Morenín: «Ourense tiene tradición de fútbol sala»

Gonzalo Iglesias lleva veinte años como técnico de este deporte, para el que reivindica más apoyo


OURENSE / LA VOZ

Gonzalo Iglesias, Morenín, elige la fachada de Salesianos como su rincón en Ourense. En ese edificio y en su entorno están no solo los recuerdos de su infancia y de su etapa colegial durante doce años sino también el principio de su trayectoria deportiva como entrenador, primero de fútbol y después de fútbol sala. Y eso que el deporte que le gustaba practicar era el tenis. Estuvo federado y compitió en el grupo diez, «el de los malos», aclara, entre risas. Pero lo dejó, entre otros motivos, porque resultaba complicado trasladarse para entrenar. «No había tanto acceso a instalaciones deportivas, había que ir a Ramirás y a los quince años me cansé», explica. Mientras estudiaba en Salesianos, le gustaba el baloncesto. Todavía queda algún profesor de aquella época, como el padre Gonzalo, -«fue el que nos llevó de la mano a los pequeños cuando empezábamos el colegio», menciona- y al que aún ve cuando se acerca a llevar a su sobrino al colegio. De paso que lleva al niño, aún se tira unas canastas de vez en cuando, apunta.

Fue en el entorno de Salesianos y de la plaza Concepción Arenal. concretamente en la cafetería Maribor, donde surgió su primera oportunidad de entrenar. «Allí echaban la partida Romerito, Peluso, Teixidó, el Sueco. Yo lo había dejado con la novia y tenía tiempo y Romero me dijo que cogiera un equipo del CD Ourense. Empecé con el prebenjamín D», detalla. Fue Romerito además quien le puso el apodo con el que hoy le conoce todo el mundo, Morenín. «Me gustaba mucho el sol e ir a Cíes y venía negro. Ya había un Moreno en el club y a mí me puso Morenín», cuenta nuestro protagonista.

Y en Salesianos siguió discurriendo su vida después de la etapa de estudiante, pues allí fue donde entrenó durante siete años. Morenín señala que fue Jorge Regal quien le puso en la tesitura de decantarse por el fútbol o el fútbol sala y eligió este segundo deporte. «Me parece más divertido y que el entrenador tiene más peso en la toma de decisiones», argumenta. Aparte de ciertas comodidades, como el no mojarse en los partidos en aquellos campos de fútbol que entonces eran todos de tierra, ríe.

Empezó como ayudante de Nito Pereira y se hizo cargo del equipo de liga juvenil durante dos años. Entonces todavía lo combinaba con su trabajo en Afinsa y tras un año sabático sin entrenar, tuvo la llamada del Club Deportivo Ourense para la sección de fútbol sala feminino. «Fueron tres meses porque luego desapareció. Cogí el Puente y lo ascendí. Fue cuando empecé a pensar en vivir de lo que me gustaba hacer», manifiesta. Y así, desde entonces, tres años en el Ponte -hoy Ourense CF- dos en Poio, luego en el Azkar Lugo, en Francia, hasta veinte años seguidos entrenando. «No me quejo. Estoy en mi ciudad y hago lo que me gusta», subraya Morenín, aunque le gustaría ampliar experiencias en otros países y culturas. En Francia lo hizo y le gustaría algún día entrenar en Japón. Del país galo le quedaron amistades y conocer otro fútbol sala. También disfrutó del tenis, deporte del que se declara «un enfermo». Llega con el libro de biografía de Roger Federer. «Siempre veo Roland Garros y los tres últimos años que estuve en Francia fui a verlo; las tres veces ganó Nadal», especifica. «Me defiendo bien», dice sobre el tenis, pero ahora juega al pádel.

Del fútbol sala, Morenín destaca que es muy meritorio que Galicia tenga cuatro equipos en la máxima categoría del fútbol sala femenino. En Francia era una modalidad casi inexistente. «Lo bueno de Ourense es que tiene mucha tradición de fútbol sala», asegura. Lo malo, cree, es que faltan infraestruturas, buenas instalaciones para los deportes de sala. Y, por parte de la Federación de Fútbol, «más ayuda de la que hay, porque la distancia con el deporte rey, con el fútbol, es abismal». Con todo, observa que la nueva directiva de Rubiales está intentando hacer algo más que en la época de Villar. Y el fútbol sala femenino, sostiene, va teniendo más visibilidad que hace años.

«Lo más importante es el grupo. Tengo un cuerpo técnico que es un lujazo»

Como entrenador, Morenín ha tenido la oportunidad de entrenar a grandes jugadoras, como la internacional Bea Seijas, Vane Sotelo, Sara Moreno o Marta Figueiredo. Le hubiera gustado entrenar a Txitxo, del Elche, menciona. En su etapa con los niños del fútbol pasaron por sus manos buenos jugadores como Jordan o Rubén Arce, recuerda. Pero, más allá de las individualidades, Morenín defiende que, en este deporte, «lo más importante es el grupo, la experiencia para saber llevarlo y rodearse de un buen equipo. Aquí tengo un cuerpo técnico que es un lujazo».

En cuanto a su tiempo libre, a Morenín le gusta jugar a las cartas y al dominó -juego de mesa y de grupo que, lamenta, se está perdiendo por tanto uso de los móviles. También le gustan el cine y la música rock de los años noventa, de grupos como Nirvana o Pearl Jam. En Francia también apreció que no sonase el reguetón, que aquí lo invade todo, y en Toulouse tuvo oportunidad de ir a conciertos.

Ahora reside en O Couto, un barrio en el que se encuentra a gusto, aunque de pequeño se crio en la calle Progreso, entonces general Franco, junto a la farmacia Bouzo, un recinto al que acudía a jugar con permiso de su dueño, Alfonso, y del que recuerda el misterio que descubrió tras unas escaleras: la botica donde preparaban los medicamentos, lugar que le fascinó.

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