«Aquella manifestación fue un hito fundamental en la historia del campus»

Protagonistas de la movilización destacan la unión que demostraron los ourensanos


OURENSE / LA VOZ

A finales de la década de los ochenta del siglo pasado el escenario universitario en Ourense nada tenía que ver con el de hoy en día. El colegio universitario, que se había puesto en marcha en 1973 en un edificio pensado inicialmente para albergar una escuela de secretarias y un centro de mayores, era la única opción para los jóvenes que quisieran hacer estudios superiores, y las alternativas entre las que podían escoger eran Química, Biología, Farmacia, Pedagogía, Psicología y Geografía e Historia, de las que solo se podían completar los primeros cursos. Aquel colegio dependía de la Universidad de Santiago, la única que existía en la comunidad, a cuyo campus debían ir los estudiantes a finalizar sus estudios.

Pero en 1988, con Fernando González Laxe al frente de la Xunta y de un gobierno tripartito conformado por el Partido Socialista de Galicia, Coalición Galega y el Partido Nacionalista Galego, empezaba a atisbarse un nuevo panorama universitario. Pero a quienes tomaban las decisiones Ourense no parecía importarles demasiado y eso generó un caldo de cultivo que desencadenó una de las mayores manifestaciones que han desarrollado en la ciudad. «Cerca de 40.000 personas pidieron un campus, en la mayor manifestación de la historia de Ourense», rezaba el titular de La Voz de Galicia del 23 de abril, un día después de aquella movilización que recuerda bien Juan Luis Saco, uno de los fundadores del colegio universitario que en aquel momento era director general de Turismo de la Xunta. «Fue algo absolutamente mayoritario y sorprendente. Ourense, que nunca reaccionaba por nada, en aquella ocasión sí lo hizo», rememora. Reconoce que era un contexto sin precedentes. «Se trataba de extender la Universidad de Santiago a toda Galicia, ya que solo había un campus, y se podía elegir entre varios modelos, crear más instituciones o ampliar el número de recintos. Y aquella manifestación puso un grano de arena importante para que en la ciudad se pusiera en marcha un campus, fue un hito fundamental», explica. «La manifestación logró que se hiciese en la ciudad un enclave universitario digno, quizás no como hubiésemos deseado todos», advierte no obstante, valorando que, con el paso del tiempo «el recinto universitario no cumplió las expectativas que se esperaban, ya que no logró convertirse en el eje de la actividad intelectual ni convertir a la ciudad en una urbe universitaria».

La implicación de las instituciones locales tuvo mucho que ver en el éxito de la movilización, a pesar de los distintos colores políticos que había en Concello y Diputación. «Acogimos la propuesta de hacer una manifestación con máximo interés», recuerda Manuel Veiga Pombo, entonces alcalde de Ourense con el PSOE. Recuerda el papel que tuvo en la gestación de todo Etelvino Blanco, veterano sindicalista de la CIG y activista en favor del campus fallecido recientemente. «Es justo reconocerlo porque fue quien movió a las instituciones», rememora, advirtiendo que en aquellos años había gran escepticismo en torno a la ampliación del mapa universitario. «Hay que partir de que había muchas personas, incluso gente progre, que estaban en contra de ir creando universidades por toda Galicia, así que creo que aquella movilización fue decisiva, me temo que sin ella Ourense se habría quedado sin campus porque no había muchas expectativas». Y valora el apoyo e impulso a esta acción que se promovió desde la Diputación, presidida por Victorino Núñez, también fallecido. «No se hizo política de partido, se buscó el interés general de la sociedad», asegura.

Implicación social

Muchos alcaldes y vecinos de municipios gobernados por distintos partidos acudieron a la capital para tomar parte en la protesta, que encabezaban políticos locales que portaban una pancarta con el lema «Agora ou nunca». Pero también se implicaron profesores de la comunidad académica, entre los que se encuentra Xosé Manuel Cid, profesor de Ciencias de la Educación y entonces director del colegio universitario. «Había moita presión das grandes cidades» recuerda el docente, que junto a Manuel González Lorenzo votó en contra del mapa de titulaciones que se gestaba en Santiago y que quería especializar a la ciudad de As Burgas en Sociología. «O sentir daquela xente era que Ourense non existía», asegura, admitiendo que la contestación social ante ese peligro de quedarse fuera del reparto fue «abrumadora». «Foi unha resposta social enorme; pais, nais, veciños, sindicatos... estaban todos na manifestación a pesares de ser de distintos sectores, a xente deuse de conta de que había que facer algo», asegura, señalando que a partir de entonces «todo foi máis democrático».

Fundamental fue también el papel de padres y madres de alumnos. Carmen González Santórum fue una de ellas. «Queríamos trabajar por Ourense, no había siglas ni colores, solo hacer un frente común por el bien de la ciudad y por el futuro de nuestros hijos», recuerda, dando fe del respaldo que encontraron en todos los sectores. «Nos pateamos toda la ciudad hablando con todo el mundo», recuerda.

Tras aquella movilización la ciudad logró un recinto académico que se materializó un año después, en 1989, con la apertura del edificio de Hierro en terrenos cedidos por la Diputación. En 1990 nació la Universidad de Vigo, a la que se adhirió el campus.

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