«Barreiros fue en los años 50 y 60 el germen de la automoción española»

Mariluz Barreiros, hija del emprendedor: «Era enorme su morriña. Cuando nos reuníamos en familia, el mejor plan era compartir un cocido gallego»


ourense / la voz

Mariluz Barreiros, hija del emprendedor ourensano que revolucionó la automoción española en la década de los sesenta con su unión con la americana Chrysler, está al frente de la Fundación Barreiros. Reivindica el papel de su padre como motor económico de la época y destaca, sobre otros valores más conocidos, su «morriña» por Ourense y su humanidad.

-¿Cuál considera que fue el principal legado que dejó Eduardo Barreiros al mundo empresarial?

-Eduardo Barreiros creó el proyecto industrial privado más importante a lo largo de los años 50 y 60. Barreiros fue el germen, el origen del sector de la automoción española, tan decisivo hoy en nuestro país en cuanto a PIB, creación de empleo y exportación. Pasó de un pequeño taller de Ourense a una empresa como fue Barreiros Diésel, una factoría en Villaverde (Madrid), que ocupaba dos millones de metros cuadrados, con más de 25.000 empleados en plantilla. Contribuyó a la creación de una clase media en la España de aquellos años, según el testimonio del historiador Hugh Thomas en la biografía que escribió Barreiros, el motor de España.

-Si tuviera que elegir entre sus hitos...

-Fue pionero y un avanzado de su tiempo. Solo por citar algunos ejemplos, fue de los primeros en establecer la venta a plazos y resolvió, en parte, el problema de la escasez de gasolina de los años 40, sustituyéndola por el gasoil. Con esto, consiguió abaratar los medios de transporte en un 40 % con respecto a los equivalentes de Pegaso. En exportaciones, se vendieron sus productos en más de 27 países y transformó el excedente de mano de obra agrícola en mano de obra especializada.

-Se habla mucho de los inicios de Barreiros, ¿cómo le marcaron en su figura?

-Yo creo que le marcó mucho, porque aunque se crio con unos padres, mis abuelos Luz y Eduardo, que le dieron todo el cariño y el mejor ejemplo, fue consciente de la pobreza y de las dificultades en unos años, los 20 del siglo pasado, que casi se podrían considerar de miseria. Su determinación y su carácter luchador fue lo que le impulsó a intentar llegar a hacer algo importante. Él empezó a trabajar a los once años para ayudar a su padre, como cobrador en la pequeña línea de buses que recorría San Miguel, Os Peares o Luíntra. Después empezó a trabajar como aprendiz en el taller mecánico Arce, de Manuel Cid en Ourense, y al que siempre recordó con admiración y cariño. Su primer hito lo logró en el taller familiar de Ourense, con la transformación de motores de gasolina a diésel procedentes de los camiones militares de la Guerra Civil. Su logró llegó a oídos de los camioneros y recibía muchas solicitudes. Ahí es cuando no tuvo más remedio que trasladarse a Madrid, donde estaba la administración central; no había otra manera.

-¿Qué significaba Ourense para Eduardo Barreiros?

-Mi padre llevó siempre a Ourense en su corazón. En Madrid, en 1952, su primera empresa, en la primera nave que construyó en Villaverde, se llamó Galicia Industrial. Era enorme su morriña hacia Ourense. Muchos de los colaboradores de mi padre eran gallegos y algunos, además, ourensanos, por los que sentía una especial predilección. ¡La fuerza del corazón! Cuando nos reuníamos en familia, alrededor de mi padre, el mejor plan que teníamos era compartir un cocido gallego, el lacón con grelos, la empanada, el pulpo y, como no, los cachelos, que tenían toda su ciencia y no es tan fácil saber cómo hacerlos.

-¿Sienten el cariño de Ourense hacia su figura?

-Enormemente y a diario, a través de cartas, correos electrónicos, cuando visitan el museo y firman en su libro de visitas o cuando realizamos concentraciones y vienen desde Galicia. La última, la celebración en el circuito del Jarama cuando organizamos el centenario de su nacimiento, me emocionó el cariño y el entusiasmo que volcaron en esta celebración los clubes y asociaciones de toda España, pero especialmente los que vinieron de Galicia.

-Con motivo del centenario de su nacimiento han organizado y todavía tienen actos por delante, ¿qué balance realiza?

-El balance es extraordinario. Nos emociona la admiración y el cariño que nos manifiestan tantas personas recordando lo que supuso Barreiros Diésel; y no solo como empresa puntera, sino también por la faceta humana de Eduardo Barreiros. Para mí es muy difícil destacar solo uno de los eventos, pero las jornadas en el Jarama (15 y 16 de junio) con más de 150 vehículos clásicos producidos en Barreiros Diésel fue algo inolvidable.

«Partiendo de poco, como mi padre, se puede llegar a realizar grandes cosas»

La hija de Eduardo Barreiros lleva afanada desde el año 1997 en que no se pierda el enorme legado de su padre. Desde entonces preside la Fundación Barreiros, que nació en Valdemorillo pero que quiere mudarse a Madrid para dar cabida a todos los recuerdos y la herencia del emprendedor, que recibirán diferentes homenajes este fin de semana en su tierra natal, con un evento en Gundiás (Nogueira de Ramuín) donde estará ella presente.

-¿Qué proyectos de futuro tiene la Fundación Barreiros?

-Nuestro objetivo prioritario es traer el Museo Eduardo Barreiros desde su ubicación actual en Valdemorillo a Madrid, ya que la colección ha crecido y necesitamos un mayor espacio que nos permita ofrecer además al publico áreas expositivas interactivas y en una zona de fácil acceso con el transporte público.

-¿De qué faceta de la fundación considera que estaría más orgulloso su padre?

-Llevamos ya un recorrido de más de 21 años y el balance es muy positivo. Aquí se atesora y cuidamos todo ese precioso legado y promovemos actividades en el ámbito de la automoción, en sentido amplio y que va desde la investigación al fomento de la cultura del emprendedor. La preocupación por los más jóvenes fue siempre una de las constantes en la vida de Eduardo Barreiros y por esta razón una de las actividades que más nos agrada es difundir su figura, para que sirva como ejemplo y estímulo a las nuevas generaciones. Queremos transmitir que partiendo de poco, como mi padre, se puede llegar a realizar grandes cosas. Por ello queremos destacar y agradecer el proyecto del Centro Galego de Innovación de la Formación Profesional que llevará el nombre de Eduardo Barreiros y que se espera abra en septiembre del 2020.

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