«Me gusta ver a mi hijo, pero me pongo más nervioso que cuando yo jugaba»

El fútbol vincula a dos generaciones de los Rodríguez, Pichi y Tiago, con pasado y presente rojillo del CD Ourense y la UD


ourense / la voz

Sobre el césped de O Couto, húmedo tras un par de días con llovizna, camina José Carlos Rodríguez. Pichi tiene ahora 50 años y a su lado está Tiago, de 19. Ambos, padre e hijo, se dirigen hacia el círculo central con las manos en los bolsillos. Es una fotografía del pasado y el presente, con el CD Ourense y la UD entrelazados.

La historia de por qué Tiago se llama Tiago nace precisamente en el vestuario del club que desapareció. «Un portugués, Bizarro, era nuestro portero cuando fuimos líderes en Segunda División. Y estando aquí tuvo un niño, al que puso de nombre Tiago. Y me encantó. Por aquel entonces mi hijo aún no había nacido, pero cuando ocurrió también se lo puse», dice Pichi.

Tiago nació poco después de que Pichi pusiese punto y final a su etapa en el conjunto rojillo, en el año 2000. Y antes de decidirse por el balón, pasó por el agua. «Él iba a natación al pabellón de Os Remedios. Y veía a los niños en la cancha central entrenando. Yo quería que aprendiese a nadar, pero salía de clase y decía: ‘Yo quiero hacer eso’. Y al año siguiente empezó», cuenta su padre.

Ahora, Tiago pisa el mismo verde que su progenitor años antes. Pichi reconoce que verle sobre el tapete le trae de vuelta a sus años como futbolista. «Es una sensación que me gusta, el venir a ver a Tiago, pero me pongo más nervioso que cuando yo jugaba porque te dan ganas de saltar a jugar. Es una cosa que apetece, por el ambiente en la grada», dice. Tiago comenzó a dar sus primeras patadas al balón en las inferiores del Pabellón y en la grada mientras su padre apuraba los últimos días de fútbol en el Verín. Después, con 13 años, llegó el Celta.

Un viaje de ida y vuelta

Asumir el adiós a su casa fue una cuestión de paciencia. «Al principio tenía bastantes dudas. Pero una vez que te vas, estás con gente que vive tu misma situación. Y estando juntos te acostumbras y lo llevas bien. Lo complicado es el inicio, dar ese paso», explica el centrocampista de la U. D. Ourense.

El pasado verano, durante la pretemporada con el filial del Celta bajo las órdenes de los hermanos Montes, a Tiago y otros tres compañeros de la plantilla se les sugirió la idea de salir cedidos una temporada para coger rodaje. Ahí fue cuando se fraguó su regreso a Ourense y dar continuidad a la saga iniciada por su padre.

«La UD insistió bastante. Y creí que aquí iba a ganar minutos y experiencia en Tercera», dice Tiago. Por el momento, Fernando Currás ha propiciado su progresiva entrada en el once. El salto de juveniles a categorías semiprofesionales no es precisamente sencillo. Y el joven ourensano lo ha notado especialmente en lo referente a las disputas por el esférico. «Aquí, como no te adaptes rápido, te comen. Hay jugadores que te quitan seis o siete años y tienen muchos más partidos que tú», razona.

Junto a él, en los planes de Currás también se ha asentado otro compañero de A Madroa como Marquitos. Ambos coincidieron en los juveniles del conjunto celeste y, tras firmar en agosto, se reencontraron en el vestuario rojillo. En él, futbolistas como Germán, Josu y Rubén Durán alargan el sentimiento del extinto CD Ourense, que ellos sí pudieron disfrutar y que, en forma de batallitas, intentan trasladar a los recién llegados.

«Alguna historia del pasado sale de vez en cuando», dice Tiago sonriendo. Junto a él, Pichi escucha atentamente. Él jugaba en posiciones más adelantadas cuando inició su carrera y, con el paso del tiempo, bajó metros para ver el fútbol desde otra perspectiva y estirar su carrera. «Somos distintos futbolísticamente. Cuando me acercaba a mi adiós siempre jugué más atrás, donde está ahora él», finaliza Pichi, que le aconseja, pero sin excesos.

«Dar un exceso de información a tu hijo puede crear el efecto contrario»

Pichi incide en que dar algún consejo de vez en cuando no es malo, pero que lo ideal es dejar que los niños, y especialmente en edades tempranas, jueguen. Sencillamente eso. «Al final, un exceso de información puede provocar el efecto contrario. Yo no sé qué percepción tiene Tiago sobre este tema, pero siempre tuve claro que atiborrarlo de cosas no es bueno. Además, él ya es adulto y tiene su propia opinión porque ve las cosas», sostiene.

En este sentido, el exjugador ourensano valora que Tiago haga hincapié en el tema de los contactos físicos en la categoría. «Le digo que vaya fuerte, de forma bien entendida», explica. Pero Pichi avisa de que no es bueno que el padre intervenga en las decisiones del hijo sobre el campo. «Puedes crear un conflicto con lo que le pida el entrenador. Y eso pasa también en las inferiores. Ves un partido y hay gente que pide a su hijo que suba cuando el míster le demanda que se quede», finaliza.

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«Me gusta ver a mi hijo, pero me pongo más nervioso que cuando yo jugaba»