«Nunca he recibido presiones de ningún tipo, y no las habría aceptado»

El fiscal jefe en funciones, Carlos Valenzuela, hace balance de su carrera a un mes de jubilarse


ourense / la voz

Tras cuarenta años de trayectoria profesional Carlos Valenzuela Cameáns (Vigo, 1950) cesa como fiscal el próximo 30 de enero. Deja tras de sí una brillante carrera que comenzó en 1979 en Lugo, ciudad en la que tuvo su primer destino como encargado de Monforte, Chantada y Quiroga, y se cierra con Valenzuela ocupando el puesto de fiscal jefe en funciones, tras el cese de Florentino Delgado ordenado el pasado mes de mayo por la Fiscalía General. «Me voy satisfecho», reconoce, sin pasar por alto que fue su padre, el juez Carlos Valenzuela de la Rosa, quien le transmitió la pasión por la profesión. «Aún utilizo su toga, siempre quise jubilarme con ella y creo que lo voy a lograr», asegura sonriente.

Tras pasar apenas un año en Lugo, se trasladó a la capital de As Burgas en 1980, haciéndose cargo de Ourense y Xinzo. Eran otros tiempos. «Los juzgados de distrito tenían cubos para las goteras. En Chantada pasábamos tanto frío que uno no se podía sacar el abrigo», recuerda, echando la vista atrás sobre años de ejercicio en los que ha llevado muchas acusaciones. «El recuerdo más grato a nivel profesional fue el caso de un hombre que mató a un vecino con el que estaba enemistado envenenándolo con estricnina y al que el jurado declaró culpable», rememora, reconociendo la «extraordinaria investigación» que hizo la Guardia Civil en aquel caso. «A veces nos colgamos las medallas nosotros, pero ellos son los que nos dan las bases para hacer una acusación fundada», asegura.

Volviendo al caso, explica que «el acusado había tendido una trampa a la víctima, dejándole cosas que le gustaban en un día de caza. Me gustó que se hiciera justicia en aquel asunto porque la víctima murió con gran sufrimiento y el acusado le había causado mucho dolor y pánico a su familia».

También, como no, hubo malos momentos. «Lo más ingrato de mi carrera fue la tramitación del asunto de Benposta, la acusación de malos tratos a niños contra el padre Silva. Creo que el sacerdote se vio desbordado por todo aquello y quiso politizarlo, con acciones muy hostiles hacia la Fiscalía. Nosotros teníamos la obligación de investigar, pero él se lo tomó mal», recuerda sobre una asunto que finalmente se archivó.

Defensor de la idea de que un fiscal no puede «ser un ciudadano normal» porque todo lo que se hace tiene trascendencia, sobre todo al vivir en una ciudad pequeña como Ourense, también deja claro que nunca en su carrera ha recibido amenazas ni instrucciones para actuar de uno u otro modo en los casos los que ha llevado. Ni siquiera cuando comenzaron a llegar a la Fiscalía denuncias contra políticos en activo. «Nadie jamás se ha dirigido a mi pidiéndome que hiciera algo en concreto. En mis cuarenta años de carrera nunca he tenido presiones de ningún tipo, he ejercido mi trabajo con libertad, y tampoco habría aceptado lo contrario», aclara.

No le va la burocracia

La llegada al puesto de fiscal jefe en funciones llegó de forma inesperada para un hombre que, reconoce, «en estos casi nueve meses no me he encontrado a gusto». Y lo razona. «Es un cargo demasiado burocrático, de muchas relaciones institucionales, reuniones, etc..., y yo no soy un buen organizador, cada uno debe saber sus limitaciones», dice un funcionario que no quiso nunca ser de ninguna asociación, ni progresista ni conservadora, para así preservar su independencia. «Nunca he querido que se me etiquetara y todos sabemos que para estas designaciones se necesita apoyo». Pero no oculta que le gustaría que el futuro fiscal jefe saliera de Ourense. «Creo que el compañero con más experiencia y más idóneo sería Julián Pardinas», asegura.

Sobre el cese de Delgado, reconoce que fue difícil encajarlo. «La inspección fiscal y la Fiscalía General observaron una conducta irregular, se adoptó la decisión que adoptó y sobre eso nosotros no podemos decir nada. Fue un impacto porque había estado quince años, pero todos arrimamos el hombro y hoy ya está superado. El barco ha salido adelante».

Y con su marcha también cambió la postura de la Fiscalía en algunos casos, como el que se sigue contra el exalcalde del PP, Manuel Cabezas. «El derecho no es una ciencia exacta» advierte Valenzuela, que admite que la fiscala que se hizo cargo del caso, Carmen Eiró, consideró que la conducta del exregidor sí podía ser delictiva «e hizo un escrito de acusación que yo leí y me pareció fundado para plantear una tesis acusatoria».

A Carlos Valenzuela lo despedirán amigos y compañeros con una comida el próximo 17 de enero. Será un acto multitudinario porque en sus cuatro décadas de carrera como fiscal deja una huella imborrable entre los profesionales de la justicia.

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«Nunca he recibido presiones de ningún tipo, y no las habría aceptado»