«La experiencia me ha enseñado que la ciencia es una disciplina internacional»

Tras completar su carrera en Ourense,  Guillermo Suárez inició un periplo que lo ha llevado a Múnich


ourense / la voz

Como muchos otros ourensanos de su generación, ha tenido que dejar Ourense para buscar su propio camino y cumplir su sueño profesional, y a pesar de que no ha cumplido aún los 30 años, ya acumula una experiencia internacional que le servirá seguro para tener un futuro brillante.

Guillermo Suárez López (Ourense, 1991) siempre tuvo vocación por la ciencia y aunque de niño destacó en otras disciplinas -llegó a clasificarse en una olimpiada de Filosofía- se convirtió en físico. Hoy está terminando su tesis doctoral en el prestigioso instituto Max Planck de Múnich (Alemania) desde donde hace un repaso por la intensa trayectoria que lo ha llevado hasta ese punto.

«Recuerdo que me interesé por los juegos de lógica desde niño, especialmente por las Torres de Hanói», rememora sobre su etapa infantil en el colegio Padre Feijoo de Allariz, en el que hizo sus primeros estudios. Más tarde se trasladó a Candeleda, en Ávila, para hacer la ESO y el Bachillerato, y cuando tocó elegir carrera, se decantó por la de Física, que entonces aún se impartía en el campus de Ourense. «Cursé la licenciatura de Física antes de que la cerraran, de hecho fui alumno de la última promoción», explica. Pronto supo que no se había equivocado en su elección. «En la titulación había una educación de altísima calidad. Los profesores que impartían esta carrera son docentes muy dedicados, con mucha experiencia, y varios reconocidos por sus investigaciones a nivel internacional», asegura, advirtiendo que «sigue siendo inexplicable para mí que se tomase la decisión de eliminar la carrera de Física en el campus de Ourense».

En solo cuatro años logró sacar adelante unos estudios pensados para cinco y, al terminar, solicitó la entrada en un máster europeo para especializarse en física del plasma y fusión nuclear. Esto le abrió las puertas a viajar: «El posgrado se imparte en conjunto por universidades de España, Bélgica, Alemania y Francia. El currículo estaba preparado de tal forma que el primer año se debía cursar en un país y el segundo en otro, por lo que estuve primero en Stuttgart y luego en Nancy», explica este ourensano, que reconoce que «esta experiencia internacional ha sido clave en mi vida, una de las que más me han enseñado sobre cómo la ciencia es una disciplina internacional». En su tesina se centró en el estudio teórico de partículas metálicas en plasmas termonucleares. «Fue muy bien recibida y me gradué con la más alta distinción al acabar el máster», admite.

Después de aquello pidió una plaza de estudiante de doctorado en el Instituto Max Planck. «El tema se centra en la interacción entre ondas de ciclotrón y el plasma, es una parte fundamental en el desarrollo de un reactor de fusión nuclear, y dada mi buena trayectoria académica, accedí a esta plaza sin ningún problema». En unos pocos meses, antes de que finalice el año, espera entregar la tesis doctoral pero su estancia en la ciudad alemana no terminará aún. A principios de año obtuvo una beca de tres años, lo que le permitirá quedarse en esa ciudad. «Estudiaré en detalle la implementación del futuro reactor termonuclear DEMO, dónde queremos utilizar la fusión nuclear para producir energía limpia, sin residuos radiactivos y sin gases de efecto invernadero», detalla.

Por ahora, no es optimista sobre un hipotético regreso. «En España existen centros de excelencia en los que se investiga la fusión nuclear, como el Ciemat, en Madrid. Si las condiciones fuesen propicias en el futuro, quizá esa sea una posibilidad para seguir desarrollando mi carrera investigadora y volver a España, pero por ahora, dada la escasa financiación que existe en ciencia, esto es simplemente imposible», admite.

Así que seguirá centrado en su día a día en Múnich, en el que compagina su trabajo investigador con los viajes que le permiten su tiempo libre. «Procuro no echar raíces en ningún sitio concreto. Este año pude visitar por primera vez muchos sitios emblemáticos en China y tengo muchos otros destinos apuntados para el futuro», reconoce.

Para este ourensano la ciudad en la que vive ha sido una sorpresa positiva. «Múnich es una ciudad con carácter internacional. Casi todo el mundo habla muy bien inglés, y yo ya me manejaba algo con el alemán al llegar», cuenta Guillermo, que reconoce que la adaptación fue sencilla. «Vivir aquí ha sido un contraste de personalidad, entre la española y la alemana», admite, sin ocultar que la experiencia «ha resultado muy enriquecedora».

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