El poder no domestica a Jácome

El alcalde de Ourense mantiene en el punto de mira a los funcionarios y preside el pleno con su estilo televisivo


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Gonzalo Pérez Jácome comenzó su carrera política en su televisión local, Auria TV, lanzando mensajes a través de Miñoman, «el súperheroe que lucha contra el caciquismo y la corrupción». Ahora que es alcalde de la tercera ciudad de Galicia ha moderado el tono e incluso su aspecto. Pero no quiere desembarazarse de su pasado. En pleno intenso como el de esta semana (el primero ya con contenido), Jácome dejó claro que mantiene su particular forma de entender las sesiones como un espectáculo televisivo. «Y ahora llega el esperado turno de Rodríguez Villarino», le espetó al portavoz socialista en su primera intervención. Alejado de formalismos, se mostró intervencionista al límite tomando el uso de la palabra después de cada discurso de la oposición. Eso sí, siempre pegado a su móvil desde el que da y recibe indicaciones.

Desde ese dispositivo, precisamente, el PSOE le acusó de amenazarles con quitarles el personal de confianza sino apoyaban su intención de compatibilizar la alcaldía con su actividad empresarial. Jácome no lo negó y optó por poner el ventilador. «Un funcionario suyo vino de rodillas a pedirnos que les diéramos más dedicaciones exclusivas», dijo el jefe de Democracia Ourensana desde el sillón de presidencia del pleno.

  

Con la corbata

Ahora se reúne con el obispo, acude a las procesiones e incluso se pone corbata en ocasiones especiales. Pero desde ahí, desde la alcaldía, Jácome mantiene su discurso en asuntos tan espinosos como sus clásicas críticas al funcionariado local. No se olvida, por ejemplo, de que Miñoman necesitaba cubrir varios formularios antes de salvar a quienes estaban en peligro. Era su forma de criticar la burocracia de la Administración. Y es que el regidor ourensano se define como un «microliberal».

«Yo no creo en el sistema funcionarial de una persona que aprueba una plaza para toda la vida, yo estoy en contra de eso. [...] Creo más en el sistema yankee de que yo llego aquí con mi personal, mi staff y luego me marcho», dijo esta semana para justificar el incremento de asesores políticos del Concello de Ourense hasta el máximo legal, duplicando el número de los que había hasta ahora.

Una de sus primeras medidas fue la de ordenar la puesta en marcha de un sistema de control horario para los trabajadores. Según dijo, en el Concello funcionaba una «mafia del escaqueo». Pero también ha hablado de otras, como de una «mafia policial». Sus enfrentamientos con el cuerpo son conocidos y en su primer día como alcalde fue multado por aparcar junto al Concello, supuestamente sin el permiso correspondiente.

Suma y sigue. Esta misma semana dictó una providencia para ordenar a los trabajadores que no se utilicen los coches del Ayuntamiento fuera de su horario de trabajo.

Sin embargo, pese a que mantiene esa particular obsesión en relación a la plantilla del Concello, Jácome sí ha modificado su discurso en relación a determinados asuntos. De considerar el plan de urbanismo que se cocina un campo minado de «pelotazos» a entender que solo necesita «ajustarse» antes de aprobarlo, tal y como quiere el PP.

No en vano, Jácome tiene una habilidad especial para decir una cosa y la contraria casi sin inmutarse. «Al pactar, hay que ceder en algunas cosas», repite como un mantra estos días. En definitiva, es alcalde gracias al apoyo del PP a cambio de mantener a José Manuel Baltar como presidente de la Diputación pese a que en campaña dijo que su intención era terminar con su «reinado». «Fuera caciques», proclamaba en la calle el robot que alquiló para la recta final de las municipales. Algunas cosas sí han cambiado desde entonces.

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