fin de semana é un sinsentido, non hai seguridade ningunha», prosigue.

Esta Navidad ha sido mala: «Estes últimos días é case imposible descansar. É máis, a nena xa non durme aquí, xa vai coa nai. Condiciona totalmente a miña vida», dice. No le importa perder la fianza que tuvo que pagar por el alquiler de la vivienda y desde este mes ya reside en Barbadás, en A Valenzá: «Quero marchar e non me importa perder a fianza. Voume do casco histórico pola seguridade da miña filla. Non é un sitio para que unha nena de dous anos e medio estea cómoda. Prefiro perder e que a nena estea segura». Nunca pensó mirar otro lugar dentro del casco histórico: «Descartei calquera lugar da zona centro. Quero seguridade e comodidade para a nena e aquí non a teño». José Manuel es crítico también con el Concello de Ourense en cuanto al cuidado del casco histórico: «É un lugar moi bonito e está cheo de pintadas. O Concello non as quita e ¿por que teñen que facelo os propietarios? A xente ten que por dobre fiestra e insonorizar a vivenda e iso é un custe moi alto». Y explica que la mayoría de los locales no cumplen la normativa de insonorización, por lo que al final cualquier inversión que hagan los vecinos es insuficiente. «Ao final acabas desesperado, non podes facer nada e tes que coller e marchar. Eu aquí estou cómodo e a zona gústame, pero a noite é imposible. No verán, por exemplo, non podes nin abrir a fiestra e estas afogado na túa casa. Estás secuestrado e non saes, non podes». Y explica que no se imagina dentro de un par de años regresando con su hija a las once de la noche cruzando Correxidor: «Agora, ás veces, teño que vir con ela no colo, porque non podo deixar que vaia soa andando, por seguridade. É moi triste que teñas que facer iso para levala á túa casa», critica. Fueron seis meses de espera pensado que habría solución, pero al final, el casco histórico ha perdido un vecino. No es el único.

«Ás veces tiña que vir coa ela no colo porque non podía atravesar a praza ela soa»

La dueña de un piso turístico en el centro: «Voy a tener que cerrar por los ruidos»

Teresa es propietaria de una vivienda turística en la calle San Francisco, en el casco histórico de Ourense. Invirtió en su arreglo y acondicionamiento y ahora ve impotente cómo sus huéspedes no aguantan una noche entera dentro de su vivienda. «Hay un bar en la calle que antes abría uno o dos días a la semana, ahora es de lunes a lunes», explica. Señala que no cumple con la normativa y que a partir de las cuatro de la madrugada abre sus puertas sin que el Concello, a pesar de múltiples denuncias, haya exigido responsabilidades. «Nosotros protestamos y el Concello respondió poniendo otro banco justo debajo de nuestra ventana. El sitio es muy pequeño y la gente consume en la calle. Salimos a las nueve a trabajar y ni siquiera puedes pasar. Tengo un piso turístico y tendré que cerrar por el ruido. Los turistas se quejan, dicen que el piso está fenomenal, que el casco es muy bonito, pero que la gente es incívica», relata. En su mismo edificio vivían dos personas mayores que han tenido que irse. «Nos llegan a petar en las ventanas porque se suben a los bancos. Yo tuve un inquilino que se marchó a las seis de la mañana porque no aguantaba, estaba atormentado», dice.

Teresa asegura que el local es responsable del consumo que hace la gente fuera. «Cuando bajamos por la mañana tenemos todas las botellas de cerveza en el portal, los vasos y el tabaco en las ventanas... Ponemos denuncias y el Concello no hace nada. ¿Cómo hay un café bar que no tiene ni cafetera y tiene un montón de denuncias y no te molestas en ir a ver qué pasa? Esto es un «after», llamamos a la policía y nos dicen que no pueden hacer nada. Es más, en lugar de ayudarnos a los vecinos les ayudan a ellos poniendo otro banco para que les sea más cómodo hacer el botellón».

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